***2004***
ASESINATO EN LA FACULTAD
~ Víctima y victimario II ~
Lo que parecía un día normal, cómo todos, era más bien el inicio de una historia que más tarde qué temprano, se convertiría en un terrible cuento de nunca acabar...
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- ¿Y ya se acostaron? - Es lo único que me preguntaban.
- ¡No! Yo creo que hoy. Ayer cumplimos un mes, pero no pudimos estar juntos. Ambos tenemos trabajos atrasados que entregar.
Así que quedamos de hacerlo... (No terminaba de hablar y estos dos ya se estaban riendo a carcajadas, gracias a mi última palabra)...
Les di una mirada de reproche (Rieron aún más) y continué... Hoy, apenas salgamos de clases. - Por fin les terminaba de decir.
- ¿Y eso qué, tarado? No significa nada.
Te he dicho mil veces [Llévala un finde a la casa del lago] ya con eso se la tienes toda adentro, pendejo. - Me respondió Mario.
- Pues, qué quedamos de juntarnos en algún lugar más privado. ¿Por ende, ya se sabe lo que viene, no? - Le respondí.
La mañana pasó rápidamente. Nos reuniríamos en uno de los centros de reunión más comunes; la plaza central del campus.
Este está ubicado justo entre el bosque y el edificio de la facultad de 'Medicina y Ciencias biológicas y naturales'.
Cuando llegué ella ya estaba ahí, sentada a pierna cruzada en una banqueta y con un libro en su mano.
Me paré frente a ella e inmediatamente lo notó, bajó el libro, me sonrió, mientras yo le lanzaba un sonoro beso.
Dejó el libro de lado, y se puso de pie. Con mi mano izquierda la abracé por la cintura, y con la otra la tomé por su cabeza, y la acerqué a mí para besarla.
Luego del beso, nos separamos y nos miramos a los ojos.
- ¿Dónde iremos? - Me preguntó.
- Tengo la mejor de las ideas. - Le respondí.
- Ya qué el otro día habíamos hablado... - Comencé a decirle. - ... Sobre algún lugar privado, y puesto que ambos también disfrutamos enormemente del aprendizaje, y nos llama la atención lo antiguo, y todo aquello que parece no tener explicación...
Le dije rápidamente y exhalando la última gota de aire. - Continué. -
El lugar al que te llevaré literalmente te elevará al paraíso. -
Me miró con cara de sorpresa total, luego se quedó pensando y por fin al sonreír con notada picardía, me respondió:
- Te sigo -
La tomé de la mano, y empezamos a caminar en dirección a la entrada principal.
A pesar de que el lugar al que la llevaba cumplía con todos los requisitos relacionados a nuestros gustos, no sabía a ciencia cierta si finalmente a ella le gustaría la sorpresa.
Días atrás, y por investigaciones personales relacionadas al posible hallazgo de la entrada a la mítica antigua iglesia de la universidad.
Y esa era mi sorpresa, la llevaría justamente allí.
Salimos de la universidad caminando, sólo me miraba, en ningún momento me pregunto hacia donde íbamos, aunque su cara reflejaba todas las ganas de preguntarlo, en ningún momento lo hizo. Sólo siguió caminando a mi lado. Luego de un par de minutos caminando, por el borde del muro, llegamos al fin de la calle, y el principio del bosque.
Empecé a internarme en él, y ahí fue cuando recién vino a titubear.
Sin que nada yo le dijera, me dijo:
- ¡Está bien, confío en ti! -
Me detuve a mirarla, me miró y sonrió, luego se me acercó y comenzamos a besarnos. Inmediatamente la apoyé contra el muro. Moría de ganas por hacerla mía.
Nos comíamos la boca, a ratos mordía sus labios, me devoraba su cuello, y aferraba mi dureza contra ella. La excitación era cada vez mayor, comencé a desabrochar los botones de su blusa. Era tanta la desesperación que volé uno o dos botones. Reby ya se había quitado el calzón. Gracias a que llevaba falda, todo fue más simple.
Mientras subía su falda, y yo me bajaba el pantalón, me preguntó:
- ¿Hasta aquí, y para esto me traías? - Preguntó. - luego añadió un - ¡Qué excitante! -
Yo me sorprendí, pensé que me iba a regañar, y le respondí.
- En realidad no, ni siquiera había imaginado en hacerlo aquí a la intemperie. Pero me gustas y excitas tanto, Reby, mi amor. qué me da igual donde lo hagamos. - La verdad me daba igual, pero cómo ella era del tipo de mujer romántica, no podía responderle de otra manera.
Me miró, y mientras yo me aferraba a su cuerpo, levantó una pierna y me abrazó con ella. Tomé mi m*****o y se lo empecé a introducir suavemente. Ella soltó un exquisito gemido, mordí su mentón, y comencé a besar y lamer su cuello, mientras mis manos acariciaban pecaminosamente sus senos.
La comencé a penetrar rápidamente, cómo bestia, ella gemía de manera indecorosa.
Estábamos casi a punto de acabar, cuando de improviso suena la baliza de la policía.
Nos separamos del puro susto, y nos quedamos mirando. Luego subí mi pantalón, y ella bajó su falda. Le dije que me espere mientras yo me asomaba por la esquina del muro.
Efectivamente era la policía, tenían en el muro al idiota de Andrés y al tarado de Pablo...
Por lo que días después me enteré, ellos nos siguieron. Luego la policía los pilló y los detuvo. (Por algún tipo de idiota política municipal, no podíamos merodear esa parte del bosque)
Me devolví y la tomé de la mano. Nos introdujimos aun más al bosque, pero nos separamos varios metros del muro. Caminábamos y conversábamos tranquilamente, cuando por los ruidos, nos dimos cuenta que la policía venía tras nuestro. Lo bueno es que no sabían con precisión en donde estábamos o eso pensaba yo, al menos.
Y luego uno de ellos empezó a correr. Le llevábamos bastante ventaja, y ya habíamos pasado la parte más espesa del bosque, y llegamos a un claro, así qué nos fue más fácil huir.
Nos volvimos a apegar al muro, hasta que por fin llegamos a la próxima esquina, que ves dónde estaba la biblioteca.