Ten cuidado, Evangelina...

3012 Palabras
Corro lo más rápido que puedo, entro en un armario de limpieza y cierro la puerta con cuidado. Me encojo en una esquina y cierro los ojos, puedo oír sus pasos en el pasillo y esa risa desquiciada. Respiro hondo, mi pecho sube y baja a toda velocidad, el sudor empapa mi rostro y creo que me he torcido el tobillo derecho en la persecución. Cubro mi boca con ambas manos, cerrando con fuerza los ojos y rogando para que nadie entre en el armario de limpieza. Escucho más pasos, me están buscando, sé que me están buscando, soy su objetivo después de todo, ellos me quieren dar caza. Abro los ojos, soltando un suspiro, los pasos se alejan. Mi única opción es bajar por las escaleras de emergencia al final del pasillo y resguardarme en la oficina para darle fin a esto. Vuelvo a respirar profundamente, debo de ser valiente ¿Qué clase de reine seré si no soy valiente en momentos como estos? Miro para un lado y luego para el otro, gateo fuera del armario, me paro lo más rápido que puedo y comienzo a correr con desesperación hacia la salida de emergencia. Bajo a toda velocidad los escalones, rezando para mis adentros para no tropezarme y caer. Esto es una locura, una muy grande locura, pero tengo que lograrlo, no me falta mucho, solo unos cuantos y habré terminado. Me lanzo contra la puerta de emergencia, intento empujarla, pero algo la bloquea. Maldigo por dentro, no es posible que una salida de emergencia esté bloqueada. Empujo con fuerza, la puerta cede, no está bloqueada, solo es muy pesada o yo muy debilucha. Me detengo, esa risa desquiciada retumba por todos lados. Abro al máximo los ojos, empujo con fuerza la puerta, los pasos se hacen presentes, mi corazón amenaza con salirse de mi pecho. Logro abrir la puerta y comienzo a correr, pensando en el chico del arete y cómo este se burlaría de mí en estos momentos para después salvarme. — ¡Ahí está! Grita una voz femenina. — ¡Ah! Grito, intentando correr más rápido. — ¡No podrás huir para siempre! — ¡Eres nuestra, princesita! — ¡Es tu fin, su Alteza! Abro la puerta de la oficina. — ¡Me rindo! — grito a todo pulmón — ¡Ah! — varias balas de pintura impactan contra mi espalda — ¡Ey! — Aish… — Ana Rose me mira por encima de sus gafas, Louis solo suelta una risita — Supongo que no naciste para la guerra — No señora… Contesto. — ¡Flan! Gritan los ancianitos. — ¡Flan! Bajo la mirada, me siento humillada. — Debemos dejar de hacer esto… — Ana Rose niega con la cabeza — ¿Cómo es que permitimos que un chiquillo de dieciséis años nos convenciera de hacer esta locura cada sábado? — Los ancianos se divierten, Anita Louis le dedica una sonrisa. — Ummm — la mujer frunce el entrecejo — Bien… — me dedica una mirada severa — ¿Tiene idea de lo que el azúcar le hace a esas personas? — No señora… — ¿Tiene idea de lo que cuesta tener que darle ración doble de postre a cada uno de los ancianos que viven en este acilo? — No señora… Retengo el aire. — ¿Tiene idea de cómo armamos el presupuesto mensual en este acilo? — No señora… — ¿Tiene usted alguna idea de cómo afecta su jueguito al presupuesto que Louis y yo armamos? — No señora… — Pues reflexione acerca de ello, señorita… — me atrevo a mirarla, ella me sigue mirando con severidad — Tal vez así intentarías ganar el juego y ahorrarnos el gasto… — Sí señora… — Ahora retírate, cámbiate la ropa, los ancianos han dibujado un arcoíris en tu espalda — me dedica una sonrisa, asiento con la cabeza — ¿Sabes por qué Derek no vino? — No señora… Ana Rose hace una mueca y luego asiente con la cabeza, me doy media vuelta y salgo de la oficina. Volvieron a regañarme, vaya forma de iniciar mi sábado. Comienzo a caminar por el pasillo en dirección a los baños. El sábado pasado, Derek decidió darles balas de pintura a los anciano, para que sea más divertido y colorido ¡Sus palabras, no las mías! Ahora soy la víctima de las consecuencias de esa mala idea. Entro en el baño, me quito la camiseta y me la cambio por otra que guardaba en mi bolso. Miro la mancha de colores, sonrío, estoy segura de que a Derek le hubiese dado gracia ver cómo los ancianos me disparaban. No mentí cuando le dije a Ana Rose que no sabía por qué Derek no vino el día de hoy, porque la verdad es que no tengo ni idea, solo me hago especulaciones. Quizá no vino porque se siente demasiado adolorido como para jugar a la guerra con un montón de ancianos armados con dolorosas balas de pintura… o quizá porque pasó toda la noche en una mazmorra secreta en alguna parte del bosque… sacudo la cabeza, alejo esos pensamientos de mí. Derek no me haría daño, él no me haría daño, no creo que él quiera hacerme daño, él no me odia, él quiere ser mi amigo… No obstante, es verdad una cosa, y es que quizá el Circulo Rojo sí sea peligroso, algo más que un grupo de adolescentes con ideas contrarias a cómo se maneja el país. Entonces… tal vez Derek sepa eso… tal vez él sepa que ellos son peligroso… tal vez él sepa que ellos están en el bosque y por eso siempre me advierte de él… tal vez esas trampas para oso sean para alejar no solo a los abusadores… Salgo del acilo de ancianos, le mando un mensaje a Lyn para recordarle de mi encuentro con Lorcan. Comienzo a caminar por el pequeño pueblo, muchas personas al verme me saludan y hacen leves reverencias. Contesto con pequeñas sonrisas y asentimientos de la cabeza, no puedo ser irrespetuosa con los pobladores de Bellcliff solo porque llevo prisa. Para mi buena suerte, el acantilado con la campana no está muy lejos del acilo y eso está bien, no quiero llegar sudada a mi encuentro con Lorcan. Respiro hondo por enésima vez en la última hora. Quizá no debería de estar tan ansiosa por verle; ese decir, después de todo lo que me he enterado, incluso hoy día, de cómo es Lorcan realmente, y de cómo me ha estado tratando en el último para de semanas, no debería de sentirme tan entusiasmada por verle… pero no puedo evitarlo… Realmente quiero reparar las cosas con él. Tal vez no podamos volver a ser los mismos mejores amigos de siempre, aunque no le veo razón alguna por la que esto no pueda ser, salvo el hecho que ahora tiene novia y que yo me he enterado de que es un abusivo. No quiero tapar el sol con un dedo, pero en serio estaría dispuesta a perdonar todas sus fechorías si me promete que no lo volverá a hacer y si volvemos a ser los mismos amigos de siempre. Quizá mi pensamiento es muy inocente, es más que obvio que estoy siendo extremadamente inocente, apuesto a que Derek me sacudiría con enojo y desespero por lo extremadamente inocente que estoy siendo. Apuesto a que Derek me diría algo como que debo de salir de mi mundo de Ponilandia y abrir los ojos. En el mundo real, Lorcan es una persona mala que le hizo cosas malas a una persona inocente y que no siente ningún remordimiento porque cree que Derek se lo merecía solo por no pertenecer a nuestra clase social, lo cual es una reverenda estupidez. Así que, si Lorcan es así en el mundo real, debería de querer tenerlo lejos de mí, no cerca, no intentar retenerlo a mi lado con un contrato solo porque siento que mi mundo se desmoronaría si no está él presente porque en mi mundo ideal de Ponilandia, él está ahí porque se supone que debe de estar ahí. Como una perfecta maqueta, Lorcan se supone que debe de estar ahí, pero no puedo forzarle a estar ahí si no quiere estarlo… — ¿Qué…? Frunzo el entrecejo, caminando hacia la campana. Ya hay alguien parado ahí, recostado contra el árbol de la campana en el risco. Un chico, un chico con el cabello castaño rubio cayendo sobre sus hombros, una camiseta negra porque al parecer le encanta vestir de ese color y un arete en la oreja izquierda. Mi corazón comienza a latir a toda velocidad y una sonrisa se forma en mi rostro. No puedo creer que haya venido, no puedo creer que esté de pie después de la paliza que le dieron, en serio me alegra verle de pie y bien, pese a la herida en su labio y la mejilla morada, pero está aquí y eso inexplicablemente me alegra. Corro los últimos metros hacia el árbol, el sol ilumina su rostro, su expresión melancólica y esa filosa quijada que tanto le gusta a Lyn. Llego hasta él, el chico se gira a verme, sus ojos cafés brillan y su expresión cambia a una de sorpresa. Abro y cierro la boca, quisiera decirle que extrañé jugar a la guerra con él porque los ancianos me derrotaron de forma humillante, quisiera preguntarle si el enorme moretón del abdomen aún le duele y si llegó a ir al doctor o algo por el estilo para descartar alguna posible hemorragia interna. Quisiera decirle tantas cosas, pero por alguna extraña razón, las palabras simplemente no salen de mi boca… — Niñata… — frunce el entrecejo — ¿Esperas a alguien? — Ah… eh… sí… — contesto finalmente — Estoy esperando a alguien — Oh… — asiente con la cabeza, su cabello cae desordenado hasta sus hombros — ¿Tus amigas? — No… Nos miramos fijamente. — Oh… ya entendí… — mira a otro lado — Que bueno que se estén llevando mejor el psicópata ese y tú… — extiende su mano hacia la campana — Lo suficiente como para que se citen en este lugar — No la toques… — le detengo — ¿No sabes de la maldición? — Derek suelta una risita — Y no es una cita… solo hablaremos… no sé de qué… pero quiere que nos veamos aquí — Quizá quiera lanzarte por el acantilado — bromea — Así sus problemas se acabarían — Él no me haría daño — aseguro, Derek solo suelta un bufido — Deja esa campana — ¿Asustada, niñata? Toma la cuerda de la campana. — No… sí… — Derek hace sonar la campana — Basta… — Es solo una campana — ¿No has escuchado la historia? — me cruzo de brazos — Ahora estás maldito — Que miedo, no vaya a ser que me suceda algo malo — suelta con total sarcasmo — Oh… espera… ya me sucedió, el amigo de tu no novio me molió a golpes anoche — Basta… — nos volvemos a mirar — Si estás enojado ¡Bien! — exclamo, el chico del arete vuelve a reír — Tienes todo el derecho de enojarte, pero no te las desquites conmigo — el chico del arete me mira — Yo no te hice nada, solo intenté ayudarte… — Perdón… — le miro, sorprendida — No es mi intención desquitarme contigo, es solo que… — ¿Qué…? Pregunto. — No soporto a ese imbécil, ni a sus hermanos, ni a ninguno de los miembros de la residencial Charles Dickens… — respira hondo — Todos son unos imbéciles con dinero que creen que pueden tratar como basura a todo aquel que consideren inferior — me mira — ¡Y tú los defiendes! Inconscientemente lo haces y es porque tú también eres igual, eres solo una niñata que no sabe lo que es romperse la espalda trabajando para poder llevar comida a la casa — no aparto la mirada — Tú y todos los imbéciles que estudian en ese estúpido colegio de niños ricos, ninguno de ustedes sabe cómo es el mundo real, ninguno, solo se sientan a esperar a que el dinero de mami y papi les solucione la vida, mientras pueden azotar a unos cuantos esclavos — sigue despotricando — ¡Maldición! ¡Fui a la dirección a quejarme por lo que Andreas hizo! ¡Y la idiota de la directora me dijo que llamaría a los padres de este! ¡A sus padres! ¡Ya sé cómo acaba esto! ¡He pasado toda mi vida viendo esta misma historia una y otra vez! — se presiona la mano contra el pecho, esbozando una expresión de dolor — ¿Sabes cuántas veces me quejé sobre ellos? ¿Sabes cuántas veces les acusé de las cosas que le hacían a mi padre o a mí? ¿Sabes cuántos castigos recibieron? — niego con la cabeza — Uno y fue limpiar la escuela entera, luego me golpearon por haber hecho que les castiguen… — Derek… — No lo entiendes… no lo entiendes… tú no lo has vivido y sé que no es tu culpa y que lo único que intentas es ayudar y te agradezco que me escuches, pero… — respira hondo — Nunca podrás entenderme… — Pero puedo intentarlo, permíteme intentarlo — doy un paso hacia él — Puedo ayudarte, protegerte, quiero hacerlo — nos miramos fijamente — No tienes por qué cargar tu solo con ese dolor… puedo ayudarte a sostenerlo… podemos sostenerlo juntos… — sus ojos cafés tienen un brillo singular — Quiero ayudarte… déjame ayudarte… — ¿Por qué…? — pregunta quedamente — ¿Cuál es tu obsesión conmigo? — niega con la cabeza — No nos conocemos lo suficiente ¿Por qué querrías ayudarme? — Porque sé que lo que te hacen está mal ¿No basta con eso? — En serio eres rara… — sonrío — Gracias… — De nada… Le miro, luego a su labio partido y de ahí al lunar en su cuello. — Niñata… — ¿Qué…? Pregunto, pero no logro decir nada más, Derek Ravenswood me abraza con fuerza. — ¿Interrumpo? Me separo de Derek, Lorcan está parado delante de nosotros. — No, por supuesto que no… Me alejo un paso de Derek. — No, no interrumpías… — secunda Derek, volviendo a su rostro de seriedad extrema con la que siempre anda — Nos vemos, niñata… — Sí… El chico del arete me mira una última vez, suelta un suspiro y entonces se va. — Veo que eres muy cercana de Derek Ravenswood… Dice Lorcan, mirándome con una ceja alzada. — ¿Ese es un problema para ti? — No, la verdad que no… — contesta — La anterior vez te vi en su espalda, ahora te veo abrazándolo… — se encoge de hombros — Supongo que te importó muy poco mis advertencias — Creo que se te olvidó decir que le agredías… — Lorcan suelta una risita burlona — ¿Por qué lo haces? Derek es una persona, merece respeto como tú, no eres mejor que él en ningún sentido — ¿Crees que él es mejor que yo? — No creo que ninguno sea mejor que el otro, pero definitivamente no eres superior a él — ¿Eso crees…? — se inclina hacia adelante, mi corazón comienza a latir a toda velocidad — ¿Qué te ha pasado, Evangelina? — Basta… — pido — ¿De qué querías hablar conmigo? — Tus padres llamaron a los míos — ¿Qué…? — Sobre lo que les contaste, acerca de lo que Magnus le hizo al infeliz de Oscar y de cómo se creo la tradición del Charles Dickens — Es obvio que les contaría ¡Lo que haces está mal y me desespera que no lo veas así! — ¡Sí lo veo mal! — abro al máximo los ojos — ¡Pero lo seguiré haciendo! — ¡¿Por qué?! — ¡Porque no quiero seguir amarrado a este contrato! — me toma por los hombros — Tus padres le dijeron a los míos que debían de controlarme o no continuaríamos con el acuerdo y mis padres sacaron a relucir la cláusula de daños y perjuicios… — Oh… Algo en mi pecho comienza a doler. — Evangelina, por favor, te lo suplico, ayúdame a romper este acuerdo — Sabes que mi familia tiene mucho más que perder que la tuya… Le miro, con lágrimas en los ojos. — Evangelina, eres mi mejor amiga, en serio lo eres, sabes que te quiero mucho — el dolor en mi pecho aumenta — Pero por favor, no me hagas esto… — ¿Tanto te importa esa chica…? Le miro, con los ojos nublados por las lágrimas. — Más de lo que te imaginas… — las lágrimas comienzan a caer — Por favor… — ¿Solo atacas a Derek porque quieres que dejen de considerarte como prospecto para consorte? — Sí… — Bien, lo haré… — respiro hondo — Hablaré con mis padres, pero no prometo nada… — ¿En serio? — asiento con la cabeza — Gracias… — me suelta — En serio, gracias… — me da un corto abrazo, me estremezco — Muchas gracias… — Pero deja en paz a Derek, por favor… — En la medida que tú cumplas con tu parte… Otra vez el dolor en el pecho. — No puedo creer que estés haciendo todo esto por una chica… — ¿Tú no harías lo que sea por alguien a quien quieres? Nos miramos fijamente. — No lo sé… — Y otra cosa… — ¿Qué…? Pregunto, mirando hacia la campana que cuelga del árbol. — Ten cuidado… ¿De acuerdo? — ¿Con qué? — Solo ten cuidado… — ¿Ten cuidado… con el Círculo Rojo? Lorcan abre al máximo los ojos. — Ten cuidado… — acerca su rostro al mío — Mucho cuidado… — ¿Ellos me quieren hacer daño…? — Ten cuidado, Evangelina… — contesta — Ellos tienen ojos en todas partes…
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