Colocó sus manos sobre la tierra de sus plantitas, sintiendo cómo la tierra estaba en su mejor momento y todos los nutrientes que le había brindado, estaban completamente asentadas.
―Están creciendo muy bien pequeñitas, espero que las demás plantas les esté yendo igual de bien―dijo con una sonrisa, levantándose del suelo para poder comenzar a practicar, ya que se había comprometido a intentar controlar sus capacidades.
Después de la plática que había tenido con sus padres, había decidido el comenzar a practicar el cómo controlar aquellos poderes que se desataban o al menos intentar el detenerlos a tiempo. Sabía que estos aparecían cuando pensaba en Minho, específicamente cuando recordaba lo nervioso que el mayor lo ponía, por lo que tendría que usar aquello para darse cuenta en qué momento sus poderes comienzan a desatarse y así poder controlarlos.
Le daba un poco de miedo, debía admitir, pero debía confiar en que esas presentaciones eran leves y nada demasiado peligroso.
―Bueno Tanie, creo que puedes acompañarme en mi práctica―el castaño caminó hasta su habitación mientras el cachorrito le seguía de cerca, subiéndose a su cama y quedando sentado, solamente inclinándose para poder tomar a la bolita de pelos y dejarlo junto a él― ¿Me darás apoyo moral?
El cachorrito bostezó de forma adorable, inclusive soltando un pequeño chillido en el proceso, cerrando sus ojitos mientras, con sus patas delanteras, restregaba los mismos. Dándole a entender al castaño que tomaría una buena siesta mientras él practicaba, por lo que el apoyo moral sería un poco más indirecto de lo que pensaba.
―Bueno, no importa. El hecho de que estés aquí me da algo de confort―suspiró.
Se había dado cuenta que dos de sus capacidades se habían presentado a la hora de pensar en el mayor, por lo que intentaría que estos mismos se presentaran o dejaría la suerte para ver si, específicamente, su capacidad con las plantas y el control que tenía sobre los elementos era algo relacionado con sus emociones o simplemente era lo primero que daba aparición ante su nerviosismo.
Así que, lo que debía hacer en esos momentos, era recordar al chico y ponerse nervioso.
Ponerse nervioso.
Recordó en ese momento que tenía en su celular el vídeo que Daehyun había grabado el día en el que se pusieron bastante borrachos, aquel día en donde el tatuado se había acomodado sobre su hombro. En aquel momento se había sentido bastante nervioso, porque había presentado un acercamiento bastante íntimo, sin descartar que su nariz y su respiración estaban en contacto con su cuello.
Zona que, él consideraba, una muy sensible.
Por lo que claramente todo eso lo hizo una bola de nervios, una que esperaba nadie haya notado. Al menos no nadie consiente, siendo el rubio quien hubiera tenido la oportunidad de notarlo. Sin embargo, en ese momento agradecía que el menor hubiera grabado eso y que lo hubiera mandado al grupo de chat en donde estaban todos juntos, porque eso le serviría para poder ponerse nervioso en ese momento.
También tendría que estar al pendiente de lo que pasara a su alrededor, porque probablemente alguna capacidad que se diera a demostrar no estaría específicamente a su lado, por lo que también tendría que estar pendiente de todo el departamento.
Buscó el vídeo en su celular y colocó el aparato sobre la cama, antes de darle al botón para que comenzara a reproducirse.
Una risita nerviosa abandonó sus labios cuando vio las imágenes, primeramente salen ambos chicos acomodados sobre sus hombros, hablando tonterías mientras se acomodaba. Eso hizo que soltara otra risita, esta vez una graciosa, ya que el menor se veía muy chistoso cuando estaba borracho, en especial porque parecía como que si quisiera llorar, pero a la vez quisiera reír, una combinación muy extraña. Pero cuando llegó el momento en el que Minho le pidió que le acariciara la cabeza, mientras le tomaba la mano y la colocaba por él mismo sobre su cabello, fue en donde sus mejillas tomaron un color carmín leve, recordando la suavidad del cabello ajeno y cómo éste se acomodaba sobre su hombro e incluso acariciaba su cuello con la punta de su nariz, sin ser realmente consciente.
―Estoy de acuerdo, quiero que seas mi almohada siempre―dijo Minho en el vídeo, mientras se acomodaba mejor en el hombro del menor, apoyando su cabeza completamente en el cuerpo ajeno, su nariz quedando escondida en el cuello del castaño.
Apretó su mano derecha y se vio a sí mismo, sintiéndose avergonzado por el sonrojo que se notaba en él. Era claro que todos notarían que estaba bastante nervioso en ese momento, porque sus mejillas no lo dejaban ocultarlo y el hecho de que la cámara de Daehyun fuera muy buena, no era de ayuda.
Se mordió el labio inferior, sintiendo su rostro ligeramente caliente.
También recordó otros comentarios que el mayor le había dicho, aquellos que lo habían hecho sentirse intimidado, pero no en una forma agresiva, sino que no sabía cómo responder, más que con una risita nerviosa y un sonrojo involuntario.
―Me alegra mucho saber que me has extrañado, yo también lo he hecho, Seungie―dijo mientras se encogía de hombros, tomando al cachorro para tendérselo al menor, quien lo tomó con las mejillas ligeramente sonrosadas.
El día que la burbuja de jugo explotó, fue uno en el que no se sentía precisamente nervioso, sino que, el sentimiento de calidez que el mayor le hizo sentir, era algo que probablemente hizo que sus alertas bajaran por completo y por eso mismo, su capacidad tuvo la oportunidad de presentarse.
―No tienes nada que agradecer, te repito que, aunque tengamos poco tiempo de conocernos, puedes contar conmigo, aunque sea en estas cosas pequeñas―movió ligeramente la cabeza en dirección a las bolsas, las cuales estaban sobre otra silla que habían arrastrado―Además, eres alguien divertido, así que salir así no es un sacrificio para mí, ni para nadie del grupo.
Suspiró con ternura al recordar las palabras del mayor, sintiendo nuevamente aquella calidez en su pecho, haciendo que se colocara la mano sobre él de forma instintiva.
―Es dulce―susurró para después despegar la vista de su celular, viendo a su alrededor, intentando encontrar algo fuera de lo normal.
Sus mantas, sin flores.
Sus cortinas, en sus lugares.
Sus libros y muebles, normales.
No veía agua en ningún lado
Parecía que todo estaba normal.
Sin embargo, cuando iba a bajarse de la cama para ir a la cocina y revisar, un ladrido hizo que viera hacia arriba, soltando un jadeo alarmado cuando vio al pobre cachorrito en el techo, moviendo sus patitas con algo de desesperación, ya que la sensación de estar elevado no era algo que sintiera todos los días.
― ¡Ay no, espera! ―chilló alarmado, parándose sobre la cama mientras estiraba sus brazos, intentando alcanzar al pequeño canino, quien intentaba movilizarse hasta su dueño, pero no le era permitido―Mierda.
Comenzó a dar saltos sobre la cama, pero no podía alcanzarlo de ninguna manera, ya que el pobre estaba hasta lo más alto del techo. Jadeó frustrado, deteniéndose para pensar en qué podía hacer, ya que no tenía alguna escalera de ese tamaño y tampoco es que pudiera llamar al señor Lee para pedirle que baje a su cachorro que levita en el techo.
Podría hacerlo, pero no quería asustar al amable señor.
―Piensa, piensa…―susurró mientras veía todo a su alrededor―Pensar, debo pensar y ponerme nervioso.
Dentro de su preocupación, pensó que al ponerse nervioso, había logrado que Tan volara hasta el techo, tal vez podía hacer lo mismo, pero con él. Si ambos se quedaban atascados en el techo, estarían perdidos.
Comenzó a recordar en las cosas lindas que Minho le decía, inclusive algunas que sus otros amigos le habían dicho, como el bonito abrazo que se dieron en el departamento del tatuado. Pensó en ser él quien volara y no otra cosa y cerró fuertemente los ojos, intentando mantenerse concentrado totalmente.
Jadeó del susto cuando sintió que sus pies comenzaban a elevarse, pero no podía subir mucho más y a penas iba por la mitad del camino.
Recordó el torso tatuado de Minho en la piscina, lo bien que se veía nadando de un extremo a otro y lo guapo que se veía cuando le sonreía al haber ganado la carrera.
Cuando menos lo esperó, su cabeza chocó dolorosamente contra el techo, por lo que abrió los ojos de golpe.
―Oh, ven Tanie―extendió sus brazos, logrando tomar a su mascota, quien se aferró a él, agitándose por el nerviosismo―Ahora debemos bajar.
No sabía cómo bajar de forma suave, pero tampoco sabía cómo bajar de manera brusca, por lo que tendría que correr a la suerte de lo que fuera.
―Si pensar cosas buenas me hace volar, pensar cosas malas me van a regresar―pensó con duda, aunque no sabía si eso tenía que ser así, pero iba a intentarlo por la desesperación.
Pensó en el rechazo, en el abandono. Inclusive pensó en sus amigos descubriendo sus capacidades y comentándolo a muchas personas, para después ser viral en las r************* y que personas quisieran experimentar con él.
Eso lo hizo caer de culo a la cama.
Se sintió mal por haber pensado aquello de los chicos que lo habían acogido tan hermosamente, pero, de cierta forma, fue necesario en ese momento.
―Lo siento mucho, Tanie. Lo bueno es que no te lastimaste―repartió besos en la cabecita del canino, quien le devolvía los mimos.
Ahora tenía que aprender mejor a prevenir aquellas capacidades que se presentaban y evitar que alguien saliera herido.