bc

El secreto de mi jefe

book_age18+
1.9K
SEGUIR
9.0K
LEER
aventura
asesinato
bxg
pelea
misterio
engaño
mentiras
secretos
like
intro-logo
Descripción

Una secretaria vivirá todo un infierno por culpa de sus malas elecciones amorosas que terminarán llevándola a ser el blanco de enemigos muy peligrosos que desean verla muerta. Un asesino a sueldo será contratado para eliminarla, será entonces cuando descubra la verdad detrás de la empresa para la cual trabaja.

chap-preview
Vista previa gratis
CAPÍTULO 1
El secreto de mi jefe Autora: Jeitsy Castillo. Preámbulo. Las casualidades forman parte de nuestra vida cotidiana. Siempre están allí aunque no las notemos, aunque pensemos que no existen, en todo momento están ocurriendo, manifestándose en diferentes maneras para no ser descubiertas; como si muy en el fondo tramaran algo. Quiero contarles la historia de como conocí al amor de mi vida, ese hombre que con tan solo una simple palabra me hace sentir que la ropa que traigo puesta está de más, y de como una relación laboral común y corriente, terminó transformándose en un apasionante cuento de amor, deseo y lujuria. Él, un enigmático personaje jugando con su intrigante misterio para volverme loca. Yo, una mujer normal queriendo cumplir con mi trabajo, pero que de alguna extraña manera siempre acababa tomando las peores decisiones, y envuelta en muchos problemas; gracias a Dios tengo a mi atractivo ángel que siempre está dispuesto a meterme la mano, digo, a meter la mano por mí. Capítulo 1  Sexo. Supongo que las mejores historias comienzan con una buena escena de sexo duro y complaciente. Justo allí estaba yo, cabalgando alegremente sobre Rick, el sujeto que se suponía era mi pareja, brincando temerariamente sobre su piel mojada pero caliente por toda esa gimnasia a la que habían sido sometidos sus músculos, mis senos al aire al igual que mi espalda desnuda exhibiéndose a la intemperie siendo acariciada por sus ásperas manos de vez en cuando. Resulta muy extraño, como parece que escuchamos música retumbar en nuestros oídos mientras hacemos el amor, sin importar que la habitación esté en silencio, disfrutamos de un recital lleno de algarabía. Tal vez sea toda esa adrenalina recorriendo las venas a una velocidad increíble, no lo sé. Solamente sé que esos momentos son mágicos. Rick no era precisamente el mejor polvo del mundo, ni siquiera puedo decir que fuera el mejor de mi vida, pero al menos me servía para no pasar las frías noches solas autocomplaciéndome. Muchas veces me funcionaba la vieja estrategia de pensar en alguien más para poder lograr entusiasmarme y llegar al orgasmo, gemidos que van, gemidos que vienen, uno mas fuerte que el anterior, mis manos acariciando su pecho, mi cintura moviéndose al ritmo de esa electrizante música que produce el sexo. Mi cuerpo está sobre él, pero mi imaginación está siendo penetrada por otro hombre, acostada en otra cama, besando otros labios, gimiendo para otros oídos. La magia dura hasta que Rick llega al orgasmo, esa típica eyaculación que me recuerda lo frustrante e insatisfactorio que es hacer el amor con él; luego solamente se voltea y continua ese tonto juego de los novios molestos mientras las hoguera sigue ardiendo fuertemente, pero esta vez, sin leño dentro que incinerar. Abrir mi regadera es tan necesario como respirar, el agua fría calma un poco todo ese incendio abrumador dentro de mí. Algunas lágrimas silenciosas para no perder la costumbre, y listo, de vuelta a la rutina. Es hora de salir de mi regadera con una gruesa toalla envolviendo mi torso y otra siendo agitado por mis manos para secar mi cabello, con mi don natural para fingir que no pasa nada cuando estoy murieron de rabia por dentro. Él continúa allí acostado sobre la cama observando la televisión, con su don masculino para hacerse el imbécil e ignorar las cosas como si nada pasara. Me siento a un lado de la cama a terminar de secar mi rebelde melena cuando me sorprendo de escuchar su voz. — ¿Puedes preparar algo de café? — dice sin mirarme. — ¡No hay! — respondo, deteniendome por un segundo para posteriormente continuar frotando mechón por mechón. — En esta casa nunca hay nada — murmura sarcásticamente haciendo hervir mi sangre. — Tal vez si trabajaras como los demás hombre, y compraras café... — arrojo el paño húmedo de manera rebelde contra el cesto de la ropa sucia. — ¿Te gusta reprocharme que eres la única que trabajas en esta casa? — el colmo del cinismo lleva por nombre Rick Martines, supongo que es mucho más fácil esperar a que cobre mi quincena. — ¡Olvídalo! — salgo molesta de la habitación, queriendo estar alejada de él. Odio fumar, el olor a cigarrillo me produce nauseas horrendas, pero justo en este momento es bastante necesario para ahogar las ganas de llorar sentada en el sofá de mi sala mirando fijamente al espejo. Fue exactamente en ese instante cuando me pregunté a mi misma ¿quién eres? Pues supongo que mi repuesta obvia sería que mi nombre es Julieta Heras, tengo 28 años de edad, trabajo como secretaria para el director general de la funeraria más grande en el centro de la ciudad; soy de poco seno, nalgas un poco abultadas, y cabello n***o. Soy la típica chica que no soy fea ni bonita pero tengo algo que llama la atención, se puede decir que soy el punto intermedio exacto entre una bomba sexi y Betty la fea. Pero la respuesta complicada a esa pregunta sería que soy el triste reflejo de todas mis metas inconclusas, siempre soñé con una boda de cuento de hadas, si lo sé, es algo trillado, pero la que esté libre de pecados puede lanzar la primera piedra. Lo poco que he logrado en mi vida ha sido con mucho esfuerzo, como por ejemplo esta casa, mi profesión como secretaria, y ese cheque cada quince días que apenas cubre mis necesidades más básicas. Mientras el humo del cigarrillo se condesa en el aire de mi solitaria sala, tengo una difícil discusión interna con mi crítica más cruel, yo misma. No, nunca imaginé terminar con un tipo como Rick, el hombre que siempre estuvo en mis sueños mojado fue alguien extremadamente atractivo, triunfador en la vida, alguien que supiera como tratar a una mujer. Alguien como mi jefe, Noah Beliar. Mucho más que su secretaria, soy su admiradora secreta. Disfruto cada segundo en mi oficina frente a la suya mirándolo a través del cristal como lleva el liderazgo de sus reuniones con voz varonil capaz de aflojar la goma elástica de cualquier ropa interior femenina, es imposible no fantasear con ese hombre en todas las maneras en las que se puedan imaginar. Lamentablemente, su trato para conmigo siempre ha sido una relación únicamente profesional, y personalmente creo que siempre seré solamente eso para él. Es bueno una dosis de cruda verdad para devolverte a la realidad abruptamente evitando que te pierdas en tontas fantasías que jamás pasaran. Volviendo a la cama me encuentro con una sorpresa completamente predecible. La joya de Rick está profundamente dormido mientras yo paso una mala noche por su culpa, lo típico. ¿Se imaginan que a las mujeres nos pagaran por elegir al hombre equivocado? Seguramente muchas seriamos asquerosamente millonarias, o al menos yo lo sería. Mi vida se resume en un fracaso amoroso tras o otro, y otro, y otro. Tantos que aveces me gusta fingir que tengo un pasado totalmente diferente para no sentir verg&enza por mí misma, pero bueno en fin, es momento de ir a la cama, necesito descansar para un día de trabajo que seguramente será muy exigente al igual que todos los otros. Me acuesto en la cama tratando de hacer todo el ruido y movimientos bruscos posible, pero es inútil, él está sumergido en un letargo total. Bueno cerraré mis ojos, buenas noches para mí. ¿Nunca han tenido esa horrible sensación de que la noche solo dura cinco minutos? Pues yo vivo ese desagradable sentimiento todos los días, levantarme para ir a trabajar es toda una odisea, pero saber que lo veré en la oficina es suficiente aliciente para salir de la cama con una actitud positiva. Antes de irme debo preparar mi comida y el desayuno de Rick, o bueno, mejor dicho el almuerzo tomando en cuenta que despierta a las doce del mediodía. Salir de la casa a tomar el transporte público es todo un suplicio sabiendo lo congestionada que se ponen las paradas de autobuses con todas esas personas aglomeradas esperando solamente para meterse amontonadas en un lugar cerrado además de pagar por ello. Mientras espero, me gusta fantasear con los hombres adinerados que pasan por la vía conduciendo sus elegantes automóviles último modelo, me siento tan dichosa de solo pensar lo bonito que se sentiría ir en el asiento del copiloto siendo exhibida por un sujeto que ha tenido existo en su vida, pero bueno, la fantasía dura muy poco, ha llegado el autobús y debo subir a él. La funeraria Zamarra pertenece justamente al señor Eugenio Zamarra, un hombre muy misterioso al que se le ve muy poco dentro de la empresa, la oficina principal está ubicada en el antiguo edificio San Miguel, un sitio con mucha clase para ser una funeraria, a primera vista cualquiera pensaría que se trata de una firma de abogados o algo por el estilo, de hecho, todos los empleados del lugar visten elegantemente con costosos trajes diseñados por los mejores sastres de todo el país. Mi trabajo esencialmente se basa en mantener en control todos los papeles que mi jefe pueda necesitar, desde actas de defunción, hasta la copia de los contratos que se firman, y es que por él siempre estoy dispuesta hacer lo que sea, incluso quedarme hasta muy tarde si me lo pide. Mi mejor amiga es Patty, la recepcionista del lugar. Una rubia hermosa con un cuerpo espectacular, ideal para el trabajo de recepcionista. Ella es quien me mantiene informada de todo lo que pasa en la empresa, obviamente sabe lo mucho que amo a nuestro jefe, así que cualquier cosa que tenga que ver con Noah Beliar, me lo hace saber de inmediato, la amo enormemente. — Amiga, traes una cara terrible — murmura apenas me ve entrar. — No fue precisamente una buena noche para mí — coloco mi bolso sobre la recepción y suspiro profundamente. — ¿No pudiste dormir bien o qué? — interroga. — El sueño es lo de menos amiga, es realmente los orgasmos acumulados lo que me tiene así — susurro en su oído, provocando que amplíe la apertura de sus ojos. — ¿Rick otra vez? — se sorprende retrocediendo su cabeza, — Sí... ¿No contabas con su habilidad de mala cama verdad? — pregunto en baja voz apoyando mis codos sobre la recepción para acercarme un poco a ella. — Uy no, que mal por ti, amiga. Pero yo te voy a alegrar el día inmediatamente — sonríe lista para soltar la bomba. — ¿Apuesto a que no adivinas quién estuvo esta mañana a primera hora en la oficina de nuestro jefe papasito? — continúa el chisme. — ¡Noooooo! — comprendo rápidamente impresionada. — Pues sí, nada más y nada menos que la señora de Beliar en persona — informó — ¿Lograste ver algo u oír alguna cosa valiosa? — tiene toda mi atención, mi concentración, y hasta mis pulsaciones cardíacas en sus manos — Bueno amiga, solo te puedo decir, que hablaron por casi media hora en la oficina de el jefe papasito, y luego ella salió muy enojada, tanto que azotó la puerta fuertemente al salir. Y completó su show mirándome con una cara.... Que yo te digo, si las miradas matarán, yo no estaría aquí contándote esto amiga — aseguró erizando toda mi piel. — La típica escena de celos — sentencio luego de analizar bien la situación. — Cristal, la señora que limpia, me aseguró que escuchó algo de sobre una llegada muy tarde del jefe papasito — agregó — Qué irónica es la vida amiga, algunas deseando tener a ese muñecote, y ella que lo tiene, se le ocurre armarle semejante escándalo. Yo le diría "sé todo lo infiel que quieras mi amor, pero nunca me dejes" — reímos gratamente — Bueno amiga, ésta es una oportunidad de oro para acercarte un poco a ese hombre, tiene la guardia baja por esa pelea marital, debes ir segura, pero tampoco aprisa, calmada, a ofrecerle tus servicios para lo que sea.... Lo que, sea — me mira fijamente y sonríe. — Ay Dios mío, y justo hoy que no me eché ni siquiera perfume — alzo mis brazos para oler disimuladamente. — Ay amiga, me ofendes. ¿Para qué me tienes a mí? Yo siempre ando muy bien preparada, venga para acá — tiró de mi brazo para llevarme hasta atrás de la recepción. — Agáchate — le obedezco inclinándome un poco detrás del podio de recepción. Su perfume channel era exquisito, su talento para el maquillaje, todo un don divino, pudo haber sido asesora de imagen fácilmente, agitó un poco mi cabello para darme un toque de frescura, desabrochó el botón de mi camisa y removió un poco mis pequeños senos para hacerme más "llamativa" — No es lo que tienes amiga, es lo que ellos creen que tienes — aconsejó. Sinceramente nunca he sido de esas mujeres que se desviven por tener una imagen sensual, pero por ese hombre era capaz de matar si me lo pudieran. — Listo, ve por él tigra — me empujó para luego palmear mi nalga derecha. — Estoy tan orgullosa de ella — la escuché murmurar, mientras caminaba con dirección a la oficina de mi jefe. — Toc toc — recreo el sonido de mis dedos al toca la puerta que se encontraba entre abierta, — Buen día señor Beliar — entro sonriente a su oficina. — Buen día Julieta, llegas muy temprano hoy — responde seriamente sin siquiera mirarme sentado frente a su escritorio revisando la computadora. — Qué bueno que lo haya notado, jefe, precisamente a eso vengo, a decirle que usted puede contar conmigo para lo que sea — me sonrojo un poco, debido a esa vergüenza que me embarga, sinceramente esa frase sonaba mucho mejor en mi cabeza. — Muchas gracias Julieta, ésta empresa necesita más personas como tú. Y ahora que lo mencionas, tengo unos papeles por acá que necesito que revises por favor — se agachó para buscar en el fondo de su escritorio un par de carpetas llenas de viejos contratos. — Claro señor con mucho gusto — aprovecho para acomodar un poco mejor mis senos tratando de darle un toque más de volumen. — Muchas gracias Julieta, eres la mejor — me entrega las carpetas con esa voz estremecedora y esa sonrisa tumba pantis. Salgo un poco acalorada de esa oficina dispuesta a volver con Patty, pero observo que ésta está un poco acompañada. Edgardo Siramaya. Un hombre de unos cuarenta y cinco años de edad, parcialmente calvo, mano derecha de Noah Beliar y eterno acosador de mi amiga Patty quien todos los días debía sufrir los ataques constante de este señor que la acechaba desnudándola con la mirada. Edgardo la bombardeaba con miles de halagos y abusivas caricias en el rostro, era mi turno de devolverle el favor a mi amiga, así que a la carga. — Señor Siramaya. El jefe Beliar lo solicita en su oficina — llegué cortante y precisa colocando las carpetas sobre el podio de recepción. — Si, claro. Gracias Julieta —agradeció, luego de aclarar su garganta. — nos vemos luego.. "mi niña de oro" — murmuró ridículamente queriendo verse sensual; aguanté mis risas lo más que pude hasta que el señor Siramaya se había alejado lo suficiente como para poderme carcajear a gusta. — Bailé con él una sola bachata en la fiesta navideña de la empresa... ¡Una sola bachata! — mostraba su dedo índice — Ahora debo aguantarme este suplicio diario dónde quiera que me ve — confesó agobiada. —Yo pienso que es un viejito muy adorable — chiste muy cruel para burlarme un poco de mi amiga — ¿Qué tal si le digo que gustas de él? — sugirió — Y luego me dices que tan adorable te parece — se alteró un poco con los nervios de punta. — Para nada amiga mía; los novios de mis amigas, son mujeres para mí — sonrió cruelmente recogiendo mis carpetas con rumbo a mi oficina, me gusta fastidiar a mi Patty, pero ella sabe cuanto la amo. — Dime Noah — entró Edgardo a la oficina de mi jefe. — ¿Qué quieres que te diga hombre? — se extrañó. — Me dijeron que me estabas llamando — se sentó en la silla frente al escritorio de Noah. — No te he mandado a buscar, pero ya que estás aquí quiero que veas mi próximo trabajo — Entregó la fotografía de un sujeto de barba y traje azul usando lentes de sol muy oscuros. — Interesante, seguramente te pagarán muy bien por este trabajo — comentó admirando al sujeto en la imagen — Por eso trabajo para ser el mejor, para recibir buenos contratos como este — sacó dos vasos y una botella de coñac sirviendo un poco en cada uno — Brindemos por mi éxito querido amigo — entregó su correspondiente vaso al señor Edgardo Siramaya y ambos bebieron sonrientes luego de brindar. Empezaba mi rutina de todos los dias, mi vista perdiéndose en un mar de letras impresas en hojas blancas, buscando algún tipo de error que impidiera que ese contrato fuera finalmente firmado por algún cliente, para eso me pagaban. Un trabajo muy tedioso, pero tenía sus ventajas, ventajas a las que me gustaba llamar recompensas. Se sentía muy bonito levantar la mirada y ver al hombre que estremecía mi cuerpo justo frente a mí, a escasos diez metros de distancia, cada sonrisa, cada mueca, cada gesto para mí era como droga, y como toda droga, siempre quieres más y más, hasta que se convierte en un vicio imposible de dejar. En ese momento aún no lo sabía, pero en ese preciso instante a kilómetros de mi oficina dos hombres con actitud muy sospechosa tocaban a mi puerta despertando a Rick quien aún dormía como un bebé con baba incluida. Se levantaba estrujando sus ojos producto de el sueño que aún lo invadía mientras bostezaba de camino a abrir la puerta. Esos hombres tocaban fuertemente con ganas de tirar la puerta abajo para entrar a la fuerza. — Voy, demonios — gritó Rick muy molesto porque habían interrumpido su sueño — ¿Quién diablos tiene tanta prisa? — murmuró para sí mismo. Al abrir la puerta notó rápidamente que había cometido un grave error al hacerlo, porque esos hombres lo empujaron bruscamente contra la pared mientras uno de ellos lo apretaba de la camisa a la altura del pecho. — Mensaje del Diablo: paganos nuestro dinero o te mueres hoy mismo — su rostro de personas crueles dejaban muy en claro que no estaban jugando.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

La embarazada sacrificada

read
3.2K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
64.7K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
55.0K
bc

Prisionera Entre tus brazos

read
102.0K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
25.9K
bc

Eres mío, idiota.

read
3.6K
bc

Profesor Roberts

read
1.7M

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook