Marisol Catalina extiende la mano y toma la mía. —Crecí con tres hermanos. No sabes lo feliz que me hace tener otra cuñada. —Yo no puedo… eh… —me detengo. Gia y Catalina me miran expectantes. Suspiro. —Es más complicado que eso. —¿Cómo así? —pregunta Catalina, inclinando la cabeza. El calor me sube a las mejillas. —Bueno… Dino… Dino y yo… —Sabemos que son sus hijos. De los dos. No tienes que ocultarlo —dice Gia con suavidad. Respiro hondo. Claro. —Supongo que debería contar la historia —o al menos una parte. Es un poco vergonzosa. Esa es la única razón por la que no me gusta compartirla. —Mi padre… bueno. Deben saber que mi padre tiene muchas conexiones. Y muchos hijos. Por alguna razón está muy obsesionado conmigo y con uno de mis medio hermanos. En ese entonces, estaba inte

