— Reconocer su cadáver fue lo peor que me pudo pasar –comentó la madre de Anthony entre sollozos-, no entiendo cómo alguien pudo hacerle esto a mi hijo, a mi pequeño. Él no era mala persona. — Claro que no lo era –le consoló la madre de Leo-, era un buen chico y quien le haya hecho esto va a pagar. Leo las observaba, con el grupete a ambos lados en completo silencio. Estaban en el velorio, la madre de Anthony había decidido que sólo sería un par de horas, no quería extenderlo. Tuvieron que hacerlo con el ataúd cerrado; el cuerpo estaba demasiado hinchado y magullado como para mostrarlo, no pudieron hacer milagros con el maquillaje. Todos querían darle palabras de aliento a la madre de Anthony, pero ninguno sabía exactamente qué decir, ni cómo actuar. No salían

