~ Venganza ~
¡Por fin amanecía!
Luego de la tempestad de anoche, el sol se imponía por sobre las tinieblas, aún así, la mañana era húmeda y fría. Los primeros rayos de sol se colaban por entre las cortinas de la única ventana, en aquella escalofriante cabaña cercana al lago. La luz se apoderaba de las tinieblas, y dejaba al descubierto la sangre que había brotado del cuerpo, de quién sabe cuantas veces, había estado del otro lado de la escena.
Pero no esta vez, esta vez no...
Ahora sería su propio Karma, quién se habría ocupado de ponerlo del lado de víctima y no de victimario.
Quién a hierro mata, a hierro termina, dicen por ahí...
Yo estaba en la cama, sin absolutamente nada de ropa, mi cuerpo ensangrentado, mis genitales aun olían a sexo desenfrenado, sexo perverso y traicionero.
Pero aun así, mi cara reflejaba una inquebrantable calma, y mi mente se encontraba en el más absoluto éxtasis.
Luego de tres años de angustia, por fin la paz y el silencio se apoderaban de ella.
Tres años, tres malditos años llenos de histeria, miedo, llantos, dolor e ira, llegaban finalmente a su puto fin.
No pensaba en las consecuencias, creo que en esos escasos minutos de quietud, jamás pensé en eso. Pero ya nada tenía importancia, sólo importaba el hecho de que por fin todo se había acabado, y al mismo tiempo, todo comenzaba a irse al carajo...
***Tres años atrás***
(Presente)
~ La mañana de Adriana ~
Corría el invierno del 2016, esa mañana en especial, hacía bastante frío.
Encendí un cigarrillo, tal y cómo acostumbraba a hacerlo luego de una exquisita sesión de sexo. ¿Y cómo no iba a ser exquisita? Si con Andrés el sexo era genial. Ninguno de los dos se cohibía, nos cumplíamos todas nuestras fantasías, nos cogíamos de una manera absolutamente pasional, lujuriosa y desenfrenada. Pero luego de los orgasmos y del típico cigarrillo, venía el sentimiento de culpa. Y tras aquél amargo sentimiento, la típica despedida de dos amantes de turno.
Todo era perfecto, hasta que volvía a la aplastante realidad, ahí, en donde caía en cuenta que Andrés, es el marido de Beatriz. Quién supuestamente es mi "Mejor amiga" y eterna compañera.
Estaba perdida, entre el cigarrillo, las caricias, y mis pensamientos.
El ruido del televisor me era ajeno, hasta que en el noticiero, y luego de escucharse la palabra 'tragedia', el conductor daba el nombre de la víctima, y este se quedó repitiendo una y otra vez en mi cabeza, cómo sí fuese un puto eco.
Desde ahí todo en nuestras vidas comenzaría a cambiar radicalmente.
Andrés se quedó con la mirada fija en el aparato, completamente ido.
Y yo, mientras mi mundo comenzaba a caerse a pedazos, comenzaron a brotarme inmediatamente las lágrimas.
Habían encontrado el cuerpo sin vida de una de nuestras amigas. Carla, había sido brutalmente asesinada y luego descuartizada.
Aun no se sabía si fue violada, o había sido una relación s****l consentida.
Andrés comenzó a acariciarme, intentaba consolarme de aquella tristeza que había surgido por lo ocurrido a Carla.
Luego de eso nos besamos, y tras los besos, una vez más nació la lujuria.
Él comenzó a acariciar mis senos, yo sólo abrí las piernas mientras él entraba exquisitamente en mí. Yo arañaba su espalda, él besaba mis pechos. Contraía mis músculos vaginales, y él entraba y salía una y otra vez.
Él jadeaba, yo gemía con absoluto placer. A ratos nos besábamos apasionadamente.
Luego me volteó y me puso en cuatro, en segundos comenzó a empinarme, y poco a poco a besar mi espalda. De improviso, me penetró brutalmente, yo lancé un extasiado gemido, él me empinó aun más, y volvió a besar mi cuello, y en un brutal vaivén, una ardiente, exquisita, profunda y última penetración, ambos tuvimos al unísono un exquisito orgasmo.
No había pasado ni cinco minutos, cuando casi al mismo instante comenzaron a sonar nuestros teléfonos.
Ya sabíamos cuál era el motivo de las llamadas, pero no podíamos contestar al mismo tiempo, o las conversaciones se entremezclarían y seríamos sorprendidos.
Bajé el volumen del televisor, y puse en silencio mi celular. Dejaría que Andrés contestara a su esposa antes que yo lo hiciera.
Y si, Beatriz le informó del triste suceso, Andrés se hizo el que no sabía nada. Pues supuestamente debía estar trabajando.
Por mi parte simplemente no respondí las llamadas de los demás. Y no era nada extraño, casi nunca escuchaba mi teléfono, por lo mismo casi nunca contestaba.
Ya era hora de partir, nos vestimos rápidamente para ir hasta la casa de Carla. Obviamente nos fuimos cada cual por su lado, para así no ser descubiertos.
Yo me pasé primero a mi casa, me cambié, luego devolví las llamadas perdidas, y me fui inmediatamente a casa de nuestra amiga.
- ¿Adriana, dónde mierda estabas metida qué no respondías? -
Fue lo primero que me dijeron mientras Beatriz y las demás se acercaban a abrazarme.
Aun no traían el cuerpo de Carla, y no habían descubierto más pistas sobre el posible asesino, ni mucho menos sus motivos. Aun no había ni siquiera un sólo sospechoso.
Di el pésame a Sonia, la madre de Carla.
En eso estaba cuando sonó el teléfono de la casa, Sonia fue rápidamente a contestar.
Y a pesar de su ya demacrado aspecto, parece que una vez más el puto mundo se le hubiera caído encima.
Largó a llorar con más tristeza de la que tenía y colgó inmediatamente. Luego sólo pudo balbucear un:
- "Llamada anónima" -
Y soltó en una incomprensible ráfaga de balbuceos y llantos, algo relacionado a 'amigos', y que les acaecería el mismo destino que a su hija.
Nos miramos entre sorprendidos y asustados. Una vez más sonó el teléfono, nos acercamos todos, Sonia no quiso responder. Me acerqué al aparato y contesté yo.
Luego lo único que se pudo escuchar, fue la frase: "Todos morirán".
Y tras haber colgado, se apoderó de todo, el más absoluto silencio.