CAPÍTULO TREINTA Y SIETE Ceres estaba estaba encima de una de las muchas bahías de la isla, sintiendo su pelo al viento mientras estaba en lo alto de un acantilado mirando desde allí. Parecía que se acercaba una tormenta, pero por lo menos hasta ahora el día era perfecto. Sentía el poder como un tambor dentro de ella, acorde con el viento y los ritmos de la isla. Parecía empujar contra los límites de su piel, llenándola de una constante energía que se agitaba dentro de ella y que parecía querer salir de un chasquido de su interior cada vez que la tocaba. Antes ya había sentido cómo el poder venía a ella, sabía lo que era, pero en el pasado siempre acababa alejándose, dejándola sentir de nuevo normal, de nuevo humana. Ahora estaba allí aunque no hubiera ningún peligro y Ceres vio que deb
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