Capítulo Décimo quinto

200 Palabras
*** 2004 *** ~ Pablo II ~ Se 'desencajó' y avanzó al menos medio metro, la abertura dejó al descubierto una entrada. Estaba todo oscuro, y aunque nada se veía, yo ya sabía lo que había detrás. Pues innumerables veces lo había usado. Cómo de costumbre, me arrodillé antes de entrar (Su altura era de aproximadamente setenta centímetros, y de ancho, al menos cincuenta.) Luego pasé el umbral, y ya pude ponerme de pie con normalidad. Me giré, y por la parte trasera de la chimenea, tenía una especie de mango. Lo tomé y comencé a jalarlo, lo hice hasta que la abertura quedó completamente sellada, lo supe por el click que hubo luego de jalarlo hasta su punto máximo. Saqué un caja de cerillos, encendí uno, y lo puse sobre una antorcha qué estaba en el muro izquierdo, inmediatamente se iluminó todo. No di más de cinco pasos, y comencé a bajar la escalera. Sólo eran un par de peldaños, pero los suficientes cómo para quedar completamente por debajo del nivel del suelo. Comencé a caminar. La primera salida estaba aproximadamente a un kilómetro y medio. Así que, aún a paso rápido, me tomaría varios minutos en llegar ahí.
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