DINO No podemos quedarnos aquí para siempre. Por mucho que me encantaría mantener a Marisol aquí, seca, caliente y completamente aislada del mundo exterior, sé que tenemos que movernos. La lluvia sigue cayendo, y en cualquier momento el suelo de tierra va a empezar a supurar, o el lodo bajará por la montaña y nos llevará con él. Pero, ¿la imagen de ella desmayándose? Eso es algo que me mantiene pegado justo aquí, donde puedo verla y aferrarme a ella. Donde puedo saber que está a salvo y que no se va a desplomar en medio de la puta selva otra vez. El recuerdo de eso me provoca otro escalofrío, y la estrecho más contra mí. Ambos estamos tumbados en el catre que ya estaba en la pequeña cabaña cuando llegamos. Es diminuto, estrecho, y la mitad de mi cuerpo queda colgando por fuera, pero

