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1445 Palabras
Caesar Hertford Subo hasta sus labios antes de hacer cualquier cosa, la beso pero está vez con calma y dulzura, se siente más confiada, sus manos se mueven hasta mi cuello y las coloca alrededor, se aferra a mi cuerpo. — Si no me lo pides ahora no creo que pueda detenerme más adelante. — Le advierto. — No te detengas ni aunque te lo pida. Beso sus labios una última vez y comienzo a bajar por su cuerpo hasta sus pechos, después de esto estoy seguro de que nunca más la veré cómo una hermana, no después de haber probado su cuerpo, lamo alrededor antes de llegar a su pezón, la beso, y doy pequeños mordiscos, quiero que su primera vez sea inolvidable, quiero que disfrute cada segundo, cada caricia, el problema es que; también es mi primera vez, nunca antes tuve interés por alguna mujer, estaba seguro de que no era gay, pero nunca tuve interés ni tiempo de estar con nadie y todo se debía a ella, siempre puse la excusa de que tenía que cuidarla, ahora me doy cuenta de que la verdad era otra, la unica mujer que me interesaba es Alessia. Paso la punta de mi lengua sobre su duro pezón y se estremece, la piel de todo su cuerpo se eriza y la escucho ahogar un gemido. Una vez que se acostumbra a la sensación me llevo su pecho a la boca y lo chupo con más fuerza, se retuerce sobre la diminuta cama, los chupo hasta dejarlos enrojecidos, lamo para apaciguar el dolor y comienzo a bajar hasta llegar al elástico de su pijama, tomo el borde y la bajo por sus piernas junto con su bragas, está completamente desnuda, con la palma de mi mano la empujó sobre la cama hasta que queda recostada sobre su espalda, tomo una de sus piernas, la beso desde la pantorrilla hasta su entrepierna y después la otra, quiero disfrutar cada centímetro de su pie, solo hay una parte que deseo probar más que nada. Tiene una ligera capa de vello, me gusta su inocencia, su pureza. Muchos hombres se preocupan por ser el primero en la vida de una mujer, yo quiero ser ambos, quiero ser el único en la vida de Alessia. Separo sus piernas y meto mi rostro entre ellas, con mis dedos abro sus pliegues, puedo ver lo húmeda que está, paso mi lengua por su clítoris y saboreo su cuerpo, un gemido escapa de su boca, conforme muevo mi lengua sobre su v****a los gemidos escapan y se hacen imposible contenerlos, mueve sus caderas incesante sobre mi rostro, necesito prepararla lo suficiente para que me reciba y no lastimarla, introduzco lentamente mi dedo en su interior mientras sigo lamiendo, necesito que se concentre en el placer y no en el dolor. Aprieta sus piernas al sentir mi dedo entrar. — Está bien, lo moverme suavemente. — Lo muevo adentro y afuera hasta que se acostumbra a la sensación. Introduzco un dedo más, está vez entra con más facilidad, los muevo con más fuerza, la dejo controlar la situación, lleva el ritmo con el movimiento de sus caderas, sus manos se enredan en mi cabello, lo jala y aprieta las piernas, su espalda se arquea una última vez antes de desvanecerse sobre la cama. Saco los dedos de su interior y me acerco para besarla, me retiro solo para sacarme la camisa, abro mi pantalón y libero mi erección. Carajo, no tengo un maldito condón, no esperaba que esto pasara. Soy un maldito imbécil imprudente por no detenerme a pesar de eso. Me recuesto sobre ella apoyado sobre mis codos. — Lo voy a poner ahora, ¿está bien? Asiente y se abraza a mi cuerpo con fuerza. Con una mano tomo mi pene y lo acomodo en su entrada, empujó la cadera lentamente, siento como sus dientes se clavan en mi hombro pero no me pide que me detenga, empujó una vez más y finalmente estoy dentro de ella. La abrazo y me giro con ella cambiando de posición, ahora ella está arriba, de esta forma puede moverse a su ritmo sin lastimarse, tomo sus manos y las coloco sobre mi pecho, coloco las mías sobre sus caderas insitandola a moverse. Comienza a menearse lentamente, poco a poco va aumentando la intensidad de sus movimietos. Necesito mantenerme concentrado, no puedo terminar dentro de ella, no soy tan irresponsable, una vez que la veo más cómoda, nos regreso a la misma posición, acomodo sus piernas a mi alrededor y empujó mis caderas con fuerza, sus manos se aprietan sobre la cama, sus gemidos se vuelven más fuertes, la embistió una y otra vez, no quiero forzarla, es su primera vez y quiero que Se sienta cómoda, aceleró mis movimientos cuando veo que está a punto de alcanzar su segundo orgasmo, llevo mi pulgar a su clítoris y lo froto para aumentar su placer, está vez parece disfrútalo mucho más conmigo en su interior, me muevo hasta que sus gemidos cesan, saco mi pene y me masturbo hasta terminar sobre su abdomen. Tomo un par de pañuelos de su buró y la ayudo a limpiarse, pero no la dejo vestirse, me recuesto a su lado y la atraigo a mi pecho. — Puedo escuchar esa cabecita tuya. — se todo lo que debe de estar pasando por su mente ahora mismo. — Nunca....... — Unos golpes en la puerta la interrumpen. — Melissa — Repetimos a la vez. Me levanto de la cama de un salto buscando la ropa por toda la habitación pero no soy lo suficientemente rápido, la puerta se abre y los padres de Alessia juntos con los míos aparecen, todos nos observan analizando la situación, es claro lo que pasó aquí, estoy sin camisa, con el pantalón desabrochado y el cabello revuelto, mientras que Alessia está desnuda cubierta solo por una ligera manta. El primero en entrar es el tío Ethan, aparta la mirada de Alessia y va directamente hacia mi, esperaba un golpe pero en lugar de eso toma la camisa que yo no pude encontrar y la lanza a mi pecho, a empujones me saca de la habitación sin poder dar una explicación. — No quiero volver a verte cerca de mi familia, te aseguro que no seré tan bueno la próxima vez. Mamá está llorando y papá está furioso al grado de casi querer golpearme. — Mike, no hagas nada de lo que te puedas arrepentir. — Pide mamá para intentar calmarlo. — Y tu, explicamos que es lo que sucedió. — Nunca la había escuchado hablarme en un tono tan fuerte. — Es claro lo que sucedió y no me arrepiento. Siento como mi mejilla se calienta al recibir una cachetada de mi padre, aprieto los dientes molesto pero no respondo. — Michael. — Grita mi madre sorprendida. — Déjanos solos. — pide mi padre. Mi madre se aleja dudosa, mientras mi padre abre la puerta de mi habitación para que podamos entrar. — Sal un momento. — Pide a Ray quien obedece de inmediato. — Te salve de la expulsión, te salve de la cárcel ¿y así es como me pagas?— Grita mi padre furioso. — Empaca tus cosas, nos vamos de aquí. — Ordena. — Estás bromeando ¿no? — ¿Te parece que estoy bromeando? empaca ahora o nos vamos y me importa una mierda lo que dejes aquí. De mal humor lanzo una maleta sobre la cama y comienzo a arrojar cosas en el interior, necesito hablar con ella, no puedo irme solo así. — Suficiente, nos vamos. — Aún no termine de empacar. — ¿Crees que no se lo que estás haciendo? esperando el momento para ir a hablar con ella, no volverás a estar cerca de ella, entiéndelo, asume tus errores, no entiendo cómo fuiste capaz de hacer algo así. — No fue un maldito error. — ¿La amas? Quería responder que si, quería gritarlo pero nada hubiera cambiado si lo hacía, tome la maleta y salí de la habitación, no hubo tiempo de explicaciones, solo una fugaz despedida de mi amigo que aún esperaba fuera de la habitación. Pase por su puerta sin siquiera poder ver cómo estaba, sin poder decirle adiós. — ¿Monstruo? — Llama Melissa afligida al verme pasar con mis maletas en mano. — Prométeme que se van a cuidar, volveré, lo prometo. — Dejo caer la maleta al piso y le doy un abrazo seguido de un beso en la frente. — Dile que me perdone. — Susurro a su oído sin más explicaciones. — Adiós monstruo. — finalmente me alejo de ella.
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