Dime cuando estés por llegar.
Hoseok sonrió al leer el mensaje recién mandado por Jungha, texteó rápido la respuesta y guardó el celular en el bolsillo de su abrigo.
Estoy en camino a la puerta.
Aún le quedaban metros por caminar, ya que había tenido que estacionar el auto como a dos calles de distancia. La fiesta era importante al parecer, mucha gente había asistido. Fue la primera vez que Hoseok caminaba a una fiesta y la música no se escuchaba desde afuera. Y también fue la primera vez que una hermosa chica lo esperaba en la puerta.
Jungha sonrió al verlo, pero se mantuvo quieta al ver que Hoseok no subió los escalones de la puerta, él se quedó parado ahí en el mármol, sin decir ni hacer nada, sólo mirándola como si estuviera perdido en su mundo.
Él no pensó, simplemente actuó.
— ¡Oh mierdaaa!— Levantó sus brazos para expresarse mejor, los llevó tras su nuca y apretó aquella zona.— ¡¿Estás de joda, no?!— Jungha se rompió a reír y realmente no le interesó que los de adentro escucharan.— ¡Es que no puedo creer que esta hermosísima chica sea mi cita!— Siguió, y por motivo alguno miró a todos lados.— ¿Dónde están las cámaras?
Fue entonces que Jungha supo que el pasar horas con las estilistas de su madre había sido un buen sacrificio. Hoseok estaba fascinado, eso le importaba a Jungha. No era fea, lo sabía, sin embargo, nunca antes le había importado el que dirán, pero ahora con Hoseok, por muchas razones quería estar siempre bonita y sorprenderlo, aunque sabía que Hoseok estaría conforme incluso con unos jeans y blusa, ella quería sacar provecho.
— ¡Basta!— Jungha habló como pudo, no dejaba de reír.— Ven aquí, hace frío.
Hoseok subió todos los escalones de un salto, eran tan sólo cuatro. Su mano rodeó la pequeña cintura de Jungha y le sonrió.
— Puedo abrazarte si quieres.
— Arrugaré tu traje así que no, pero aprecio la oferta.— Comentó ella con diversión.— Te ves muy bien.
Hoseok negó con la cabeza frenéticamente.
— Me veo como Shrek a tu lado, nena.
Jungha no pudo ocultar la sonrisa al escucharlo llamarla "nena".
Es decir, Hoseok era atractivo y ardiente, llevaba puesto un elegante esmoquin que lo hacía ver tan guapo como el infierno y la había llamado "nena", más el hecho que la tomaba por la cintura, ¿cómo no iba a morir por dentro ante eso?
— Iba a decirte algo parecido.
— Debería ser ilegal que una chica tan hermosa como tú se vista de esa manera. Apuesto que no soy el único dañado esta noche.
— Bueno, a papá casi le da un infarto al ver que la espalda es totalmente descubierta.
Jungha rió, pero Hoseok tragó un fuerte nudo en la garganta. Ahora lo único que quería era entrar para que Jungha se quitase el abrigo que la protegía del frío. En verdad el vestido era hermoso y ella lo hacía lucir de una manera espectacular, lo supo cuando por fin ella le había entregado el abrigo a la persona que los estaba recibiendo en la entrada.
Era de un color rojo oscuro, de delgados tirantes y un escote apropiado pero atrevido a la vez, estaba ajustado hasta la cintura y el resto de la tela caía como cascada hasta sus pies, con una apertura que dejaba a la vista un poco de su pierna y cómo olvidar la delgada espalda donde Hoseok notó dos lunares atractivos que le gustaron. Jungha llevaba tacones, pero aún así seguía siendo más bajita que Hoseok y eso era bueno para ambos.
Él portaba un elegante traje el cual Jiwoo le había escogido, ya que Hoseok quería comprar uno totalmente n***o y sin chiste, pues no. El saco y pantalones eran de un gris oscuro casi n***o, el chaleco de un gris más claro haciendo contraste y la camisola blanca y de seda, la corbata era gris con pequeñas costuras guindas y sus zapatos eran tan brillantes que casi notabas tu reflejo en ellos.
— Disculpen, ¿les puedo tomar una fotografía?— Un chico joven se acercó, portaba una cámara profesional y les había hablado de una manera amable.— Es para el periódico.
— Oh...— Jungha miró a Hoseok, él sonrió y la abrazó por la cintura, pegándola a él.
— Claro.— Dijo Hobi con una sonrisa.
Posaron frente a la cámara, el flash los iluminó, el chico tomó una más y quedó mucho más que conforme.
— Gracias.
— A ti.— Hoseok lo detuvo, tirando de su saco.— ¿Me las podrías mandar?
— Serán publicadas en el sitio web también.
— Oh, de acuerdo.
Hoseok y Jungha caminaron por la fiesta. Era en la casa de la madre de Jungha, la cual era mucho más grande de lo que parecía por fuera. Había un poco más de cien invitados, obviamente todos de familias ricas y se veían tan elegantes que podían intimidar a cualquiera. El salón era gigantesco, ahí estaba una banda sonora, algunas personas bailaban, otros estaban sentados en sus respectivas mesas o se repartían en zonas como el salón, comedor y vestíbulo.
En el transcurso, Jungha se detenía para saludar a los invitados y Hoseok le seguía la corriente. Unos eran falsos, otros verdaderos o muy cariñosos. Aún así, Jungha sabía llevarlo. Estaba acostumbrada.
— ¿Sólo hay champán?— Hoseok le preguntó cerca de su oído.
— Lamentablemente.
Hoseok observó que una señora mayor se acercaba a ellos y supuso que era para saludar a Jungha.
— Ya vengo.
Se alejó, caminando a donde suponía que era la cocina. Por las puertas salían y entraban meseros, algunos con charolas llenas de copas, otros con pequeños bocadillos. Hoseok esperó paciente hasta que miró salir a uno más o menos de su edad.
— Oye, pingüino.— Lo llamó. El chico frunció el ceño.— Tranquilo, estamos del mismo bando.— Sonrió, palmeando su espalda.— Necesito que me hagas un favor.— Y pasó la pequeña botella de vodka que tenía en su bolsillo al bolsillo del chico.— Sírvelo en dos copas y me buscas.
El chico sólo asintió y Hoseok volvió con Jungha.
— ¿Qué hiciste?
La señora con la que estaba recién se iba.
— Nada.
Más personas acercándose.
— Ustedes lucen ardientes juntos.— Dijo aquella persona. Ryumi.
Hoseok sonrió orgulloso, reposando su mano en la parte baja de la espalda de Jungha.
— Es inevitable.— Corroboró él.
— Me gusta tu confianza, Hoseok.— Ryumi sonrió.— Me voy, papá quiere que baile con él. Los veo más tarde.
Ellos iban irse a su mesa, pero el mesero de Hoseok se acercó, él visualizó rapidamente las dos únicas copas que no tenían líquido amarillento y las tomó, ofreciéndole con una sonrisa a Jungha una de las copas. Ella la tomó y dio un pequeño trago.
— Oh, no lo hiciste...— Dijo sorprendida. Hoseok sonrió con maldad.— Mamá me mataría si lo supiera.— Y por un segundo Hoseok pensó que Jungha devolvería la larga copa, pero sin embargo dio otro trago y más largo.— Vamos.
Unieron sus manos y sin más interrupciones de gente saludando, llegaron a la mesa donde se sentarían esa noche, la cual compartirían con ocho personas más. Entre ellas, un señor los miró, después sus manos juntas, luego a Hoseok, a Jungha y de nuevo la unión de manos que mantenían. Los estaba estudiando y su mirada intimidaba a Hoseok de una manera. Jungha bufó a su lado.
— Para.— Le dijo.— Papá hablo en serio.— Dijo y miró a Hoseok.— Él ya sabe de ti, sólo quiere asustarte.
Y entonces el señor repitió la acción de su hija, bufó.
— Arruinas mi papel de padre sobre protector, Jungha.— Ella negó con la cabeza divertida.— Un gusto.— Le habló a Hoseok, él sonrió nervioso e hizo una reverencia, incluida a todos en la mesa.— Soy el papá de Jungha, Bae Yongjae.
— Hola, un gusto.— Hoseok sonrió un poco más confiado.— Jung Hoseok.
Yongjae no lo dijo, sin embargo Hoseok recibió el mensaje de su mirada el cual decía -si lastimas a mi hija te irá mal-, y eso le gustó.
Tomaron asiento y comenzaron a charlar con la gente de la mesa, pero de un momento a otro se centró más en aquellos tres, Yongjae quería conocer a Hoseok y por la información que pudo obtener, le había agradado, pero le había agradado más la actitud de su hija teniéndolo cerca. Hacía años que ella no sonreía realmente divertida.
Hoseok se pudo abrir oralmente más de lo que pensó que podría. El padre de Jungha era un buen tipo, severo cuando tenía que serlo, serio en las ocasiones que se acreditaba y con buen sentido del humor cuando estaba feliz y cómodo. Incluso llegaron a hablar de autos.
— Sabes, yo solía tener un Mustang del 67.— Comentó él, tomando su quinta copa de champán.— Un auto muy bonito...
— Una belleza.— Corrigió Hoseok.— De verdad, amo los Mustang. Soy fanático.
Los meseros se prepararon para servir la cena, todos estaban en sus mesas y en unos minutos cada persona tenía su cena servida. Hoseok no hizo más que imitar lo que todos hacían con las servilletas y cubiertos.
— Oh no...— El padre de Jungha maldijo por lo bajo.— La bruja viene en camino.
Hoseok y Jungha rieron por lo bajo al escucharlo y no supieron a que se refería hasta que una mujer de la mesa principal se ponía de pie con su copa en mano.
— Diablos...— Hoseok murmuró.
Literalmente estaba viendo a Jungha con pasados cuarenta años pero con apariencia mucho más joven. Era guapa, elegante, fina y todos los adjetivos referentes. Hermoso cabello n***o hasta los hombros, delgada y con autoridad.
— Ella es la bruja mejor conocida como mi madre.— Le aclaró Jungha.
— Bienvenidos sean todos.— Habló y pronto todos los invitados dejaron de comer para prestarle atención a la anfitriona.— De verdad estoy muy agradecida por el hecho que hayan asistido...— Y el discurso que seguramente estudió fue recitado de una manera impecable.— Feliz Navidad a todos.
¿En qué momento se hizo media noche? Hoseok no lo sabía, pero justo ahora se encontraba abrazando a Jungha y maldición, ella se sentía tan bien en sus brazos que no la quería soltar por nada del mundo, a pesar de que su papá la quería abrazar también, Hoseok tuvo que ceder a soltarla sólo por eso.
Sin embargo ella volvió con él justo después de abrazar a su padre.
Y Jungha iba a hablar, pero... No esta vez no me ganarás, Junie.
Hoseok la apretó y habló susurró sobre su oído:
— Sé que aún no es Año Nuevo, pero espero aún así espero que ese año nos conozcamos más. Gracias por llegar este último mes, has cambiado mi vida aunque no pareza y, y, y... Feliz Navidad, Junie.
Ella alejó sus rostros sólo para mirarlo. Ambos sonreían, sonrisas sinceras.
— Feliz Navidad, Hobi.
Tomaron asiento de nuevo y se encargaron de terminar su cena. Bebieron una copa de champán más junto al papá de Jungha y entonces Hoseok la invitó a bailar.
When a Men Loves a Woman de Michael Bolton estaba siendo presentada por la banda. Había varias parejas bailando, Hoseok decidió en llevar a Jungha hasta el centro del salón y de todas las personas que bailaban. La tomó de la cintura, pegándola a él, seguido ella llevó sus brazos sobre los anchos hombros de Hoseok y los cruzó. Hoseok empezó a hacer una parodia de la canción, ella rió, hasta que Hoseok se puso serio y entonces sus frentes estaban juntas, ella sonreía, él también, sus cuerpos se movían al compás y al ritmo de la música y lo único que querían es que aquel momento fuera infinito.
— No puedo creer que esté bailando con el chico que me dio un aventón.— Dijo Jungha, riéndose de la situación actual.
Hoseok sonrió más que feliz.— Yo no puedo creer que esa bella chica me haya aceptado el aventón.
La canción se acabó y ellos se retiraron, con esa canción había sido suficiente.
— Vamos a afuera.
Hoseok tan sólo siguió a Jungha, quien se encargó de conseguir los abrigos antes de salir al patio trasero. Era lindo, con arbustos bien cortados y toda esa mierda de patios lindos, con luces y decorativos.
— ¡¡Hace mucho frío!!— Chilló Hoseok.
Jungha se rió de él y lo siguiente que hizo fue esconder sus manos en los bolsillos para calentarlas, mirar el agua tranquila de la piscina y dar un fuerte suspiro. Necesitaba salir de ese ambiente un rato.
— Hoseok, ¿si me tiro al agua, te lanzas por mí?
Él llegó a su lado, chocando pecho con espalda.
— Mmh, si fueras alguien más, no, el agua está jodidamente congelada. Sin embargo, eres tú, y si en este momento me dices que salte, lo hago.
— No te creo. Pero, es lindo de tu parte.— Se burló.
— ¿En serio no me crees?— Caminó a la orilla de la piscina y ahí se mantuvo, tambaleando su cuerpo un poco.— De verdad que necesitas conocerme. Un invierno como este, fui con mis amigos a las montañas para esquiar— Rió antes de terminar la historia.— y no sé cómo, pero Kangmin, Jimin y yo terminamos rodando por una para ver si hacíamos bolas de nieve con nosotros mismos... En ropa interior.
Jungha explotó en risas y se imaginó a tres idiotas rodando por una fría montaña, pero entonces sus risas cesaron al ver pequeñas cositas blancas caer, prestó más atención y seguido miró hacia el cielo, llevándose la sorpresa que estaba cayendo nieve.
— ¡Hobi, está nevando!
Hoseok la miró confundido y después volteó al cielo así como ella. La nieve caía lento y notó que Jungha estaba fascinada. Así que fue a su lado y la abrazó, ambos mirando sonrientes al cielo.
— Esto es genial.— Dijo él.— Hablo en serio, no podría ser mejor.
Ese invierno no había sido tan frío como se acostumbraba en Seúl, era la primera vez que nevaba en la temporada y era fantástico que lo hiciera en plena Navidad.
— Sabes, yo creo que sí...— Hoseok salió de sus pensamientos del clima al escucharla, miró hacía abajo, encontrándose con ella.
Jungha no lo miraba precisamente a él. Miraba sus labios.
Hoseok tragó duro y lo único que pudo hacer fue mirar los labios de ella de los cuales estaba más que ansioso.
Entonces se vino el contacto visual y...
Mierda.
Se fueron acercando, poco a poco, sin prisa.
— Creo haberte escuchado decir que no eras de las que besan en la primera cita.
Estaban tan cerca en ese momento que Hoseok casi se lo susurró en los labios.
— ¿Podrías recordarme cuál cita es esta?
Jungha encontró sus ojos y Hoseok se emocionó al ver el brillo de picardía en las pupilas de ella.
— La segunda.
Sus cabelleras con restos de nieve. Sorprendente un copo había caído en el labio de Jungha y Hoseok no podía esperar por quitarlo.
— Entonces no veo problema.
Estaban a punto, entonces...
— ¡Bae Jungha!
Sus cuerpos reaccionaron saltando lejos uno del otro por tal interrupción. Jungha se puso roja del coraje al ver a su madre, la persona que había gritado, parada en la puerta que daba al patio. Por parte de Hoseok, estaba enojado porque alcanzó a ver a Sungjun alejarse y perderse entre los invitados. Jodido soplón.
— ¿Qué pasa?— Preguntó Jungha, claramente enojada.
— ¿Puedes venir un momento?
— ¿Ni siquiera un "por favor"?— Jungha llevó sus brazos a la altura de su pecho, cruzándolos.
— Ven.— Replicó su madre con suma autoridad.
— Ve.— Hoseok la animó, haciéndola caminar.
Entonces llegaron a la puerta, junto a su mamá.
— Sólo tú.— Sentenció y tomó su muñeca, tirando de su cuerpo sin ningún cuidado.
Entraron a la oficina que tenía en la planta baja, Jungha la miró seria e intentó mantenerse firme ante la dura y severa mirada que su madre le daba. Ella no estaba contenta.
— ¿Quién es ese joven?
Jungha se quedó en silencio, pensando bien su respuesta.
— Hemos estado aquí toda la fiesta, si estás tan interesada, fácil pudiste acercarte y saludar.
— Cuida tu tono, niña.
Y Jungha bufó.
— Mamá, es tu fiesta. Deberías disfrutarla.
Pero su madre hizo de oídos sordos.
— Me han dicho que ese muchacho no es buena influencia, así que...
— ¡Oh por favor!— El enojo de Jungha volvió.— ¿Quién te lo dijo? Espera, déjame adivinar... El idiota de Sungjun.— Su madre la fulminó con la mirada al escucharla llamarlo así.— Mamá, créeme, el que no es buena influencia aquí es él.
Y era verdad, nadie conocía mejor a Sungjun que Jungha y él tenía muchos secretos. No era el ángel e hijo perfecto que aparentaba ser ante la comunidad.
— Sigue siendo mejor que el chico con el que estás.
Las manos de Jungha se empuñaron, furiosa por aquel comentario.
— Su nombre es Hoseok y no lo conoces. No puedes expresarte así.
— Me da igual.— Replicó, un poco más tranquila pero sin perder la autoridad.— No sé qué haces perdiendo el tiempo con personas así, teniendo a Sungjun.
— He superado a Sungjun ya.— Puso los ojos en blanco y soltó un bufido, realmente cansada.— Creo que tú deberías hacerlo también.
— No te quiero cerca de ese chico.
Sí claro...
— Lo siento pero...
— He dicho mi última palabra.
Y salió del despacho con sus aires de superioridad. Jungha no sabía si romper algo, patear el piso o gritar, tal vez las tres acciones, sin embargo se quedó congelada al ver a Hoseok parado en la puerta. Maldición, él escuchó todo. Y aún así, Hoseok le sonreía.
— ¿Sabes qué sería lo mejor en este momento?— Le preguntó tan normal, así como si no hubiera escuchado a su madre menospreciarlo.
Jungha tenía ganas de llorar. Era justamente lo que no quería que pasara, sin embargo pasó y ahora podía apostar que Hoseok creía que la gente adinerada era egoísta, ególatra y con altos aires superiores. No todos eran así, sin embargo su madre lo era y eso traería muchos problemas a futuro. Hobi entró, se acercó a ella, tomó su mano y volvió a sonreírle.
— ¿Qué?— Su voz salió quebrada.
Hoseok apretó el agarre.
— Maratón de películas navideñas.
Y fue así como terminaron en el cuarto de cine viendo todas las películas de Mi Pobre Angelito.