015.

2836 Palabras
— ¡Hola, Sunghee!— Jungha prácticamente corrió al auto de Sungjun.— ¿Cómo has estado? — También existo.— Habló desde lo lejos Sungjun. Jungha levantó su vista, Sungjun abría la puerta trasera del Jeep. Sunghee asomó su cuerpo y visualizó la mochila de Jungha en la puerta principal de su casa. — ¿Te estás yendo con tu papá? — Recuerda que los sábados es cuando cambio de casa. — Lo sé.— Tomó una bocanada de aire.— Pero cuando vienes para acá, sueles llegar en la noche y cuando te vas para allá, lo haces muy temprano. Jungha hizo una mueca, no sabía que responder, así que terminó asintiendo. Ambas fueron con Sungjun y le ayudaron con las compras. — ¿Adónde fueron?— Preguntó. Sungjun la miró irónico y después sonrió con burla. — Sabes muy bien a donde. Costco. Todos los sábados, Sungjun y Sunghee iban a esta multitienda a hacer las compras de la semana. Jungha los acompañaba siempre; pero lo había dejado de hacer hacía un mes. Era como una costumbre y ahora se sentía un poco mal por haberla dejado de lado. Entraron a la casa justo después de que Sungjun asegurara el Wrangler, adentro Sunghee y Jungha se encargaban de dejar las compras en su lugar. Sungjun las observaba, sentado en la isla de mármol que estaba en el centro de la cocina. — Hey...— Llamó a Jungha. Ella se giró a verlo y Sungjun sonrió al verla con su cereal favorito, ella sabía donde iba. Ella pertenece aquí.— ¿Tienes planes hoy? Jungha infló sus mejillas y asintió. — Sí. — Oh... Nos juntaremos en la casa de Minsoo. — No recordaa a Minsoo.— Soltó en broma, pero al ver que Sungjun no se rió, ella se puso roja por su patético intento. — No recuerdas a nadie.— Acusó.— Últimamente estás con tus amigos nuevos. No de nuevo... Jungha miró a Sunghee, con la esperanza que no estuviera siendo afectada por esa conversación. Afortunadamente estaba concentrada viendo un vídeo de BLACKPINK que pasaban en la pantalla colgada en una de las paredes. — Me tengo que ir. Sungjun saltó del mármol, poniéndose frente a Jungha. — ¿Por qué?— Desde afuera se escuchó un motor rugir. Sungjun disparó sus ojos a la ventana que daba vista a la calle y visualizó al Mustang n***o acercándose.— Fantástico. Jungha lo miró con pena en sus ojos, pero no dijo nada, se corrió a un lado y fue con Sunghee. — Hee, ya me voy. — ¿Hoseok vino por ti? Una risa tonta salió de la boca de Jungha y asintió con una sonrisa. Hoseok, ¿qué me has hecho? Sungjun lo observó todo y sabía que tenía que hacer algo rápido antes de que Jungha cayera en el amor completamente. Ella no se había comportado así, como una completa boba chica enamorada, ni siquiera cuando fue su novia. — ¿Cómo lo sabes? Ambas iban a la puerta, Sungjun las seguía. — No siempre se escuchan autos así en esta calle. Jungha sonrió. Salieron de la casa. Jungha saltó las escaleras de la entrada, aterrizando en el jardín de su madre y corrió a la puerta, lista para recoger la mochila que había dejado tirada inconscientemente. Quería subir ya al auto de Hoseok. El cual estaba estacionado entre las dos casas. El castaño bajó del auto y lo primero que hizo fue sonreírle a Jungha, ella hizo lo mismo. — ¡Hola, linda!— Le gritó a Sunghee. Sunghee agitó su mano, saludando a Hoseok. El pelinegro y el castaño hicieron contacto visual por un segundo, pero Hoseok al sentir la presencia de Jungha acercándose, la miró y rodeó el carro para abrirle la puerta. — Tan sólo estamos yendo a la casa de mi papá.— Se burló ella. — Déjame ser, Junie. Ya adentro en el auto, Jungha esperó que Hoseok lo encendiera para bajar la ventana y despedirse de los Park. Literalmente cinco segundos después estaban saliendo del auto, Jungha le indicó a Hoseok que estacionara el Mustang afuera de la cochera, que no estorbaría . Adentro, los esperaba el olor de un delicioso guisado. Era la primera vez que Hoseok entraba a la casa de Jungha. Bueno, esa casa. — Huele bien. — Apuesto que es Youngmi.— Comentó la castaña. Hoseok la miró perdido.— La novia de papá. Y Hoseok sonrió por el simple hecho que el hombre había seguido con su vida. Si fuera su caso, él lo haría. El padre de Jungha salió del salón principal de la gran casa y les sonrió a ambos. La casa era muy bonita, un poco más pequeña que la de la madre de Jungha, pero aún así una mansión. Estaba situada en una pequeña colina que subía desde la casa de la mamá de Jungha y terminaba en la casa del señor Jung. Para llegar a la puerta principal tenías que subir varias secciones de escalones las cuales formaban un camino, a los lados jardines muy bien cuidados. A unos metros de la entrada estaba la cochera, de dos grandes puertas eléctricas, con pequeñas ventanas en la parte superior, del lado contrario, estaba el pasillo que daba al patio trasero. Yéndonos al interior, la casa era de dos plantas, un sótano y el patio. La planta baja estaba dividida en cuatro secciones: el vestíbulo, donde siguiendo la larga alfombra llegabas a las escaleras caracol de cristal. La sala, con un elegante y moderno juego de sillones, con una fogata artificial y un estante con libros. El comedor, la mesa era tan largo como la de la última cena y de un costado estaban las puertas de principal que daban al patio. Y la cocina, la cual tenía lo sufiente para que un chef profesional trabajara sin problemas, además, había un pasillo que te conducía a la cochera y lavandería. En la planta alta estaban las habitaciones, la sala de estar y múltiples baños. Había tres balcones: uno con vista a la calle principal, el otro en la habitación de Jungha y el último que tenía vista al patio. El patio era perfecto para una fiesta; eso pensó Hoseok. Tenía su piscina, asadero y bonitos muebles de jardín, además de un extenso terreno verde. Y también estaba el sótano, donde había un almacén con las decoraciones y ese tipo de cosas que se guardan, y una reserva de alcohol del papá de Jungha. Y cómo olvidar el cuarto de juegos, pero para llegar a eso tenías que pasar por la cochera. Así es, Hoseok aún trataba de asimilar que Jungha viviera en tal lugar. Porque ni hablar de la casa de su madre. — Escuché que vas a enseñarle a conducir.— Señaló Yongjae. Hoseok sonrió nervioso.— ¡Ya era hora!— Se expresó hacia Jungha esta vez. — ¡Papá!— Regañó ella y rodó los ojos.— No empieces. En serio. Yongjae ignoró a su hija, la cual prefirió ir a la cocina. — La verdad te lo agradezco.— Hizo un movimiento de cabeza, indicando que lo siguiera y así lo hizo.— Debido a mi trabajo, no tengo tiempo para esas cosas. — Lo entiendo.— Hoseok suspiró. Más o menos fue así con padre. — Me gustaría hacerlo, eso y  más pero...— Dejó la frase en el aire.— ¿Cómo has estado chico? Hablar con el padre de Jungha aún lo intimidaba, no al punto de darle miedo, sino que, sentía que tenía que pensar lo que iba a decir y cuidar lo que saldría de su boca. — ¿Hoseok?— Jungha asomó la cabeza por la puerta.— ¿Ya? Su padre rió por la impaciencia de su hija. Miró a Hoseok y sonrío. — Ve. Hoseok entró de nuevo a la casa, siguiendo a Jungha. Pasaron por las tres secciones anteriores a la cocina, donde de encontraron a Youngmi, una mejor en su etapa de los cuarenta con apariencia saludable y muy linda. Hoseok hizo una reverencia y siguió caminando. Entraron por el pasillo en donde había dos puertas, una que daba a la cochera y otra al patio. Salieron por la primera, entrando a la cochera; había tres autos: Mercedes G-Class SUV, Mercedes AMG GT y Mercedes S63, y dos cuatrimotos. También, en una de las paredes, estaba un equipo básico de herramientas de carrocería. — ¿Son de tu padre?— Hoseok estaba anonadado viendo las herramientas. — Sí, pero no las usa. Siempre lleva los autos a la agencia o el taller. Hobi se ofendió ligeramente y Jungha rió por tal expresión. — Mierda.— Maldijo en voz baja.— Yo les sacaría tanto provecho. — Puedes tomarlas prestadas. Digo, no habría problema alguno en eso. El castaño sonrió agradecido a pesar de que no tenía la intención de tomar esa oportunidad y usarlas. Jungha fue al tablero donde estaban todos los juegos de llaves y tomó el que estaba colgado en el centro con un llavero púrpura, seguido presionó los interruptores de las puertas eléctricas y una de ellas empezó a abrirse. — ¿Qué haces? — Toma.— Lanzó el mazo, Hoseok lo atrapó en el aire y volvió a verla en busca de alguna explicación.— Son las de mi auto. Hoseok ahogó una risa, viendo aquella situación de una manera irónica. — ¿Tienes auto y no sabes conducir? La castaña se encogió de hombros. — Mis padres son precavidos. Hoseok presionó los botones y las puertas del S63 se desbloquearon. Abrió la puerta del piloto y echó un vistazo al interior. Mierda, al señor Bae le gusta lo caro. Una sonrisa burlona adornando su rostro. Ahora estaba jodidamente emocionado. Cerró la puerta y puso los seguros de nuevo, se acercó a Jungha, muy cerca, ella lo miró confundida. — Cierra la puerta. No usaremos tu auto. — ¿Uh?— Ss cruzó de brazos.— ¿Hay algún problema con él? — Es un grandioso auto y muy caro... Jungha ignoró lo de caro. La verdad no tenía ni idea sobre autos. Sin embargo, Hoseok dijo grandioso y eso es bueno.— ¿Entonces? — Es automático.— Aclaró. Junie lo siguió hasta la puerta. — Y eso significa... — Significa que aprenderás a conducir en el Mustang. *** Los nervios estaban que se comían a Jungha. — Uhm, ¿lo enciendo? Hoseok soltó una risita y negó. Ella estaba temblando en su asiento y no sabía si eso era jodidamente tierno o condenadamente sexy. — No tan rápido. Hay cosas que tienes que saber antes. — Okay... — El auto eres tú. Tú eres el auto. Si lo tratas bien, él te tratará bien. Jungha rió por lo bajo al ver como Hoseok pasaba sus manos con cariño sobre el tablero. — Hoseok, ya entendí. — El sentido más importante es la vista y no me alegues.— La señaló.— Lo es y ya. Ahora, ¿dónde están tus ojos? Jungha se perdió. — Eh... Aquí.— Señaló sus esféricos. — Error.— Hoseok se acomodó en el asiento.— Tienes cuatro pares. Esos.— Apuntó sus ojos.— Espejo izquierdo. Espejo retrovisor. Y espejo derecho. Ahora Jungha lo comprendía. — ¿Tengo que tener mis ojos siempre atentos, no? — Exacto.— Sonrió.— Ahora, tus pies. La mirada de Jungha bajó a los tres pedales. Oh mierda... — Se ven difíciles. — No lo son. A menos que quieras que lo sean. El de la izquierda es el embrague, o clutch, él es el más importante, ya que con él sirven los otros dos. El del centro es el freno. Y el de la derecha, el acelerador o gas. Jungha estudió los tres y asintió. — Y esos son los cambios.— Señaló la palanca de cambios. Jungha tuvo un flasheo de Hoseok tirando de esos cambios cuando conducía.— Justo ahora está en neutral, o sea, en punto muerto.— Hoseok tomó la mano de Jungha y la puso sobre la palanca, sin soltarla, empujó la palanca para arriba en dirección a la derecha.— Esa es la primera velocidad.— Tiró para abajo.— Segunda.— Y siguió mostrándole cada punto. — Creo que lo tengo...— Murmuró. — Bueno, hora de empezar.— Hoseok sonrió emocionado.— ¿Qué haces?— Le preguntó a Jungha al verla sacar su celular y comenzar a fotografiarlo.— ¡Yah! — Tengo que capturar este momento, ¡tranquilo! — Okay, por lo menos captura una buena.— Se quitó el cinturón y se estiró a Jungha, pegando sus labios a la mejilla de ella.— Tómala.— Insistió. Jungha disparó una gran sonrisa y justo cuando la foto se tomó, Hoseok cambió su pose y literalmente lamió su mejilla. — ¡¡¡Hoseok!!!— Gritó entre sorprendida, molesta y asqueada. Aunque al verlo estallar en risas, ella lo hizo también.— Te pasaste. En serio. La otra iba a ser una foto super linda. — Bueno, ahora tienes una épica.— Se encogió de hombros.— Toma el volante. Jungha lo tomó, soltó un fuerte suspiró y asintió para sí misma. — Ahora, comprueba que la palanca de cambios está en neutral.— Jungha lo hizo, poniendo la palanca en el punto muerto.— Pisa el freno y enciendelo cuando te sientas lista.— Animó con una cálida voz. La mano de Jungha tomó la fría llave y después de acostumbrarse a ella por tres segundos, la giró, sintiendo como el motor del auto cobraba vida. El temblor de la maquina llegaba hasta sus piernas y su pie vibraba sobre el pedal. Sonrió. Ella de verdad había hecho eso. Hoseok, por su parte, había presenciado lo mejor de su vida hasta el momento. Su chica en su Mustang. Sus dos cosas favoritas en el planeta a punto de convertirse en uno mismo. — Pisa el embrague.— Indicó él, Jungha así lo hizo. Sus nudillos estaban blancos de lo fuerte que estaba apretando el volante.— Cuando vayas a acelerar, pisa el gas a la vez que quitas el pie del embrague.— Jungha asintió. Puso la marcha en primera e hizo lo que dijo Hoseok. Y el carro avanzó. — ¡¡Oh por Dios!! ¡Se está moviendo, se está mo...— Cerró su boca de golpe cuando el carro murió de un segundo a otro. Se había apagado.— ¡¿Qué pasó?! ¡¿Lo descompuse?! Hoseok empezó a reír fuerte al verla tan asustada y negó con la cabeza y manos mientras luchaba con su ataque de risa. — Si no haces el juego de pedales correctamente, eso pasa.— Dijo ya más calmado.— Es normal, no te preocupes. Venga, otra vez.— Jungha asintió, puso el cambio en neutral y encendió el auto. Suspiró, hizo los cambios y subió a primera, un poco más confiada.— Ahora, mete segunda. — ¿Qué? — Hazlo, Jungha. Apretó el volante, pisó el embrague, bajó la palanca y pisó el gas. El Mustang volvió a apagarse. — Pe-pe-pero... ¡Lo hice bien! Cambios, embrague, gas. — Tranquila. Debes tratar al gas igual como trataste al embrague. Si lo haces despacio, despacio tiene que ser la segunda vez. Jungha lo comprendió. Hoseok en las carreras hacía el juego de pies de manera hábil y rápida, pero igual con los dos pedales. Concéntrate, Jun. — Okay. De nuevo. Encendió el auto de una manera diferente. Ya no tenía miedo, tampoco estaba confiada, pero quería hacerlo. Hacerlo realmente. *** — Entonces pasarás por mí en la noche, ¿no?— Jungha estaba exhausta en su asiento habitual, el asiento copiloto. Le gustaba más ahí, no era porque había odiado las horas de aprendizaje, sino que prefería ver a Hoseok conduciendo a que él la mirara a ella. Estaba segura que Hoseok lucía mil veces mejor que ella al volante. — Claro que sí, nena.— Ya andaban por la calle de su casa. El auto se detuvo frente a la cochera de los Bae. Jungha abrió la puerta. — ¿Seguro no quieres quedarte a comer? — No quiero ser una molestia.— Su bolsillo vibró, Jungha estaba en el proceso de bajarse así que se permitió leer el mensaje de Kangmin. Smash Up en 45. — No lo eres.— Dijo.— Pero bueno, por tu cara creo que tienes algo que hacer. — Ehh, voy a juntarme con los chicos en un rato. Pero estaré aquí temprano, no te preocupes. — Bien.— Jungha sonrió. — Espera. Hoseok salió del auto sin molestarse de apagarlo y cerrar la puerta, rodeó la maquina y al estar con Jungha, la besó. Ella sonrió a la mitad del beso, pero lo siguió. — Vete ya. Los chicos te esperan. Contra todas sus fuerzas, Hoseok se separó y volvió al auto. — Te veo en la noche, Junie.
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