La reunión con Emiliano se concretó en un bar que era una mezcla exquisita de licorería y cafetería. El lugar te robaba el aliento, con una sencillez que se entrelazaba con toques de glamour. El aroma a café recién molido, a pan tostado y el sutil matiz de alcohol te embriagaban, invitándote a disfrutar cada rincón. Alanís no quería bajarse del auto. Me miraba con una expresión de súplica, pero no cedí. —Me debes una— le recordé, refiriéndome a lo que había pasado con mi ex mejor amiga en la entrevista. —Así que no puedes negarte. Una vez dentro una mujer con cabellera ondulada, de tez clara y labios carnosos, se acercó a nosotros. Su ropa, un poco atrevida, me hizo sentir incómoda y puedo decir con certeza que no fui la única. —Mi nombre es Katy, soy la gerente de este lugar— dijo con u

