Cállate y duérmete

2447 Palabras
— ¿No puedes dormir…? Pregunta Lyn en un susurro. — No… Contesto, he estado mirando el techo por un buen rato. — Pues inténtalo… — Lyn suelta un largo bostezo, enredándose en las sábanas — Mañana tenemos clases… — Ya es mañana… Señalo, viendo mi reloj. Lyn suelta un ronquido, suelto un suspiro. Miro el techo por unos segundos más, lanzo las sábanas a un lado, me calzo las pantuflas, tomo mi bata, cojo mi bolso con los recipientes de comida y salgo de mi habitación. Soy consciente de que estoy cometiendo una locura, pero no puedo más con la incertidumbre, quiero saber, necesito saber. Llego al primer piso, no hay nadie vigilando la puerta de la residencia Virginia Woolf, a estas horas ya deben de estar rondando los guardias para vigilar que los alumnos no entren en el bosque o salgan de sus residencias. Salgo de la residencia, comienzo a correr en dirección al bosque, lo más rápido que puedo. Una de mis pantuflas se sale de mi pie, no me importa, tengo que resguardarme de los guardias. Sigo corriendo, lo que estoy haciendo es una locura, pero no me importa. Llego al bosque, me adentro en él. Comienzo a caminar con cuidado para no tropezar con las raíces, me estoy empezando a sentir nerviosa, pero debo de ser valiente. Mi corazón late a toda velocidad, no estoy segura de poder encontrar el cobertizo de Derek sin su ayuda, pero tengo una idea de cómo guiarme. Miro en dirección al castillo, aun soy capaz de distinguir las luces. Comienzo a caminar en paralelo al castillo. Cuando me peleé con mis amigas y pasaba todo el día con Derek, después de que su turno en la Tetera de Emily, siempre cogíamos la misma ruta para ir a su cobertizo, así que más o menos tengo una idea de cómo llegar. Logro divisar el campo de tiro, me felicito mentalmente y entonces miro hacia el interior del bosque, el oscuro interior de un bosque donde hay animales que cazan de noche… Respiro hondo, comienzo a caminar, alumbrándome apenas con mi teléfono. No sé qué me da más miedo, la posibilidad de ser asesinada por unos animales o que algún m*****o del Círculo Rojo aparezca y me coloque una bolsa de tela sobre la cabeza para dejarme inconsciente. Sigo caminando, sé que, si sigo en línea recta, eventualmente encontraré el cobertizo de Derek. Tropiezo con una raíz, caigo al suelo, tomo rápidamente mi teléfono y comienzo a caminar, agudizando el oído por si escucho algún ruido. Los graznidos y ululares de las aves nocturnas me hacen sobresaltar, como si estuviesen alertándole a los demás animales de mi presencia. Respiro hondo, no debo de ponerme nerviosa, debo de ser valiente, tengo que hacer esto. Piso una rama, pego otro salto, mis ojos se llenan de lágrimas por el miedo que tengo. Sigo caminando, las hojas crujen debajo de mis pies, me detengo, me aovillo en el suelo y suelto un quejido, lo que estoy haciendo es estúpido y peligroso, no debería de seguir, debería de volver, debería de estar en mi cama intentando dormir porque mañana tenemos clases, mañana tenemos matemáticas a primera hora. Cierro los ojos, absolutamente nada está saliendo como quería. En verdad esperaba que mi estadía en esta escuela fuese perfecta, pero apenas voy un poco más de un mes y nada está siendo perfecto. En vez de ello, sigo lamentándome por haber perdido a mi mejor amigo y ahora por haber cometido la estupidez de entrar en el bosque solo porque necesito saber si un chico al que apenas y conozco, es parte de un grupo que quizá quiera hacerme daño. Ni siquiera sé si realmente quieran hacerme daño, pero tanto él como Lorcan me han advertido que no esté en el busque de noche, algo que acabo de hacer porque son una estúpida niñata que cree que puede solucionarlo todo con la magia de Ponilandia… abro los ojos… escucho las hojas crujir… me cubro la boca con una mano… más hojas crujen… estoy siendo acechada… intento levantarme del suelo con cuidado… los sonidos se acercan… estoy rodeada… poso mis dos manos sobre el suelo… una rama se parte… comienzo a correr a toda velocidad… — ¡Derek! — comienzo a gritar — ¡Derek! — no me atrevo a mirar hacia atrás, no quiero saber si es un animal o el círculo rojo — ¡Derek! — diviso el cobertizo — ¡Derek! — saco mi teléfono, comienzo a alumbrar el suelo — ¡Derek! — doy un salto hacia adelante — ¡Derek! — miro a todos lados, no logro divisar las otras trampas — ¡Derek! — grito aún más fuerte, dando otro salto — ¡Ah! — me tambaleo — ¡Derek! ¡Derek! — ¡¿Niñata?! — el chico, en pijama, aparece — ¡¿Qué carajos haces?! — ¡Ayúdame! Grito con desespero. — Ah… mierda… Le pega un puñetazo a la puerta, luego comienza a saltar con destreza de un lado a otro. — ¡Ah! Vuelvo a gritar, tambaleándome hacia atrás. — ¡Cuidado! — Derek me sostiene con fuerza por la cintura — ¡¿Qué carajos haces aquí?! — ¡Te traje la cena! Lloriqueo. — ¡¿Estás loca?! — grita — ¡¿Traes comida a un bosque lleno de lobos y osos?! — me da la espalda, me trepo en él — ¡Es que en serio eres estúpida! — ¡Ya! ¡No me grites! — sigo lloriqueando — ¡Llévame adentro! — ¡Idiota! ¡Eres una gran idiota! — sigue despotricando, saltando de regreso — ¡Eres una gran idiota! ¡Idiota! — Ya… — me bajo de su espalda — ¿Por qué eres malo conmigo? — No estoy siendo malo ¡Estoy reaccionando ante tu estupidez! — ¡Ya! — le doy un empujón — ¡Te dije que dejes de gritarme! — ¡No deberías de estar aquí! — ¡Es que necesitaba verte! — ¡¿Por qué?! — el chico se lleva las manos a la cabeza — ¡¿Cuál es tu maldita obsesión conmigo?! — me toma por los hombros — ¡Déjame en paz! ¡Déjame tranquilo! ¡No te me acerques! — ¡¿Por qué me dices esto?! — ¡Porque no te quiero cerca! — ¡¿Por qué?! — las lágrimas caen a borbotones por mis ojos — ¡¿Qué te hice ahora?! ¡¿Por qué de pronto me tratas así?! ¡En clases estábamos bien y de pronto comenzaste a comportarte con un lunático! — el chico no contesta — ¡Dijiste que no ibas a hacerme elegir entre Lorcan y tú! ¡Y no quiero ser amiga de Lorcan! — me mira — ¡Así que deja de comportarte así conmigo porque al final a quien terminé eligiendo es a ti! ¡Y deja de gritarme que casi me come un monstruo del bosque por venir a traerte la cena! — el chico del arete suelta una risita — ¡Ahora siéntate, come lo que te he traído y trátame bonito! — De acuerdo, solo deja de gritar como histérica… — se sienta en el borde de su cama y toma uno de los recipientes de comida — Esto tiene buena pinta — Y sabe delicioso… Me cruzo de brazos. — ¿En serio entraste en el bosque en la madrugada para traerme la cena? — Sí… Contesto, no es del todo una mentira. — Tú sí que estás loca… — Calla… El chico suelta otra risita. — Gracias… — se lleva una gran cucharada a la boca — Me había quedado dormido sin cenar — ¿Por qué? — Después del trabajo vine directamente aquí… — ¿Por qué? — Necesitaba desahogarme… — ¿Y cómo lo hiciste? Nos miramos fijamente. — Pintando… Contesta. — ¿Pintaste un cuadro? Miro alrededor, hay varios lienzos con cuadros preciosos. — Sí… — ¿Puedo ver? Camino hacia cualquiera de ellos. — No… es decir… aún no está terminado… — Oh… — miro hacia una esquina con un lienzo sobre un caballete — ¿Es ese…? — No, Evangelina, no… Me acerco al cuadro, abro al máximo los ojos. — Wow… — Sí… yo… eh… — Es… hermoso… Le miro, el chico está parado detrás de mí, con las mejillas sonrojadas. — ¿En serio? Vuelvo a mirar el cuadro, es mi rostro… — Sí… — Es… es la expresión que pones cuando te pierdes en tus pensamientos… — explica — Es el rostro que pones cuando te pierdes en Ponilandia… — Es… muy bonito… — nos volvemos a mirar — ¿Por qué necesitabas desahogarte? — Es que… no sé… — susurra — De pronto… me sentía enojado… — ¿Por qué…? — Porque… — abre y cierra la boca — No sé… creo que solo estoy… confundido… — ¿Confundido…? — miro su rostro, apenas iluminado por la tenue luz — ¿Confundido de qué…? — De… — sus ojos cafés tienen un brillo singular, mi corazón comenzó a latir a toda velocidad — Niñata… yo… — Derek… Me acerco a él… — Niñata… Él también se acerca a mí, mi corazón late a toda velocidad, no sé qué estoy haciendo. — Necesito preguntarte algo… Derek se detiene abruptamente. — ¿Qué cosa? Me mira con el entrecejo fruncido. — Es sobre… El Círculo Rojo… — ¿Qué quieres saber sobre eso? — Tú… ¿Sabes quiénes son? — ¿Qué…? — me mira con confusión — ¿Por qué sabría quiénes son? — ¿Sabes si pretenden algo malo? ¿Sabes qué es lo que quieren? ¿Sabes por qué hacen todo esto? — ¡¿Por qué sabría esas cosas?! — ¿Sabes dónde se reúnen? — ¡Deja de preguntarme! — me quedo callada — ¿Por qué me sigues preguntando? — me mira con enojo — Te estoy diciendo que no tengo ni la más mínima idea de quienes forman el Círculo Rojo y mucho menos sé qué es lo pretenden, solo sé que deberías de tener cuidado — ¿Y cómo es que sí sabes eso? — ¡Porque ellos están en contra de personas como tú! — ¿Pero no sabes algo más al respecto? — ¡¿Cómo mierda voy a saber algo más al respecto?! ¡¿A caso soy m*****o del Círculo Rojo?! — no contesto, él solo me mira — No puede ser… — Derek… Él estira una mano, me detengo. — Crees que soy parte del Círculo Rojo… — me mira con enojo — ¡En serio crees que soy parte de ese grupo! — Derek… yo… — ¿A caso crees que quiero hacerte daño…? — se me acerca, retrocedo — Por eso viniste ¿Verdad? — No… yo… es que… ¡Necesitaba confirmarlo! — ¡¿Confirmar qué?! — ¡Si eras m*****o del círculo o no! — ¡Si quisiera hacerte daño, ya lo hubiera hecho! Su rostro está muy cerca del mío. — Yo… — A pesar de todas las veces que he estado ahí para ti… — se vuelve a alejar de mí — A pesar de que te conté muchas cosas sobre mí, que te hice ver quién es el verdadero psicópata aquí… — mi estómago se encoge — Soy yo a quien temes… — No te temo… solo quería saber porque… — ¡¿Por qué?! — ¡¿Por qué no quiero perderte a ti también?! Mis ojos comienzan a derramar lágrimas. — Yo no soy nada tuyo… — contesta, siento una punzada en el pecho — Ahora vete… — Pero… — ¡Largo! — Derek… El chico del arete solo me mira. — Puedes dormir en mi cama… — toma una almohada y una manta — Yo dormiré en el suelo… No dice nada más, apaga la luz y lanza sus cosas al piso. — Derek… Me arrodillo a su lado. — Aléjate de mí, Evangelina… — Perdón… no quise ofenderte… — No me ofendiste — me mira — Solo me decepcionaste, lo cual es mucho peor… — Perdón… — Es que… no lo entiendo… ¿Por qué soy el malo? — No eres el malo, no dije que fueras el malo — No, solo creíste que pertenezco a una secta que quiere acabar con todo ese idiotas con los que estudiamos — suelta una risita sarcástica — Pero te vas a casar con el imbécil que me apuñaló y participó en los sádicos juegos de cacería de sus hermanos… — la presión en mi pecho vuelve — Tiene todo el sentido del mudo… — Derek… — Eres increíble… increíblemente estúpida y cruel, Evangelina… — ¿Por qué me dices esto? — ¡Porque he estado ahí para ti cuando ni siquiera quería estarlo en un inicio! — se endereza — Pero me forzaste a ser tu amigo, me acosaste hasta el cansancio para meterte en mi vida y ahora me apuñalas por la espalda… que gran persona eres… — No fue mi intensión, ni siquiera sabía que te estaba haciendo daño — Eso es lo peor contigo, que no tienes ni idea de que estás haciendo las cosas mal hasta que todo te explota en la cara… — Perdón… — Da igual, solo cállate y duerme… — Derek… — ¡¿Qué…?! Me lanzo sobre él, abrazándolo. — Perdóname… — me separo unos centímetros de él — Por favor… — ¿Cuál es tu obsesión conmigo…? — vuelve a preguntar — ¿Por qué siempre intentar que me quede a tu lado…? — No lo sé… — Pues intenta averiguarlo, porque en serio desespera… — se separa de mí — Ahora duérmete, mañana hay clases… — Está bien… Me levanto del suelo y subo a su cama. —Buenas noches… — Buenas noches… — susurro — ¿No te incomoda dormir en el piso? — No tengo de otra… ya cállate y duérmete… — Puedes dormir aquí… — sugiero — Es tu cama… — ¿Y tú en el piso? — Puedo intentarlo — Sí claro, solo cállate y duérmete… — Pero… — ¡j***r! — se levanta del suelo — ¡Solo cállate y duérmete! — mis ojos se vuelven a llenar de lágrimas — Me desesperas, me irritas, me alteras… — lanza su almohada contra la cama — Hazte a un lado — Sí… Me hago a un lado de la cama. — ¿Ahora sí te puedes callar y dormir? Pregunta, recostándose a mi lado. — Sí… supongo… perdón… — Evangelina… — ¿Qué…? — Cállate y duérmete…
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