Los placenteros rayos de sol queman mi piel poniendo a trabajar mis poros, éstos producían sudor que humedecía la toalla que se interpone entre mí cuerpo y la ardiente arena de esa paradisíaca playa en el fin del mundo. El sonido de las olas relaja mi pulsación nerviosa mientras reposo usando mis brazos como almohada y las gafas de sol oscuras me sirven como antifaz. La parte superior de mi traje de baño yace muy lejos de mí porque me lo he quitado unos minutos antes para experimentar esa exquisita libertad de sentir mis senos al aire recibiendo el mismo bronceado que el resto de mi humanidad. No puedo creer que finalmente puedo descansar aliviada tomando esas vacaciones con las que toda mujer sueña; éstas si que son vacaciones, no como las idas a ese apestoso río donde siempre termino siendo la sirvienta personal de ese dizque hombre del cual no mencionaré su nombre para no arruinar mi momento perfecto. Y si, claro que es realmente perfecto, incluso las palmeras ondean con el viento convirtiéndose en mi abanico gigante al mejor estilo de los antiguos faraones egipcios.
— ¿acaso esto podría ser mejor? — me pregunto a mí misma sonriendo extasiada.
Y entonces lo ví. Mi jefe, el hombre más hermoso sobre la faz de la tierra, Noah Beliar. Caminando trayendo puesto solamente un traje de baño muy diminuto dejando su pecho desnudo para el deleite de la brisa que rozaba con lujuria esos muy bien definidos pectorales. Sus ojos azules se confundían haciendo juego con el cielo sin nubes y el mar infinito, su rostro era una obra de arte, escultura tallada a mano por los mismo ángeles, colirio para mis ojos. Caminaba regio y varonil viniendo hacia a mí dejando sus huellas muy bien marcadas en la arena, sus brazos fuertes y musculosos eran las cadenas de un columpio, las cuales quería apretar fuertemente mientras me mecía desesperada. Cada paso lo acerca más a mí, cada segundo que pasa puedo ver mucho mejor su elegante barba que lo hace lucir ese estilo tan irresistible. Tomo el estuche de bloqueador solar sintiendo la incontrolable necesidad de tener algo duro en las manos para apretar. Él continua acercándose en una caminata erótica que hace derretir el hielo en mi interior y humedecer las partes blandas de mi "corazón". Ejerzo tanta presión en el recipiente de bloqueador solar que provoco que se destape y se esparza todo ese líquido blanco en mi pecho, comenzando a escurrir deslizándose en mis senos, así como también en parte de mis mejillas. Él me mira directamente mordiéndose los labios dejándome a media cuadra de un orgasmo tan solo con esas mirada tan pícara. Está a punto de llegar a mí, casi puedo oler su perfume Paco Rabanne sobre mí debido a lo cercano que estaba ese increíble espécimen humano, levanto mis labios en forma de pico esperando ese primer beso tan anhelado, todos mis deseos, todos los suspiros, todos los auto deliciosos dedicados a su nombre, todo se resumía a este momento épico teniéndolo a centímetros de mí en esa isla paradisíaca para dos. Veo sus hermosos labios moviéndose para pronunciar algunas palabras que seguramente han de estremecer mi cuerpo.
— Julieta .... — dice con voz fuerte y potente mientras yo sido embelesada con el embrujo de su mirada — ¿terminaste con los papeles que te pedí?
Así termina mi maravillosa fantasía, debo regresar a mi lamentable realidad atrapada en un empleo sin futuro, encerrada en una pequeña oficina donde apenas caben mis cosas, y desdibujada de el cuadro donde enmarcan a las mujeres exitosas en esta vida. Al menos podía ver diariamente a mi amor platónico, el hombre que me hace suspirar si ni siquiera notarlo. Eso para mí ya es bastante ganancia considerando el enorme desastre que ha sido mi vida desde siempre.
— Si jefe, aquí están. Revisados y ordenados como me lo pidió — respondo con esa sonrisa espontánea que me produce verlo, esa misma sonrisa que esconde detrás una lujuria gigantesca que apenas si puedo contener.
— Siempre tan eficiente en tu trabajo, Julieta — toma la carpeta con todos los papeles que le estoy entregando y se inclina un poco hacia mí para susurrar con orgullo — ¡eres la mejor!
Él se aleja saliendo de mi oficina sin tan siquiera sospechar toda la humedad de proporciones oceánicas que ha provocado en mí, ser mujer es fácil en ese sentido ¿se imaginan si fuéramos igual que los hombres? En ese momento hubiera tenido un gigantesco bulto entre mis piernas, imposible de ocultar. Por suerte, nosotras podemos disimular muy bien nuestras ganas. Pero finalmente era hora de regresar a mis cosas y dejarme de esas fantasías eróticas que no le hacían ningún bien a mi salud mental, además tenían una aterradora montaña de trabajo atrasado que debía realizar antes de el fin de semana.
— ¡Me van a despedir! — dije resignada golpeando mi frente contra el escritorio.
Pero justo en ese momento noté que el olor a ese exquisito perfume tan costoso seguía muy presente en mi oficina, al levantar un poco mi cabeza pude percatarme que mi jefe había dejado su saco en el asiento que estaba frente a mi escritorio. Seguramente lo olvidó cuando estuvo aquí unos minutos antes para buscar el trabajo que tenía para él. Inmediatamente la versión minúscula de mí disfrazada de ángel subida a mi hombro derecho dijo:
— Seguramente está buscándolo sin poder recordar donde lo dejó, debemos ir a su oficina y regresarlo — con su aurora brillante.
Pero rápidamente la pequeña versión malévola de mi personalidad disfrazada de diablita replicó diciendo una enorme verdad que fue como una epifanía cósmica.
— Es una parte de Noah Beliar, tiene su aroma, su perfume, su esencia. Abrazar ese elegante traje, sería como abrazarlo a él en persona.
Las tres versiones de mí tuvimos la misma gran idea acompañada también de la misma sonrisa malévola frotando nuestras manos con soberbia. Tomé ese saco rápidamente y me coloqué contra uno de los rincones donde tuviera la seguridad que nadie podía verme a través de el cristal, y allí, comencé a oler ese saco mientras lo abrazaba como si se tratara de mi jefe en persona. Mis manos fueron bajando hasta que llegó el momento que sin darme cuenta, ese traje fue a parar debajo de mi falda y mi calzón convirtiéndose en una especie de juguete s****l que ahora rozaba mis partes más sensibles provocando mis gemidos.
— ¡Oh jefe! Así me gusta, más rápido, ¡qué rico! — era alguna de las palabras que decía mientras mi cuerpo se transformaba en una tetera a punto de chiflar llegando al punto máximo de ebullición.
Y hubiese logrado llegar de no ser por el sonido de la puerta abriéndose repentinamente provocando que me sobresaltara dejando automáticamente de hacer lo que estaba haciendo. Era mi jefe quien entraba nuevamente a mi oficina, obviamente yo sabía a que venía, así que se lo mostré inmediatamente.
— En este preciso instante estaba por ir a llevárselo a su oficina — mi mano extendida entregaba el saco que yacía húmedo por alguno de sus costados.
— Eres muy amable Julieta. Disculpa, es que vivo olvidando las cosas en todos lados. Perdería la cabeza, si no la trajera pegada al cuerpo — sonrió recibiendo el saco e inhalando su olor profundamente colocándolo en su rostro — me encanta ese aroma de Paco Rabanne, pero creo que ya está perdiendo la fragancia porque comienza a oler un poco "extraño" pero es un aroma que no deja de parecerme muy familiar, creo que lo llevaré a la tintorería, en fin, muchas gracias nuevamente Julieta.
Luego de irse nuevamente, me prometí a mí misma dejar de ser tan yo, al menos por lo que restaba de jornada, mientras me enfrascaba en terminar con el trabajo atrasado, claro, que siempre había tiempo para detenerse un segundo, y suspirar mientras miro a mi jefe a través del cristal.