Dentro del auto, Leo sólo observaba por la ventana, su cerebro y emociones estaban apagadas, era como si actuase de forma automática. Era una fría mañana, como si un manto de tristeza hubiese cubierto todo el lugar por donde nuestro protagonista transitaba. No podía asimilar el hecho de no volver a ver a su amigo, a su mejor amigo, a su hermano que la vida le obsequió. Sentía como si lo estuviesen matando en vida, como si lo cortaran en miles de pedazos sin siquiera un poco de anestesia. Se sentía como si la vida estuviese empeñada en no mostrarle ni una pizca de simpatía, ni una pizca de compasión. Estaba solo, ahora sí se sentía jodidamente solo y abandonado por toda la esperanza que alguna vez lo inundó para llenar su mundo de colores. — Cariño –le llamó su m

