30 de octubre. SLOANE. Sonrío. No sé cuánto tiempo llevo sonriendo, incluso me parece raro porque no soy una persona que le gusta expresar su estado de ánimo, pero es imposible no sonreír con las tonterías que dice este chico. — ¿Podrías callarte? —cuestiono fingiendo rudeza, enarca una ceja. —Me estás irritando. Y no asistiré a ninguna fiesta —abrió la boca, me apresure a decir. —. Ni te atrevas a preguntar el motivo. —No entiendo cómo me he acostumbrado a tu forma de hablarme. —se queja, veo duda en su mirada, niego con la cabeza. —Tampoco es que te haya dicho que me hables. —farfulle, frunce su ceño. —Somos amigos. Resoplo. —Sí, pero eso no significa que sea amable contigo porque aunque te cueste creer soy así con todo el mundo, sabías cómo era, no te quejes. —Es que no en

