Angela me había conducido hacia unos muebles que había adquirido recientemente, con la intención de presentar algo nuevo ante la llegada de los Kumar y poder aludir a sus comodidades. Aquellos muebles eran los mismos en los que no se me permitía sentarme. No pude evitar fijar mi mirada en los muebles marrones adornados con detalles florales, lo que me llevó a recordar uno de los momentos incómodos que Angela me había hecho experimentar. —¿Qué haces sentado en mis nuevos muebles? ¡Párate, párate! Vas a ensuciarlos con tu cuerpo y el mal olor que te acompaña —me había gritado, eufórica al verme sentada en sus nuevos muebles, en los cuales, de manera inconsciente, había terminado tras sufrir un fuerte mareo debido al hambre que me aquejaba. Ante sus gritos, me vi obligada a levantarme rápid

