Suspiró mientras se sentaba frente a su espejo de cuerpo completo, sintiendo lo peludo de la alfombra bajo sus piernas, ya que estaba utilizando un short de pijama. Tan se mantenía a su lado, moviendo su colita de lado a lado, ya que pensaba que su dueño iba a jugar con él, aunque en realidad no era así.
―Están comenzando a presentarse de forma involuntaria y no entiendo por qué―comenzó a hablarse a sí mismo frente al espejo viendo su propia mueca angustiada―No me he sentido mal, tampoco he estado muy enojado como para no controlarme. Entonces no comprendo qué es lo que sucede.
Desde la salida con Minho, que fue el día anterior, había estado bastante nervioso sobre lo que había pasado con sus capacidades o al menos lo que él pensaba que era culpa de sus capacidades.
Anteriormente, cuando estaba en casa de sus padres, le había pasado mucho que cuando estaba demasiado estresado o no sabía controlar bien sus emociones fuertes, solía causar bastantes desastres. Tirar cosas, darle vuelta a la cama e incluso hacer que algunas cosechas padecieran, pero no lo hacía realmente consciente, porque era su mismo descontrol el que no le permitía evitar el hacer todo eso.
Por lo que no entendía realmente qué es lo que había sucedido en la tienda de jugos, ya que no había ningún descontrol emocional, a su parecer. Sí es verdad que cuando estaba con Minho se sentía bastante tranquilo, sin ninguna defensa elevada ante lo que el tatuado pudiera hacerle, porque confiaba en él. Pero jamás le había pasado algo así y eso era lo que lo mantenía mayormente preocupado.
Tenía que irse del departamento hacia la universidad en una hora, pero no podía dejar de pensar en el tema y posiblemente no lo dejaría pasar hasta que tuviera alguna respuesta, pero lastimosamente, nadie podría darle una respuesta, ni siquiera él mismo.
―Tanie, tengo tanto miedo de cagarla―susurró, tomando al cachorrito entre sus manos y colocándolo sobre su regazo, comenzando a darle caricias― ¿Por qué no pude ser una persona normal? Ya sabes, una que se estrese porque la chica que le gusta no le hace caso, en lugar de estresarse porque no sabe controlar sus capacidades, las cuales podrían delatarlo delante de muchas personas.
El cachorrito comenzó a lamer la palma de su mano derecha, como si supiera que necesitaba algo de apoyo. Seung sonrió.
―Es estúpido, ni siquiera me gustan las mujeres―dijo mientras tomaba la carita de Tan, el cachorrito manteniendo su pequeña lengua por fuera, escuchándolo con paciencia―Ni eso podría cumplir.
Bufó, abrazando contra su pecho al cachorro, para poder levantarse del suelo y comenzar a arreglase para ir a estudiar.
Terminó de arreglarse, mientras el cachorrito lo seguía por todo el departamento, en esa ocasión solamente tenía que llevar su cámara, ya que solo tenía dos horas de clase en la cual solo utilizaría esa herramienta y después podría regresar a su departamento tranquilamente. Por el grupo de chat, del cual había estado más pendiente, habían comentado sobre charlar un poco sobre la futura pijamada antes de que se fueran a sus departamentos cada uno, por lo que supo que podría regresar rápido a su departamento y poder practicar, o al menos intentar comprender, cómo lograr dejar de hacer algo que sus capacidades comenzaron de forma involuntaria.
Le dio muchos besitos a su cachorro, prometiéndole que volvería pronto.
El camino hasta la universidad no era demasiado problemático, normalmente caminaba algunos minutos y lograba llegar sin problemas, sin embargo, cuando notó que había algunas personas en una esquina de la calle, se puso algo nervioso. Fumaban y soltaban carcajadas mientras se golpeaban entre ellos, cosa que siempre lo ponía nervioso, aunque jamás hubiera tenido alguna experiencia negativa con ello.
Sin embargo, sabía que cuando sus alertas se encendían era porque algo iba a pasar y lo comprobó cuando sintió un tirón bastante fuerte que provenía de su pequeña mochila, en donde iba su cámara, haciéndolo retroceder y caer de culo una vez estuvo un poco más profundo dentro de la calle, en donde varios de esos chicos lo comenzaron a rodear.
―A ver ¿Qué nos traes en esa maletita? ―le preguntó el chico que lo había derribado mientras se colocaba sobre él, posando ambas manos sobre su cuello y comenzando a presionar. Los demás chicos sosteniendo sus extremidades, mientras uno de ellos intentaba quitarle la mochila.
― ¿C-Cómo quieres que t-te responda si me ahorcas? P-Pedazo de mie-erda―contestó con molestia, comenzando a molestarse, porque sabía que eso lo sacaría de ese lío.
Por un momento se sintió como Hulk, pero intentó no pensar en esa tontería mientras intentaban robarle.
―Ah, con que encontramos a un valiente ¿No es así? ―le preguntó a sus amigos, los demás soltando una carcajada y eso hizo que el rubio que lo aplastaba apretara el agarre en su cuello, comenzando a ser demasiado doloroso.
Seung comenzó a pensar en caliente, fuego y quemar, cerrando sus ojos cuando sentía su garganta ser aplastada. Su cuerpo comenzó a adquirir tanto calor, que pequeñas llamas comenzaban a brotar de la piel, haciendo que los vándalos se asustaran ante el ardor en sus manos, incluido el chico rubio que lo ahorcaba.
― ¿Qué mierda? ―gritó exaltado uno de los chicos, viendo con pánico sus manos rojas, irritadas por el ardor.
Seung se levantó del suelo rápidamente y tomó su mochila, viendo cómo los tipos lo veían con confusión.
Y como era un pequeño castaño vengativo, hizo que una llama de fuego, una que salió más grande de lo que quería en un principio, apareciera en los pies de los chicos, quienes saltaron asustados en pánico, siendo ese el momento que Seung utilizó para correr.
Jadeó cansado, pensando en que los chicos estaban lo suficientemente drogados como para pensar al día siguiente que todo fue producto de las sustancias.
Un punto nuevo a las ventajas, defensa propia.
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―Ahora puedes decirme qué te pasó en el cuello―le dijo Sook una vez la clase finalizó, haciendo que Seung se sobresaltara, ya que lo había asustado.
―Ay, no me asustes. Ya te dije que no fue nada grave―le dijo mientras se colocaba la mochila, levantándose del asiento.
― ¿Cómo que no fue algo grave? Si tienes moretones en varias partes del cuello―dijo con indignación, tomando la muñeca del menor para que ambos salieran del salón―Y pensarás que soy un sucio, pero sé mucho de chupetones y en definitiva esos no son chupetones, sino marcas de que alguien te apretó ahí.
Seung rodó los ojos y aunque se sorprendió el buen ojo que tenía su amigo, no quería que él se preocupara o hiciera que los demás se preocuparan.
―Ya te dije que fue alguien que intentó robarme, le di una patada en los huevos y corrí. Eso es todo, estoy bien― dijo con voz lo más relajada que pudo, para que no se notara que era una pequeña mentira.
Realmente no comprendía cómo su ropa no se había quemado por lo sucedido, pero agradecía el que no hubiera pasado, ya que ahí no tendría una explicación lógica para lo que sucedió.
Sin embargo, Sook no lo soltó en ningún momento, llegando a la cafetería y haciendo que los chicos los vieran con curiosidad por la extraña forma de llegar.
―No sé si estoy siendo paranoico o me preocupo demasiado, pero ustedes díganme si estas marcas no les preocupan a ustedes también―fue lo primero que dijo Sook al llegar, colocando al castaño por delante de su cuerpo, para que pudieran verlo.
―Chicos, de verdad no se preocupen. Ya le expliqué a Sook que tuve un pequeño encuentro con alguien que quiso robarme mi cámara, pero le di una patada en los huevos y salí corriendo. Todo está solucionado y sí, hay marcas en mi cuello porque apretó ahí hasta que casi quedó morado, pero no se preocupen, estoy bien―habló rápidamente, para que nadie hiciera suposiciones incorrectas, viendo el rostro preocupado de los chicos.
― ¿Cómo dices tan tranquilo que intentaron robarte? ―preguntó exaltado Daehyun, haciendo que Seung se mordiera el labio inferior―Y esas marcas no se ven pequeñas, se nota que apretó por mucho tiempo.
El rubio se levantó de la banca y lo examinó de cerca, murmurando lamentos y maldiciones hacia el ladrón.
―Lo digo así porque era un inexperto. Sí, me apretó fuerte en el cuello, pero en verdad estoy bien, no deben preocuparse de más por esto que ya pasó―se encogió de hombros, sintiendo cómo el cuello de su camisa era apartado, el rubio buscando heridas en sus clavículas―Oye…
―Aunque nos digas que no pasó a mayores, siempre vamos a preocuparnos― habló por primera vez Minho, haciendo que el castaño dirigiera su vista hasta el tatuado, poniéndose nervioso al recordar lo del día anterior―Claramente no es algo bueno que hayan intentado robarte, por lo que yo propongo el ir a recogerte a tu departamento para la mayoría de tus clases, al menos en las cuales podamos concordar. Y así como tu invitación a un jugo, esto no es opcional.
Daehyun soltó un chillido mientras asentía, totalmente de acuerdo con aquello, ya que él se preocupaba mucho por las personas que quería y el verle esas marcas a Seung no era nada bueno para él, para nadie en el grupo.
―Todos estamos de acuerdo con la solicitud de Minho―dijo Hyun mientras golpeaba la mesa con un bolígrafo, usándolo como un martillo.
Seung iba a negarse, pero Sook pasó sus brazos por los hombros del menor y colocó sus manos sobre su boca, haciéndolo callar.
―Si vas a negarte diciendo de que no quieres ser una molestia, mejor no hables, porque no eres una molestia. Sin embargo, si vas a oponerte por algún otro motivo, puedes hablar―la boca de Seung fue liberada, sin embargo, no pudo decir nada, solamente haciendo un pequeño puchero.
―Eso es lo que iba a decir…
―Muy bien, eso es lo que quería escuchar― habló Minho con una sonrisa―Ahora que sé la mayoría de las horas en las que tienes que presentarte a clases, podemos concordar y llegaré diez minutos antes a recogerte y no, no voy a permitir que me pagues, que me sobornes con comida diaria o algún tipo de cosa que quieras darme a cambio del aventón.
―Ay, no me dejas hacer nada―se quejó el menor, cruzándose de brazos―Déjame invitarte a comer una vez a la semana y ya ¡Y no acepto un no como respuesta! ―dijo en voz alta el castaño, sentándose casi de golpe junto a Daehyun, quien seguía buscando una pomada en su mochila.
―Una vez cada dos semanas y hacemos trato―le dijo Minho mientras se cruzaba de brazos, viéndolo con ojos pequeños.
―Bien, dos veces a la semana.