MARISOL Dino toma el control. Se inclina hacia adelante, encajándose en mi entrada. Doy un respingo ante la intrusión. —Cielo santo, Dino. Estás... —Vas a aceptarme, Marisol. Vas a aceptarme jodidamente bien —murmura—. Ya lo hiciste una vez, nena. Puedes hacerlo de nuevo. Vaya. Quiero decir, vaya. Lentamente, Dino se empuja dentro de mí. No importa que estemos sobre el colchón más delgado conocido por el hombre... bien podría estar en un hotel de cinco estrellas, por lo reverente y cuidadosamente que me trata. Con sus manos trazando mi piel con delicadeza, se mueve de forma tan lenta e intencionada que doy un suspiro ante el primer y delicioso estiramiento. Mis ojos se ponen en blanco ante la sensación de ser llenada por él. Una de sus manos sube para masajear mi pecho, apretando lige

