Ya ha pasado un tiempo desde salieron los tres del despacho. Alex salió creo que incluso más enojado, Damián entró, tomó las llaves del auto y dijo que volvería pronto a lo que yo solo asentí y David, bueno David, está tranquilo. Me pareció escuchar que ese dinero que perdió para él solo son miserias, pero sé que para el chico alto malhumorado no lo son. Era su salvación, Damián me lo dijo, así que justo ahora, debe estar, a punto de llorar detrás de esa mascara de chico fuerte.
Salgo de la habitación, coloco las sandalias en mis pies, me ato el cabello en una coleta y salgo de la casa sin ser vista. Justo cómo lo imaginé lo encuentro en la parte trasera de la misma, que, sin pedirlo, se ha convertido en nuestro lugar, ya que al parecer ya era de él y yo fui solo la invasora.
Él nota mi presencia, me mira por unos segundos y solo los suficientes para darme cuenta lo drogado que está, luego solo sigue fumando.
—Sé que lo ultimo que quieres es verme. Debes tener la cabeza hecha un lío…
—Por ti no —se apresura a contestar, como si tuviera la necesidad de decirlo en voz alta para creérselo. El mero hecho me causa gracia, pero evito reírme en voz alta.
—Lo sé, lo sé. Sé que tu trabajo es importante para ti, para todos ustedes, pero está mal llorar por la leche derramada.
Él me mira en cuanto me escucha. Se pega a la pared de la casa mientras sigue fumando y solo se ríe.
—Deberías estar consolando a Damián. También le enojó mucho eso.
—Él no está aquí, no está en la casa, ni en este lugar donde estamos tú y yo —me acerco a él, a lo que quiere retroceder, pero no puede, está atrapado entre la pared y yo—, además, quiero consolarte a ti. Sé de algo que te puede hacer sentir mejor —le susurro al oído.
Comienzo a besarle el cuello y a descender mi mano por su pecho, hasta llegar a sus pantalones, donde la meto y siento lo erecto que está. Dejo de besarle el cuello y comienzo a besarlo, mientras muevo mi mano allí abajo. Parece una estatua, totalmente quieto hasta que deja caer el cigarro, y me toma del cabello que crece cerca a mi cuello. Lo aprieta fuertemente en sus brazos y me obliga a verlo a los ojos. Estoy excitada y muy húmeda. Alex tiene algo que me excita y es que me rechaza, nadie me rechaza y se volvió un puto reto para mí en medio de esta casa aburrida.
Me besa ferozmente mordiendo mi labio inferior, luego me da la vuelta y hace que sea yo quien queda pegada a la pared. Levanta mi vestido y baja mi tanga. Me sostiene la cabeza fuertemente contra la pared mientras escucho cómo se baja sus pantalones. Cuando ya están abajo, llena de saliva su otra mano y humedece aún más mi v****a. Luego siento cómo entra en mi y comienza a penetrarme velozmente. Una y otra vez, fuertemente, tanto que nuestros cuerpos chocan entre sí. Ambos nos apoyamos en la pared mientras él sigue penetrándome. Luego enrolla mi cabello en sus manos mientras deja de moverse. Ante esto comienzo a mover mi culo sobre su pene, en busca de aliviar la necesidad de llegar al orgasmo, pero no puedo hacerlo tan rápido como él, así que Alex suelta mi cabello, me toma de la cintura y sigue penetrándome muy fuerte.
Mis gemidos aumentan, mis manos ya no pueden sujetarse de la pared correctamente, comienzo a sentir esa sensación deliciosa en la parte baja de mi vientre. Las paredes de mi v****a se contraen y simplemente me dejo ir; llego al clímax.
Él sigue moviéndose por un par de minutos más hasta que también llega al orgasmo. Cuando ya hemos podido respirar mejor, nos separamos. Cada uno se sube la ropa, y se arregla.
—No sabía cuánto necesitaba eso —susurra.
—No está nada mal coger cuando se está estresado —contesto con una sonrisa.
—No me refiero a coger porque sí, me refiero a cogerte a ti —me responde, pero el momento se ve estropeado cuando escuchamos movimiento.
Ambos nos ponemos alerta y miramos por todos lados, sin ver a nadie.
—¿Crees que alguien…?
—¿Nos vio? Sí —lo interrumpo.
—¿Por qué lo dices?
Yo camino hacia el destello brillante que reluce en el césped. Al acercarme lo veo; hermoso, religioso, pero lleno de coca; el crucifijo de Regina. La estúpida lo dejó caer. Alex se acerca y al verlo se lleva las manos a la cabeza.
—¡Mierda! —exclama.