Finalmente llegó el día. La Gala de Invierno era hoy. No pude evitar sentirme ansiosa, pero no era el miedo paralizante de una principiante; era esa sed eléctrica que sientes cuando sabes que has creado algo capaz de impresionar al mundo. Era el hambre de aplausos, el deseo de ser vista. El evento se celebraba en el auditorio principal, un coliseo de luces y terciopelo. Por los pasillos se cruzaban grandes actores, músicos de renombre y las élites de California. El aire olía a perfume caro y a una competencia tan feroz que se podía cortar con un cuchillo. Caminé por los salones adyacentes hasta encontrar el nuestro. Los nombres estaban dispuestos según el orden de salida. Para nuestra suerte, nos tocaba abrir el telón. Éramos el número uno. Al entrar, me encontré con Finn y Sylvee. El i

