5. Debes tener muchos huevos para huir a los quince.

1381 Palabras
Ya nos han llamado para la comida, así que he decidido ponerme otro vestido, uno hermoso que mi hermana me regaló en mi cumpleaños de este año. Es floreado y bastante suelto. Me hago una cola alta y me calzo unas sandalias bajas. En cuanto Damián entra de nuevo y me ve, su sonrisa se ancha. Se acerca hasta mí y hace que de media vuelta para él. —Te ves hermosa, en serio, hermosa. —dice después de unos segundos de solo observarme. En cuanto lo escucho ahora es mi sonrisa la que se ensancha. —Gracias por esto, Damián. No hemos tenido tiempo de hablar de lo de anoche, y… —él se apresura en negar con la cabeza lo que hace que me detenga. —No quiero que lo hablemos como si haya sido un evento del año —se acerca a mi oído, lo que me pone los vellos de punta inmediatamente—, fue algo solo tuyo y mío y créeme… estoy esperando con ansias el siguiente —desciende con su mano derecha por mi espalda hasta llegar a mi trasero, al cual le da un suave apretón. De inmediato lo observo ligeramente sorprendida ya que, aunque no es la primera vez que un chico me toca de esa forma, es la primera vez que él lo hace y me gusta, mierda, me gusta demasiado. Me guiña el ojo, me toma de la mano y ambos salimos de la habitación. Bajamos las escaleras y nos acercamos a un salón grande, un comedor. Cuando entramos todos están sentados a la mesa, lo cual me pone realmente nerviosa. —Señores, ya conocen a mi hijo Damián, y la hermosa chica a su lado es Jessica Aston, su novia. —el padre de Damián se levanta de la mesa a presentarnos. Siento varias pares de ojos sobre mí mientras nos acercamos a los dos asientos vacíos en la mesa. Nos sentamos y puedo notar las personas que nos acompañan. David está a la cabeza de la mesa junto a una chica que aparenta tener unos cuantos años más que yo. Al frente de ella está el chico que abrió nuestra puerta al llegar, no recuerdo su nombre, pero me parece extraño verlo allí. Al alzar mi vista mejor veo a la persona frente a mí. Nuestros ojos se conectan a lo que puedo detectar cierta pizca de incertidumbre en ellos. Me observa detenidamente por varios segundos hasta que al final ladea una sonrisa que parece más por cortesía que por gusto. El chico parece ser de la misma edad de Damián, alto, de piel blanca, ojos azules y porte recto. Sus cabellos son casi rubios y es un poco más delgado que mi novio. —Jessica, ella es Regina, es una… amiga de mi padre —Regina alza la copa como si fuera a hacer un brindis en forma de saludo a lo que respondo con una sonrisa un poco incomoda. Regina se ve un poco vulgar, de aquellas personas que le faltan algunas clases de modales. Además, sé que la palabra amiga sí fue mera cortesía de Damián—, frente a ella y a tu lado está Jordan, trabaja para nosotros desde que es un niño. Es como un hermano para mí. —Me alegro demasiado de que estés aquí. Damián hablaba mucho de ti. —Gracias Jordan, espero que cosas buenas. —¡Por supuesto! —contesta—, literalmente el chico solo hablaba de ti —en la mesa solo se escuchan risas, excepto por el chico frente a mí. —Solo que olvidó contarnos lo pequeña que es —su voz es un poco gruesa y sofisticada. Como si hablara en otro siglo. —No seas un hijo de puta, Alex —le contesta Damián. Alex, en cambio, saca un cigarrillo de su empaca, lo enciende y comienza a fumar en la mesa. —Alex, fuma afuera. Eso es irrespetuoso —se queja el joven Jordan. —No soy pequeña, si te refieres a la edad —decido intervenir—, solo soy de estatura un poco más baja que él. —Sigues viéndote como una puta niña —me contesta luego de una calada. —¿Qué te pasa? —el chico a mi lado que sostiene mi mano con la suya suena realmente enojado con este imbécil que tengo delante. —Alex si no quieres que te meta el cigarro por el culo, apágalo o vete —todos en la mesa nos quedamos callados ante la amenaza del señor Miller. Alex apaga el cigarro con su pie mientras me mira. —Alex Monroe, un placer chiquilla —me dice. —Ignóralo —susurra Damián. —Jessica, Alex es un buen socio. Vive con nosotros y en general es un poco más amable —comenta David. —Tal vez olvidó tomar su pastilla. —Autch —Regina finge dolor al escucharme en una demostración de burla hacia el chico, quien solo me da una media sonrisa. No es una sonrisa sarcástica, puedo ver en su rostro que en realidad le divirtió lo que dije. —Bueno, creo que ya podemos empezar a comer… Estoy en la parte trasera de la casa. Damián tuvo que ir a hacer una entrega de su padre (supongo algún paquete blanco) así que decidí salir e intentar pensar un poco. No he sabido nada de mis padres, ni siquiera he prendido las noticias por miedo a ver una foto mía en los noticieros. Pienso en mi hermana y en mis padres, en qué pueden estar haciendo y qué pueden estar pensando de mí en este momento. Sobre todo, Jenn, debe estar rebuscando en su cabeza, repasando una y otra vez nuestra última o últimas conversaciones en un intento de saber, de solo saber por qué carajos no le dije, por qué carajos no confié lo suficiente en ella como para contarle. Incluso puede que esté pensando en por qué no la traje conmigo, en que la dejé abandonada, a su suerte y puede que tenga hasta razón. Mi padre en cambio, sobre todo mamá, deben estar buscando la manera de sobrellevar esto, de lidiar con sus sentimientos, la prensa y la sociedad en general. Quisiera haberles podido decir, pero sé que no estaría aquí ahora de ser así. —¿Quieres uno? —me sorprendo en cuanto escucho esa voz. —Sí, claro —Alex me tiende un cigarrillo y un encendedor. Lo coloco en mi boca y lo enciendo. Le doy una calada larga y expulso el humo. —Damián no tarda, si eso es lo que te preocupa. —No estoy preocupada por nada. —¿No estás preocupada por nada? —se apresura a contestar—. Lo veo en tu rostro, claro que lo estás —saca otro cigarro para él y lo enciende. —Como digas, se ve que nunca pierdes en una discusión. Que nunca das el brazo a torcer. A mi padre le encanta debatir con las personas como tú, le divierte, incluso creo que es su hobby. —Así que no solo pareces una chica sofisticada y de buena familia, lo eres. —¿Y desde cuándo tú sabes cómo se ve o actúa una chica de buena familia? —Pues… yo también soy de buena familia —contesta. —Tus padres, si es que es cierto, son de buenas familias. Los míos igual, no nosotros. Nosotros solo somos… el resultado de una unión —contesto sin mirarlo, pero él si me está viendo a mí. Lo siento, lo noto. —¿Cuántos años tienes, Jessica? —¿En serio quieres saber eso? —lo observo y Alex asiente—, quince —él levanta las cejas sorprendido. —Y huiste de casa… ¡vaya! —deja caer el cigarro, lo pisa con su bota e intenta irse. —¿Vaya qué? —pregunto haciendo que se detenga. —Que debes tener muchos huevos para huir de casa a los quince, ¿crees que no lo sé? Damián solo se lo dijo a su padre, pero es evidente. Tus padres no sabes que están aquí. —Tú no me conoces… —No, pero a este mundo sí y sé lo que verás no te va a gustar ni un poquito.
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