Cuando ya ha pasado un buen rato ya y ya se está haciendo la hora del almuerzo, al salir de mi habitación escucho que David está en su despacho. Sí, el del sueño… Decido tocar dos veces antes de que él me diga que puedo pasar. Al hacerlo, me recibe con una sonrisa.
—Hola, David… puedo llamarlo así, ¿cierto?
—Sí, claro Jessica, creo que te lo dije.
Me adentro en el despacho y me siento frente a él.
—¿Cómo te has sentido? —pregunta.
—Muy bien, en serio, fue un poco duro y he intentado no encender la televisión, pero estoy bien. Gracias por preguntar.
—Me alegro mucho, Jessica, aun así, debo admitir que me pareció una locura cuando Damián me habló de todo esto. Es decir, es peligroso hasta para nosotros.
—Damián y usted se cuentan todo, ¿no es así? —él se ríe levemente.
—Más Damián a mí que yo a él, debo admitir, pero sí.
—¿Por qué pensó que era una locura, además de lo obvio? —David se acomoda en su silla tras el escritorio antes de contestar.
—Bueno, porque eres una menor, Jessica, una menor proveniente de una familia rica y poderosa de Miami. He tenido que hacer cosas para que no vengan por ti.
—¿Hay personas que saben dónde estoy? —él asiente a lo que yo quedo sorprendida.
—Policías; policías comprados. Incluso el investigador privado que contrataron tus padres lo sospecha, pero la cantidad que Damián pagó por ese silencio es más alta que la que pagaron tus padres por el servicio; mucho más.
—Se ha de estar preguntando si valen la pena tantos gatos —él ríe.
—No, de hecho, no, para mí eso es como pagarle la universidad a mi hijo si hubiera querido ir; algo necesario, un deber de padre. De hecho, aún está a tiempo, pero decidió seguir mis pasos.
—Supongo que usted quisiera que él se dedicara a otra cosa, ¿no? —pregunto.
—Por supuesto ¿y tú? —me río nerviosamente antes de contestar.
—Creo que el hecho de que esté aquí le responde su pregunta. Cuando lo conocí no sabía a lo que se dedicaba, de hecho, pensé que era un chico cualquiera de universidad, pero luego me enteré de que es narco, bueno, el hijo de uno y no me importó. Yo estoy con él porque lo quiero, no me importa a lo que se dedique, me da igual si es narco, abogado, doctor o terapeuta; yo estoy con él.
—Eso suena maravilloso —contesta luego de unos segundos en silencio—, porque, aunque no me importa hacer una inversión grande como el ejemplo de la universidad… —apoya sus brazos en el escritorio y se acerca más a mí —sí me importa recibir buenas notas, en este caso que tú me des buenas notas.
Entiendo perfectamente lo que intenta decirme y cuando estoy a punto de contestarle la puerta del despacho es abierta abruptamente por Alex y dos hombres tatuados hasta la coronilla.
—No sabía que estabas ocupado, David —dice Alex.
—No te preocupes, pasen.
Los tres hombres pasan y se quedan de pie cerca de mí; mirándome.
—No me digas que cambiaste a tu querida Regina por un bombón más dulce —dice uno de ellos con sus ojos lascivos puestos sobre mí.
—No, Ezequiel, ella es…
—¿No? —se ríe interrumpiéndolo—. En ese caso puede quedarse si quiere.
Ezequiel es alto, como dije, lleno de tatuajes y una mirada siniestra. Como esos chicos de las películas que trataban de atracos y pandillas. Sus ojos son como cuchillos afilados…
—Ella no se va a quedar —todos volteamos al escuchar la voz de Damián en cuanto entra—, y más te vale que dejes de mirarla así, es mi chica —Ezequiel ríe.
—¡Uy! Entonces sácala de aquí. Hablemos de negocios.
Observo a David que asiente con su mirada invitándome a salir a lo que yo me levanto del asiento, doy la vuelta y llego hasta la puerta donde está Damián. Él me da un apretón de manos y pide que me vaya suavemente. Cuando salgo cierran la puerta y escucho cómo le ponen seguro.
Me quedo varios segundos allí, con la puerta cerrada frente a mí preguntándome qué hablarán, cuánto dinero invertirá esta vez y cuánta coca estará en juego. La curiosidad comienza a moverse en mi sistema y tengo la necesidad de querer saber más de este negocio.