El perdón. Aquella palabra sonaba tan sencilla, pero sin duda no era tan fácil como se decía, un corazón orgulloso no miraba fácil otorgar el perdón a alguien, sin embargo, siempre se debía tomar en cuenta el verdadero arrepentimiento, porque en el arrepentimiento estaba el perdón, pero sin arrepentimiento no había nada más haya que resignación. Ishtar lo supo desde un principio, aquel amor casi a primera vista que desarrollo por Darian le traería problemas, esos ojos verdes plagados de frialdad y maldad no dictaban nada bueno, a pesar de ello, decidió arriesgarse, porque para ella, era preferible tener el corazón hecho mil pedazos que nunca haber siquiera intentando formar un futuro. Su futuro era ahora. —Su majestad el rey, Darian I de Persia nombra a su conyugue la princesa Ishtar de
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