—Lo más que me duele es cómo esta niña nos usó a su conveniencia— mi mirada estaba clavada en Ángela, quien ahora se encontraba en el estrado testificando en mi contra, y sus lágrimas eran todo un espectáculo. —Yo quiero que se haga justicia. Confío en que los oficiales de este país no dejarán a una criminal impune; es mejor que sea enviada a su país. Menos ladrones para mi querida tierra. Sus relatos solo habían ido en una sola dirección: discriminación y odio hacia mí. No pude evitar pensar lo ciega que fui y en cómo pude aguantar dos años de aquello. Nick, que se encontraba a mi lado, no dejaba de apretar mi mano en modo de consuelo. Cuando fue el turno de mi defensa, mi abogado presentó mi caso con una elocuencia conmovedora. Describió el calvario que había vivido, el abuso, e

