Pena

1407 Palabras

La reunión con Emiliano había terminado. Con un gesto sutil, él le hizo una seña a Alanís, un claro mensaje para que lo llamara. Era su forma de decir que la conversación no había terminado. Mientras nos alejábamos, no pude evitar sentir que el encuentro había sido más que una simple charla. Dentro del auto, Alanís no paraba de hablar. —No puedo creer lo imprudente que fui— dijo, con la voz llena de arrepentimiento. —Me siento tan apenada con él. Pero hay algo que me desagrada de él y no sé qué es. —Quizás es la pizca del amor creciendo en ti— comenté, en un tono jocoso. —No lo creo— respondió con un suspiro. —No se me hace nada atractivo y nuestras energías son bastante diferentes. —No hay que ser iguales para coincidir en el amor— le respondí, con una sonrisa. —Solo hay que apoyarse

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