En los pasillos de un lujoso hotel podía escucharse a plenitud la palabra "Andrew" fuerte, claro, y entre gemidos ahogados que expresaban placer, en las habitaciones aledañas también podía apreciarse como la cama golpeaba la pared con el vaivén de caderas que se desplegaba en aquella fiesta s****l privada en donde Mónica era la invitada de honor. Luego de que todo finalmente acabó, Mónica estaba exhausta acostada sobre la cama descansando tratando de marcar en su teléfono celular el número de Noah para cerciorarse que éste no hubiera olvidado pasar por la guardería para buscar a Noel, pero no alcanzó siquiera a desbloquear el móvil cuando el fornido hombre moreno que la acompañaba la estaba halando para continuar la faena con otra sentida tanda, ella supuso que Noah podría esperar, pero e

