Los días sucedieron lentamente, tan nostálgicos como una tarde en otoño. Las hojas caían lentamente y Leo las observaba mientras soñaba despierto; recordando aquellos días donde solía jugar con su mejor amigo. Saltando sobre la hojarasca cuando eran niños. A veces se tiraban sobre ella y señalaban figuras en las nubes. Casi inconscientemente Leo se tendió sobre la grama y comenzó a mirar, como si volviera en el tiempo a través de sus recuerdos. Casi podía escuchar la infantil voz de Anthony en ese momento. — ¿Ves esa nube de ahí? –señalaba. — Eso creo –respondió Leo asintiendo. — Parece un avión –sonrió-, cuando crezca quiero conocer el mundo. Quisiera conocer otras culturas, otras personas… — ¡Pero entonces te olvidarás de mí! –interrumpió Leo enojado-, tendrás otros mejores amigos.

