Capítulo 6. Conociendo la pasión

3521 Palabras
La película termina sin más emociones diferentes al terror y susto causado por la misma proyección, ella me abraza por la cintura y sonríe mientras caminamos fuera del cine, salimos en silencio, pero al cabo de unos minutos ella lo rompe: -        Estás muy callado, ¿Algo te molestó? La miro con extrañeza como si no fuera la misma mujer con la que entre que con la que salí, entonces le respondo: -        Estoy bien, es solo que me sorprendiste. -        ¿En buena o mala manera? -        En buena, definitivamente en buena manera. Sonríe y seguimos caminando, ella entonces comienza a contarme de sus amigas y de la última vez que había visto una película de terror, parecemos una pareja de enamorados, reímos, nos abrazamos, nos besamos, luego nos detenemos cerca de la entrada y le pregunto que si quiere tomarse algo: -        ¿Algo como qué? –Dice ella mirándome con picardía- -        Algo como un café o lo que quieras. -        Entonces que sea lo que quiera, vamos. Me agarra la mano y me saca del centro comercial, caminamos varias cuadras mientras charlamos y nos metemos a una cigarrería, entonces pide un par de cervezas las cuales paga ella, y nos sentamos en una mesa, luego me cuenta que hace rato no tiene novio, que cuando todo empezó ella estaba en el colegio, y tuvo un novio que ya había salido un año antes y que se enamoró perdidamente de él: -        Entonces un día accedí a estar con él, y después de esa noche desapareció, no respondía al celular, ni me daba la cara cuando iba a su casa, pensé que me había contagiado de algo y me hice todos los exámenes, gracias a Dios todo salió bien, pero no entendí nunca que sucedió, yo solo quería una respuesta, pero nunca me la dio, al mes me di cuenta que estaba embarazada, y no sabía qué hacer, me deprimí un montón así que deje de comer y perdí mucho peso, no hacía sino llorar, aun así le conté a mis padres quienes me apoyaron un montón, al principio cada vez que íbamos al médico era una ilusión, los exámenes del bebé salían bien pese al poco peso que ya tenía, y yo ya había empezado tratamiento sicológico, apenas tenía 18 años y no sabía muy bien que iba a suceder, pero algo empezó a pasar, de un momento a otro los exámenes empezaron a salir mal, al parecer mi cuerpo no le proporcionaba suficiente oxígeno al bebé y sobre el cuarto mes me dicen en el médico que mi bebé murió, me hicieron todos los procedimientos para sacarlo y me dijeron que a la próxima vez que quisiera embarazarme tengo que hacerme exámenes primero. Fue algo muy duro porque justo cuando había superado al padre biológico, y me estaba acostumbrando a la idea de un bebé, sucede que se muere, mi familia también quedó devastada, mis padres se volvieron más sobreprotectores, tuve que volver a sicología pero esta vez para asumir la pérdida del bebé, poco a poco lo fuimos superando, me inscribí en un instituto técnico, no, no el del estado. –Hace una pausa y me mira fijamente cuando realiza la aclaración, luego regresa a ver hacia algún punto en el horizonte, y continua – Terminé mi carrera, he tenido varios amigos pasajeros pero ya no me interesa tener nada realmente con nadie, los hombres son unos mentirosos y solo quieren una cosa, entonces me decidí a no comprometerme con nadie y gozar la vida cuando se dé la oportunidad, no la buscaré, ni buscaré a nadie, simplemente si se da lo disfruto y sigo, sino, sigo con mi vida, tengo buenas amigas y unos padres que me aman, lo demás no me importa. -        Te comprendo bien, pero tengo una duda. -        Dime -        En todo este tiempo ¿De verdad no te has vuelto a enamorar de nadie?, quiero decir, no pretendo que te enojes – Añado esto cuando veo que sube los ojos y los deja en blanco antes de contestarme – es sólo que ha pasado tiempo, y dices que lo has superado, pero si así fuera ya no estarías en plan de no volverte a enamorar. -        ¿Acaso eres un experto en el amor? -        No pero.. -        Entonces por favor no me digas lo que debería estar haciendo o no. -        De acuerdo, perdón, es sólo que tengo una historia también, pero yo si decidí volverme a arriesgar. -        ¿En serio? -        Si -        Cuéntamela. Mientras me pide que le cuente mi historia, levanta la mano, mira a la señora detrás del mostrador de la cigarrería y hace una señal con la mano como de una V con los dedos, lo que significa que pide dos cervezas más; voy a iniciar con mi historia, pero entonces ella me hace una señal de que espere con la mano y llega la señora del negocio con las dos botellas, recoge las vacías y pone las otras dos, Mariana saca el dinero para las cervezas y detiene mi mano cuando ve que yo también voy a sacar dinero, luego cuando recibe el cambio y quedamos de nuevo sólo los dos me dice: -        Tu pusiste el cine, yo pongo las cervezas y lo que viene vamos por mitad, ¿Vale? Asiento con mi cabeza y relajo mi brazo, ella entonces también me suelta y vuelve a pedirme la historia con una mano, mientras con la otra levanta la botella y poniéndola en sus labios, le da un buen sorbo. -        Yo también inicio en el colegio -        Normal -        Si, bueno, yo siempre he sido el callado del grupo, tenía pocos amigos, de hecho solo tenía uno, pero un día él consiguió novia y sin más se alejó de mí, yo nunca pude llevarme con la novia de él, no nos caíamos mal sólo nunca nos soportamos, entonces me quedé sólo y eso lo vieron los compañeros del colegio, se dieron cuenta que antes andábamos los dos, y después yo caminaba solo de regreso a la casa, y ya no iba a ninguna actividad del colegio, pero fue pasando el tiempo y un día una muchacha de un curso inferior al mío se me acercó, empezó a hablarme muy confianzuda y a abrazarme y demás, yo al inicio lo vi sospechoso, pero luego me fui acostumbrando, sin embargo entre más confianza tenía con ella, más me pedía. -        ¿Qué te pedía, sexo? -        No, ojalá, nunca llegamos a eso. -        ¿Entonces? -        Me pedía dinero…Al inicio eran solo cosas como un café o una cerveza, luego empezó a pedirme cosas más valiosas como un teléfono, unos zapatos, bolsos, en fin, pero no pasó mucho tiempo cuando me empezó a pedir dinero, empezó con diez mil y luego pedía más y más, de manera que casi todo lo que yo ganaba se lo daba a ella, y mi madre se dio cuenta porque pronto no tuve que darle y yo empecé a pedirle dinero también a mi mamá, pero entonces un día no tuve nada que darle y me amenazó con un puñal, me gritó y me hizo un escándalo tremendo, luego entonces se acercó a mí, se puso a llorar, me pidió perdón y me dio un beso, luego se alejó, y se fue corriendo, cómo en ese momento aún tenía el puñal en la mano, sin querer me cortó en la cara. – Señalo una pequeña herida que tengo en la mejilla izquierda de la cara que sale desde la mitad de la barbilla hacia adelante, Mariana me mira solamente y permanece en silencio - -        ¿Y qué sucedió? -        No la volví a ver, bueno, no directamente, a veces cuando estaba caminando por el barrio la veía acompañada de otros muchachos que normalmente eran los ladrones del barrio, algunos de ellos eran compañeros del colegio, sin mencionar que se corrían rumores que eran los que vendían droga, una noche hubo un alboroto en el barrio, las luces de varias casas estaban encendidas por partes, habían gritos y llantos, se escuchó una balacera y… -        Ah sí, ya recuerdo, la chica que encontraron en la casa del jibaro, los que mató la policía, ¿Era ella? -        Sí. -        Te entiendo bien, muy dura tu historia también. -        Si, al final nunca supe si en algún momento... -        Por lo que me cuentas al inicio ella no sentía nada por ti, luego creo que si, de lo contrario no tendrías esa cicatriz pequeña en la cara sino que la tendrías bien grande en alguna parte de tu barriga. -        Si, quizás tienes razón. -        Pero al menos te quisieron, a mí sólo me usaron. -        ¿Nunca volviste a saber de él? -        No de frente, así como tú lo vi de lejos un par de veces y la verdad ni siquiera me molesté en irlo a buscar o en hablarle ni nada, supe por chismes de mis amigas que hace poco se fue del barrio, pero igual no es algo que me interese en realidad. Nos miramos por un momento mientras terminamos nuestras cervezas, entonces ella me pregunta por mi familia, hablamos también de la suya y después de la tercera cerveza nos damos cuenta que comienza a hacer frio, entonces salimos caminando y en el camino compramos condones y decidimos a donde ir, luego de llegar pagamos la habitación y entramos, era un lugar con baldosas por todas partes en las paredes externas, en las paredes internas un edificio como cualquiera, las puertas de madera con una cerradura sencilla pero con seguro, una ventanita con puerta al lado de la entrada, luego un pequeño pasillo y a la izquierda la entrada del baño, el cual tiene una cinta de papel alrededor como indicando que está sin usar, una ducha amplia con un tapete antideslizante y puerta corrediza de vidrio, la cama es como cualquier otra, pero hay dos controles y un teléfono, al parecer sólo con levantar la bocina nos comunicamos con la administración. Mariana se sienta en la cama y coge los dos controles, activa uno y se enciende una radio debajo del televisor que está protegida por una malla pero no es visible, y el otro control enciende el televisor, al ver la pantalla hay una mujer besándose con un hombre mientras otro la penetra, entonces Mariana suelta en voz baja mientras sonríe: -        Bien, inspiración. Me ve a la cara y suelta una carcajada, entonces me dice: -        No me digas que no has visto porno. -        Debo reconocerte que no, la verdad sabía que es y que existía, pero no he tenido la oportunidad. -        Mentiroso, a estas alturas hasta en las novelas de la tele cada día se muestra más y se disimula menos. -        Pues no lo sé, no tengo tele, mi mamá no le gusta y la verdad casi no estamos en la casa, así que no tenemos tiempo para ver la televisión. -        ¿Pero sabes cómo hacer el amor? -        La verdad no, no sabía cómo decírtelo, pero no lo he hecho nunca en mi vida. -        ¿Y tú sólo? – Se me acerca bastante puedo sentir su aliento y su calor, comienza a acariciarme la espalda y termina la pregunta.- ¿Te has masturbado? -        Sí, eso sí, no lo hago seguido porque me siento como un perdedor, pero si, a veces lo hago. -        Genial, entonces quiero que me veas bailar y te masturbes para mí, mientras tanto. Entonces me agarra por la cintura y me arroja a la cama, ella apaga el televisor y busca una emisora en la radio con la música que le guste, después de un rato empieza a parecer aburrido estar solo cambiando emisoras, entonces la deja en un reggaetón y comienza a bailarme mientras se va quitando una a una cada pieza de ropa, con picardía me mira y ríe, me pide con un gesto de sus manos que también comience a quitarme la ropa, entonces le hago caso y con cada prenda suya, cae una mía. Muy pronto estamos ambos en ropa interior, entonces abre la boca en actitud provocadora, me mira desafiante y se desabrocha el brasier, en la radio ha cambiado la canción, no nos importa, no puedo dejar de mirarla, y ella sostiene su mirada en la mia, entonces suavemente desliza las tiras de su brasier por los brazos, finalmente lo deja caer y entonces puedo ver sus senos, son grandes y redondos, su areola es rosa y sus pezones están erectos, entonces se me acerca lentamente, siento su piel rozar la mia, un escalofrío recorre mi cuerpo, estoy definitivamente excitado, pienso en su belleza, en que quiero tenerla para mí, ella sin embargo no me besa ni nada, solo se limita a estar muy cerca y de vez en cuando nuestras pieles se tocan, luego me besa en el cuello y termino cayendo de espaldas en la cama, entonces se sube sobre mí y comienza a besarme el pecho, siento un calor que me recorre el cuerpo con cada beso suyo, y cuando llega a mi abdomen pasa su nariz por mi calzoncillo, sus manos se apoyan en mis muslos sale de la cama y me coge por las manos y me dice en un susurro: -        ¡Mastúrbate para mí! Se levanta y sigue bailando, cada vez más sexy, apaga la radio cuando comienzan los comerciales, la música está en su cabeza y yo sin escucharla siento que la escucho, se zarandea suave y se agarra la cabeza, el cabello, separa sus piernas y las recorre desde sus pies hasta su ingle, se toca sobre su panty y se nota una pequeña sacudida cuando pasa las manos sobre ella, sigue subiendo y se acaricia los senos, se agarra el cuello, y gime suave. Por mi parte he metido mi mano dentro de mis calzoncillos y estoy acariciando mi pene, subo y bajo la mano, me levanto un poco para bajar mi ropa interior un poco y liberarme de la prisión de tela que representa, entonces ella me ve y cuando comienzo a subir y bajar la mano me dice: -        Sigue, no pares hasta que sientas que te vas a venir, entonces te detienes. Yo solo asiento con la cabeza, estoy mudo con su belleza y sensualidad, ella se gira y sacude sus nalgas hacia mí, se agacha con las manos en la cabeza y apoyada solo en las puntas de sus pies, abre y cierra las piernas, veo como en su panty rosa se marca la humedad, luego cuando me detengo ella se acerca gateando hacia mí, recorre mis piernas y sube y me besa en el glande, pasa su lengua y recorre toda su superficie, entonces comienza a bajarse el panty, le queda en un pie y lo sacude para dejarlo caer totalmente, se incorpora totalmente y enciende la luz del baño, es la única luz en la habitación que ahora es oscura, busca su cartera y saca los condones, me mira y vuelve a acercarse lentamente hacia mí, su monte de venus está velludo, pero arreglado, como decorado, se asegura de poner una pierna delante de la otra, me mira como hipnotizada, se agacha sobre mi pelvis y agarra mis calzoncillos y los hala hasta sacármelos por los pies, entonces separa las piernas abrazando mis rodillas con las suyas, abre la caja de condones, saca uno y lo separa del grupo, lo rasga suavemente y saca el condón, lo aprieta en la punta y suavemente me lo coloca en mi m*****o, se asegura que baje lo suficiente hasta donde mi cara le muestra que me hace daño, entonces se sube a la cama sin alejarse de mi cuerpo y me besa en la boca, un beso apasionado con su lengua jugando con la mía, luego me susurra en el oído y se ríe mientras tanto: -        Recuerda esta sensación bien Niño. Quiero seguirle el juego pero solo puedo decir un débil: Si. Ella entonces se sienta sobre mi agarrando mi pene y poniéndolo en la entrada de su vulva, entonces cuando siento que entra hasta el fondo y ella gime suave y largo; luego comienza a moverse arriba y adelante, abajo y atrás, estoy al borde de explotar, pero ella apenas se agarra los senos y se pellizca sus pezones, se agita y se agarra el cabello, está enloquecida, se sigue moviendo y en un movimiento más ella grita y se deja caer sobre mí, simultáneamente yo me excito más con su grito y llego con ella, luego ella sigue jugando con sus dedos por todo mi cuerpo, me da besos en el pecho y me dice en un susurro: -        Gracias. Trato de contestarle, pero no se me ocurre nada para responderle, entonces le digo solamente: -        Gracias a ti, eres simplemente fascinante. Ella entonces se retira y me pide que la acaricie, su cuerpo es suave y tibio, le acaricio los brazos, los hombros y los senos, bajo hacia su estómago y veo como con cada caricia mía ella se sacude, entonces le agarro las manos y ella entrelaza sus dedos con los míos, me hala hacia ella y me besa de nuevo, luego cuando recupero mi aliento ella me agarra los brazos, pero yo quiero tocar su sexo, entonces ella se da cuenta y me lleva las manos, está húmeda, la recorro lentamente con un dedo, primero por fuera y luego su línea, toco su clítoris lo que le saca un nuevo gemido, entonces le agarro los muslos y le separo las piernas, quiero verla bien, entonces acerco mi cara y quiero probarla, tímidamente le paso mi lengua y siento su sabor, un poco acido un poco dulce, su olor picante me atrapa y me excita más, quiero volver a penetrarla pero ella me pide que cambie el condón, entonces me lo quito y ella nota que no sé qué hacer con él, entonces ella se sienta, me lo quita de las manos, lo anuda y lo arroja a la caneca que está cerca de la cabecera de la cama. Entonces saco el otro condón y me lo pongo ella espera con ansias mientras me mira, me desea, se muerde el labio inferior y entonces me ubico en medio de ella y trato de encontrar torpemente donde penetrarla, ella nuevamente se percata de mi inexperiencia y me agarra y me deja listo para embestirla, luego una a una, cada vez cada gemido de ambos, volvemos a llegar primero yo esta vez, y luego ella, no me detengo al llegar, no sé si es lo correcto o no, pero no quiero parar, mi cuerpo siente un placer único, que no había probado, entonces me dejo caer sobre ella y ahora soy yo el que siente su pecho, juego y masajeo sus senos mientras tanto, ella me pide que me levante y lo hago, entonces quedamos uno al lado del otro respirando entrecortadamente y ella solo dice: -        Has estado muy bien para no saber nada de sexo. Un poco más tarde ella se levanta y se va al baño, se da una ducha y yo no sé qué hacer, quiero seguirla al baño, pero me pide que por favor la deje sola un momento, yo espero hasta que ella sale, luego entro yo y tomo una ducha también, cuando salgo ella ya está vestida con mi ropa en la mano y todas las cosas ordenadas, me mira y me pregunta con una clara ironía: -        ¿Necesitas ayuda Niño? -        Gracias mamacita, ya soy un niño grande. -        Me consta y más a partir de hoy. – Me mira debajo de mi cintura y luego me guiña un ojo- Me acerco a ella con una sonrisa, y a medida que ella me pasa una prenda de ropa me voy vistiendo frente a ella, entonces cuando ya ambos estamos listos se me acerca al oído y me dice, la próxima vez quiero que seas tú el que marque el ritmo. Salimos de la habitación y son un poco más de las ocho de la noche, la acompaño a su casa y regreso también rápido a la mía, al entrar mi mamá me ve y me saluda con una sonrisa triste, luego me dice: -        Qué bueno que llegó mijo, ¿Quiere café? -        Si mamá, gracias. Me siento en la mesa mientras ella me cuenta que su día no ha sido tan productivo como otros, trato de mostrarle el punto de vista positivo del asunto, y ella lo acepta con un poco de resignación, luego ella me pregunta por mi día y al comentarle que me he visto con Mariana, se alegra, pero su mirada se ensombrece cuando le cuento a donde hemos ido después de las cervezas, me pide que no le cuente los detalles y me siento incomodo por primera vez en mi vida en el tema de sexo con mi madre, pero acepto y entiendo que por más familiaridad que exista, hay cosas de las cuales un hijo no habla con su madre. 
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