- Estas demasiado pálida. No es buena idea tomar tanto alcohol cuando no has comido prácticamente nada y mucho menos si no estas acostumbrada a beber- ¿Quién creería que el mismo hombre que dos segundos antes parecía ser un robot carente de sentimientos pudiese hablar con tanta suavidad? - Le diré a Giovanni que te llevaré a tu casa porque no te sientes bien- murmuro acercando su rostro a mi oído mientras una de sus manos se posaba en mi cuello acariciándolo suavemente.
- Pero, vine con él...- intenté convencerlo, aunque sabía que era en vano.
- Dije que yo te llevaré, te aseguro que a él no le importará que lo haga- me frenó en seco y ya no quise discutir con él.
- Giovanni- dijo Xander rápidamente cuando vio que nuestros dos acompañantes regresaban a la mesa- Emily no se encuentra bien, creo que le ha caído mal la comida, dijiste que vivías cerca del parque Greenacre, ¿verdad? La señorita Victoria se hospeda solo a unas calles de allí, creo que es conveniente si la llevas tú, de manera que no tengas que desviarte para llevar a Emily- Xander no se lo estaba consultando. Él había digitado todo con rapidez y facilidad, sin dejar espacio a duda, resolviéndolo todo, pero en los ojos de Giovanni percibía la duda y la confusión.
- No quisiera incomodarlo señor...- Comenzó a decir, pero Xander, lo detuvo inmediatamente.
- No será ninguna molestia, es más, mi residencia queda cerca del apartamento de Emily- Su argumento sonaba convincente y pese a la vacilación que Giovanni parecía tener, acepto cuando, con un gesto, le dije que no hacía falta que se preocupara.
Quien parecía haberse quedado muda había sido Victoria, pero no le hacía falta hablar para que uno se diese cuenta de que estaba mucho más que furiosa. El ceño fruncido, la boca una línea dura y sus ojos expeliendo fuego eran más que suficientes para demostrar su humor, el cual Xander hizo caso omiso al despedirse rápidamente de ambos, pagar la cuenta y arrastrarme consigo hasta llegar a su auto último modelo.
Una voz en mi interior, un susurro débil me decía que debía detener esto antes que fuese tarde, que no podía contarle la verdad, pero la silencie furiosa, estaba cansada de tener que soportar una carga que no me correspondía, cansada de evitar mis propios sentimientos. Finalmente acepte el hecho de que quería estar con Xander lo más que pudiese y aprovechar esos momentos para guardarlos en mi memoria por siempre. Sabía que luego, cuando le dijese la verdad, su necesidad de saber las razones de porque lo dejé sería completamente satisfecha y nada quedaría entre nosotros. El pensamiento de que ya no volvería a poder abrazarlo nunca más hacia que el estómago se me contrajese y que las lágrimas se agolparan en mis ojos; pero no podía llorar. Tenía que intentar olvidarme, al menos por esa noche, del mañana.
Con una nueva determinación en mi mente, sintiéndome con algo de valor, me propuse a perderme en sus besos, en sentir las caricias que hasta en ese momento eran solo producto de mis sueños y fantasías; y también expresarlo, sin palabras, que aun lo amaba. Cuando por la mañana despertase y todo hubiese terminado, rogaba porque el dolor de cabeza producto de la borrachera fuera peor que el dolor que sentiría en mi corazón al tener que decirle adiós
Me acomodé en el asiento del copiloto y cerré los ojos para no tener que enfrentarme al rostro serio de Xander ni luchar por poner cara de pocker cuando ni siquiera podía controlar los nervios y la ansiedad que crecían dentro de mí. Tampoco lograba concentrarme en que le diría ni como lo haría. ¿Debería de aprovechar mi estado y fingir lo suficientemente como para evitar decirle lo que oculté tanto tiempo? No, no podía hacer eso. Ya no era la niña cobarde que era cuando obligadamente tuve que apartarme de él. Xander me preguntaría una vez más por mi huida de la ciudad y esta vez no debía de darle vueltas al asunto, tendría que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad y decírselo.
¿Cómo se lo tomaría? ¿Creería en mi o pensaría que mentía? Después de todo era de su querido padre de quien hablaría. Si bien el silencio estaba instalado, no me atreví a romperlo. No porque no tuviese que nada que decirle, sino porque estaba guardando fuerzas para la tormenta que se avecinaba en mi corazón
¿Me entendería? Yo era joven y estúpida, y aunque Xander no lo reconociera, él había usado la misma táctica que su padre uso conmigo, pero no para alejarme de su vida, sino para retenerme. Xander en el presente, me obligaba a aceptarlo diciendo que, si quisiera, podría tener un futuro incierto. Su padre, Spiro, en el pasado obligándome a marcharme y dejar a su hijo, amenazándome con perjudicar a mis padres. Llegue a pensar que estaba loco, que no podría llevar a cabo su cometido, pero su accionar y sus palabras, frías y firmes terminaron por convencerme y cuando a mi padre le ofrecieron de pronto un mejor trabajo con mejor paga milagrosamente pero lejos de Boston, supe que no era una cuestión azarosa.
Aparte con un golpe esos pensamientos. No era momento de sentir autocompasión por lo ocurrido, o lamentarme por no saber cómo actuar en su momento. Era una adolescente enamorada que dejó a su primer amor porque creyó en las palabras de un hombre poderoso y tuve miedo. ¿Acaso podría juzgarme por ello cuando él creía que la familia era lo más importante en el mundo? ¿Se enojaría y me apartaría inmediatamente de su lado, pidiéndome un taxi y diciéndome adiós hasta siempre?
Inhalé como si necesitara llenar mis pulmones de aire, pero solo me invadió el perfume de Xander, sumamente masculino pero suave y sin quererlo recordé cuantas veces me había acercado a él sin reparo, abrazándolo y aspirando su aroma. Extrañaba esos momentos, más ahora que lo tenía tan cerca y lo único que quería hacer es que me besara hasta dejarme sin aliento. El pensamiento me tomo desprevenida y me provoco un escalofrío. Nunca lo había querido admitir tan abiertamente como en ese momento, pero no podía negar más lo que sentía, aun así ¿Cómo podría entablar una conversación seria cuando fuese el momento indicado si lo único que quería era perderme en sus ojos verdes? Imágenes, una tras otras, inundaban mi mente. Besos, caricias, abrazos. ¿Era demasiado infantil querer que este sueño durase para siempre?
Pronto, quizás demasiado pronto, la realidad disipo la bruma de la ensoñación que estaba inmersa. Sentí cuando el automóvil se detuvo, y esperé un tiempo antes de abrir los ojos. No se puede retrasar lo inevitable, pensé con tristeza. Deje pasar unos minutos, no sé cuántos en realidad, hasta que reuní el valor suficiente como para enfrentarlo. La oscuridad parecía haberlo invadido todo, a lo lejos podía percibir una luminosidad ¿Eran uno de esos carteles llamativos que indicaban la salida de un lugar? ¿Dónde estaba? Alarmada, giré rápidamente mi rostro y lo vi. Sus ojos verdes eran como un faro esperanzador, alumbrando poco pero firmemente. Me observaba y en su mirada había palabras, preguntas y ¿deseos? Eso no podía ser posible.