SAL Sé que Gia ve la lujuria en mis ojos. Puedo notar el instante exacto en que le recorre las venas, inundando su sistema con adrenalina y hormonas que hacen que sus labios carnosos se entreabran y que su mirada se vuelva vidriosa. —Sal… Doy un paso al frente y la sujeto por los codos. Está demasiado cerca de mí. Puedo distinguir cada una de sus pestañas contra sus mejillas cuando sus párpados se cierran con un leve parpadeo, y ver los destellos dorados en sus ojos castaños oscuros. Es tan jodidamente hermosa que duele. —¿Qué pasa, Gia? —Estás muy cerca de mí. Lo dice mientras se inclina aún más, con la mirada fija en mis labios. Puedo sentir prácticamente cómo tiembla bajo mis manos, y esa sensación solo aviva más mi excitación. Asiento. —Parece que eres tú quien nos está acer

