NARRADOR El fuego se levantaba a una altura superior de cinco metros, la enorme hoguera consumía la madera como paja mientras el enorme toro era sujetado con fuerza con gruesas lías evitando que sus intentos por zafarse resultaran infructuosos. —¡Oh gran y poderoso Ahura Mazda! Escucha a tus hijos que el día de hoy se han reunido para ofrecerte este sacrificio, perdona las ofensas que tu pueblo pueda haberte causado y haz oídos sordos si en algún momento fuimos hombres de poca fe—Vociferaba Iblis mientras elevaba sus manos a los cielos, el humo se perdía entre la oscuridad de la noche mientras que el único punto de luz eran aquellas feroces llamas que no parecían querer dar tregua a la madera. Darian observaba complacido la escena desde el balcón principal, al bajar la mirada pudo obser

