SAL Supongo que unas obras pueden surgir en una hora. Giro, siguiendo el desvío. Siete minutos después, vuelvo a fruncir el ceño. Algo no está bien. —Sal… algo se siente raro —murmura Gia. —Lo sé. Giramos de nuevo. Me detengo y saco el teléfono, dispuesto a buscar otra ruta, cuando un frío me recorre la columna vertebral. Alzo la vista… Justo a tiempo para ver cómo el parabrisas estalla. —¡Agáchate! —le grito a Gia. Ella obedece. Una lluvia de disparos golpea las ventanas, haciéndolas añicos. El vidrio cae sobre nosotros y trato de cubrir a Gia con mi cuerpo. —¡Tenemos que salir de aquí! —grito. Gia no responde, pero escucho el clic del cinturón de seguridad. Tenemos que esperar a que recarguen. No están disparando para matar. Por alguna razón, disparan para intimidar, porqu

