La taza rota en el suelo era un presagio, un eco de la fractura que había ocurrido en mi corazón. Nick, con el rostro pálido, se acercó a mí. No había ira en sus ojos, solo una profunda confusión y un dolor naciente. Suspirando abatida, me dirigí al sofá, me senté con los brazos cruzados sobre el pecho, elegida, como si deseara desaparecer. — Nala... — la voz de Nick era un susurro, cargada de una pregunta silenciosa. Levanté la vista, mis ojos nublados por lágrimas no derramadas. — Lo siento, Nick — dije, mi voz apenas un hilo. — Lo siento mucho. Debería haberte dicho antes, es tan embarazoso que lo descubras de esta manera, ¿sabes? Eres mi amigo y has hecho tanto por mí, más de lo que nadie ha hecho jamás, por eso siento el deber de pedirte perdón por no haberte hablado de mi pasado y

