Leo se encontró con los periodistas después de clases en la cafetería de la universidad; contó los pocos detalles que conocía del caso y les suplicó que por favor lo ayudaran. Él sabía que la noticia ya no era algo actual, habían pasado algunos días y, por ende, no estaba fresca. Pero también estaba consciente de que el morbo del ser humano no tenía límites, por lo que este tipo de homicidios igual llamaría su atención. Con la promesa de que harían todo lo posible por difundir la noticia, se retiraron del lugar dejando a un Leo ensimismado mirando hacia los jardines de la universidad. Recordando aquellos momentos donde el grupo de w******p era más activo que nunca y su amigo siempre los retaba por escribir tanto en horas de clase. Emitió un débil suspiro y reprimiendo sus lágr

