Capítulo Décimo

1133 Palabras
***2004*** ASESINATO EN LA FACULTAD ~ Víctima y victimario I ~ Cada tres años en el campus de la universidad, aparecía el cuerpo de alguna chica mutilada y símbolos de rituales satánicos en sus cuerpos. Y hoy, era el vigésimo primer año desde que esto había comenzado. Había sido yo hacia tres años, quién se había encontrado con el cuerpo. Probablemente eso mismo me había impulsado a indagar. Y esta vez estaba dispuesto a encontrar a los culpables de aquellos horrendos actos. Ya había recogido un par de pistas la vez anterior. Así es que desde hace poco más de tres años, venía Investigando. Durante el transcurso de esta semana, venían ocurriendo hechos (Cómo sí los patrones de los crímenes anteriores, se estuvieran repitiendo). Y todo esto me llevaba a pensar a que un nuevo crimen se cometería justamente hoy. Detalles que le daré a conocer a la policía después de encontrar 'in fraganti' a los responsables. Sabía precisamente donde ocurriría, así es que decidí quedarme oculto precisamente ahí, en la biblioteca. Había oscurecido, el momento ha llegado. Encendí mi linterna, y salí de entre las cajas viejas, llenas de libros olvidados. Según yo, era el mejor lugar para ocultarse. Y ahora que estaba oscuro, podía buscar tranquilamente en cada sección de la biblioteca. Es bien sabido que esta universidad fue construida por una antigua y conocida secta. Me dirigí caminando tranquilamente hasta el fondo del pasillo principal. Estantes y estantes de libros sobre diversas artes y ciencias. Cuenta una leyenda urbana de antaño; que era una de las bibliotecas, no sólo de ciencias exactas, y de todas las demás ciencias y artes de la humanidad, sino que también la biblioteca de ciencias ocultas más grandes del continente. Por fin llegaba a la última de las estanterías, y por ende al final del pasillo. Según unos escritos que encontré acá mismo hace unos días atrás, una de ellas es giratoria. Pero... ¿Cómo podía saber cuál es? Buscaba entre una estantería de libros viejos, algunos ni tapas tenían. La mayoría de ellos, estaban llenos de polvo. Se notaba que desde hace años nadie metía mano. Seguía sin encontrar nada, hasta que de improviso un libro de terciopelo n***o llamó mi atención. Lo quité de dónde estaba, tenía una estrella de cinco puntas, de color dorado en la portada. Es cómo si lo hubieran pintado con oro. Lo revisé a la rápida, pero aparte de extraños símbolos y lo que parecía una serie de hechizos, no había nada más que me indicara alguna pista. Ya no sabía dónde seguir buscando, y de pronto noté la parte de atrás, en la cavidad que había quedado cuando quité el libro de terciopelo n***o. Había otro libro más, de iguales características. Intenté sacarlo, pero no lo podía mover. Apunté con la linterna, e intenté leer lo que decía en él. El título decía: "Continva lucis viam". En latín significa: "Sigue el camino de la luz". Pero esto tampoco me arrojaba pistas. Apagué mi linterna para poder pensar bien. Siempre cuando lo requiero, apago todas las luces y medito sobre una posible solución. Lo hacía para cualquier problema que pudiera tener. Pasaban los minutos y no hallaba solución, de repente abrí mis ojos y noté en una estantería lateral, un pequeño agujero. Estaba adornado por extraños símbolos místicos y grabados en un metal brillante, por la cual se colaba una tenue luz. Me acerqué y encendí nuevamente la linterna. ¡Un momento, el metal es oro! Para variar comprobé el objeto metálico con mis propias manos, jamás me fue suficiente solo observarlo. ¡Qué puta manía! Al momento de tocarlo noté que podía moverse, seguí intruseando, hasta que lo giré. En ese preciso momento hubo un pequeño click, parecido al de un candado cuando se abre. Di un paso atrás y comprobé que por el lado izquierdo de la estantería, se veía un poco de luz. Empuje por el lado derecho con suavidad y esta, luego de girar se abrió. Era la pequeña iglesia, sellada al parecer desde hace décadas. Se hablaba entre los estudiantes. Se decía que desde la fundación del recinto, había existido este templo. El cual era utilizado para torturar a los "Enemigos de la fe pagana". Pero nunca, ningún estudiante la había contemplado. Entré un poco más y frente a mí, una imagen desgarradora. Había siete hombres que vestían túnicas púrpuras y una especie de gorro como aquel que usaban los del ku kux Klan. Todos estaban alrededor de una chica desnuda y atada. Entonaban cánticos malditos, en un idioma que no supe descifrar. Traté de acercarme lentamente hacia unos pilares que estaban protegidos por la oscuridad, necesitaba observar mejor, me agaché y continué lentamente. Llegué por fin. Y de repente caí en cuenta, la chica era Rebeca. Una de las estudiantes de física de segundo año. Algo debía hacer, no podía permitir que algo le hicieran. Ya habían tallado con dagas los símbolos en su desnudo cuerpo. Tenía una incisión tal en su vientre, que dejaba fluir la sangre y sus vísceras. Ya estaba muerta, ante tal atrocidad se me arrancó un grito: - ¡Dios mío! Noooooooooo. - Mi grito desgarrador advirtió a los acólitos de Satán. Voltearon hacia mí y uno de ellos vociferó: ¡TRAS ÉL, IDIOTAS! Salí corriendo despavorido. Pude identificar aquella voz. Era la del director. Mientras corría logré sacar mi móvil y marcar el 911. Había muy poca luz, pero la suficiente para no estrellarme contra las estanterías. Entre tanto, cruzaba en zig zag por los pasillos, para tratar de perder a los asesinos que venían tras de mí. Estaban por alcanzarme, venían sólo a metros de mí. Era casi la misma distancia que me separaba de la entrada principal de la biblioteca. Seguí corriendo, hasta que caí en cuenta, de cómo mierda saldría de ahí. Casi cuando estaba llegando, recordé la ventana por la cual, junto a los de primer año, entrábamos a beber por las noches. Escuché una voz, era la operadora telefónica. - ¡ASESINATO EN LA BIBLIOTECA DE LA FACULTAD¡ - Grité. Solté el móvil, me disponía a saltar por la ventana, sin importarme el daño que pudieran ocasionarme los trozos vidrios. Los acólitos ya casi podían tocarme. Me disponía a dar el salto, cuando se siente un disparo y al mismo tiempo una figura saltaba por el lado de la estantería y me derribaba... De pronto sentí cómo si no tuviera cuerpo, ni miedo, ni frío, ni calor... Esta es mi 'hora', pensé. Ahí todo fue silencio. Cuando logré percatarme, había cuatro siluetas armadas. Era la policía, hace años que trataban de encontrar el lugar exacto de los crímenes. Y mi grito los había persuadido. Al día siguiente toda la prensa local hablaba del hecho, y yo, yo era un héroe...
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