"Rocco y Antonella se encuentran"

2309 Palabras
Pasan muchos años del intercambio de bebés, aunque Michelina nunca ha olvidado a la hija fallecida. Por fin ha llegado el viernes y Rocco, director general de las empresas Beneventi, sale con una de las muchas mujeres que viven detrás de él. Esta vez, Rocco tuvo que pasar la noche con la niña en un hotel, ya que su madre llevaba una semana en su casa esperando que terminaran de pintar su apartamento. Chiara pronto se mudará al ático junto a su amado hijo, para poder controlarlo con las innumerables mujeres con las que sale. Después de una noche de sexo violento, Rocco se despierta, ve a Feride acostada a su lado y, mirándola de cerca, se da cuenta del error que ha cometido. - ¿Es eso mismo? ¿Está babeando? Con una enorme resaca, Rocco se levanta yendo a la heladera, de donde toma una botella de agua y al regresar la escucha roncar. - Esto es más de lo que puedo manejar. Rocco recoge su ropa desparramada por la habitación, la vuelve a mirar y piensa: - Anoche, ella era más linda. Rocco hace una mueca. - ¿Sabes de una cosa? Saldré antes de que se despierte. Después de darse una ducha rápida, Rocco sale lentamente de la habitación y en la recepción deja todo pagado para la mujer que le presentaron en el club. Suena el teléfono de Rocco. - Hola Rocco. ¿Donde estas? - Dentro del coche, colocándose el cinturón de seguridad. - Todos te estamos esperando. Por teléfono, Rocco habla con su amigo Stefano, uno de los directores de su empresa. - Voy en camino, Stefano. Voy a llegar un poco tarde porque me voy a casa a cambiarme. - Te dije que no te quedaras en el club. - Bueno, no era mi intención demorarme. Esta vez culpe a su esposa, quien me presentó a su antiguo compañero de cuarto de la universidad. - Ella acaba de presentarte, pero se suponía que no debías llevar a la mujer a la cama en la misma noche. Porque eso es lo que deberías haber hecho. ¿No fue? - Claro que lo era, me estaba dando suave Stefano y me conoces. - Lo sé y lo sé bien. El director general de la empresa, que solo ve a la mujer como un objeto s****l de placer. Rocco sonríe. Porque eso era exactamente lo que representaba la mujer en su vida, un objeto s****l, que él usaba y luego desechaba. - ¿Te gustó este? - A decir verdad, hasta en la cama hace las cosas bien, pero hoy al despertarme tenía un remordimiento muy grande de haberme quedado con ella. - ¿Grave? ¿Por qué? ¿Ella se creía fea? - No. Ese no es el problema. Hasta que ella es linda. - ¿Cuál era el problema entonces Rocco? Nunca estás satisfecho con la mujer. Ninguno es suficiente para ti. - El problema es que ella babea y ronca Stefano se echa a reír y Angelo llega para la reunión. - ¿Estás hablando con Rocco? Stefano le dice que sí y le pide que espere. - No tardaré Stefano. Dirigirás la reunión allí. Rocco se distrae en el auto quitándose los audífonos de la oreja, al mismo tiempo apaga su celular y termina sin ver el semáforo ponerse amarillo, viéndose obligado a frenar encima de un hombre que ya cruzaba. El señor que cae en el paso de peatones es el tío Baris, conocido por todos por cuidar a los perros y gatos abandonados del barrio. Tan pronto como ve cruzar al anciano, Rocco frena bruscamente y sale del coche furioso. - ¿Estás ciego por casualidad? ¿No viste que el semáforo aún no estaba en rojo, así que podías cruzar? - No le hables así. Tuviste la culpa de no frenar cuando viste el semáforo en amarillo. - ¿Quién eres tú? - Soy amigo del tío Baris. - Nadie te llamó en la conversación. - Pero ya entré y ¿qué vas a hacer? ¿Estás bien, tío Baris? Antonella se agacha para ayudar al anciano a levantarse y pronto otras personas se acercan para ayudar al pobre anciano. - ¿Estás bien, tío Baris? Comienza una pequeña aglomeración. - Ves que atropellaron al tío Baris. - Usted puede parar. No golpeé a nadie, porque frené a tiempo. - ¿Es eso cierto tío Baris? - Sí. El chico no tiene la culpa de nada. - Ahora ayúdalo a salir del camino, llego tarde. Antonella se encuentra cara a cara con Rocco por primera vez. - No permitiré que te vayas de aquí sin brindar los primeros auxilios al tío Baris. Rocco mira a los ojos a esa bella y atrevida mujer y como nunca ha sido desafiado, decide conocerla un poco más, para ver a dónde irá. - Está bien, mételo en mi auto, lo llevaré al hospital. - Ven tío Baris te acompaño al hospital. ¿Está bien? - No necesitas a mi dulce Antonella. Yo estoy bien. - ¿Dulce? ¿Estás seguro de que te llamó dulce? Rocco piensa y sonríe por los dulces, esa mujer no tenía absolutamente nada, así pensaba. Algo extraño sucedió en cuanto Rocco vio a Antonella cuidando al anciano, a quien todos llamaban tío Baris, pero aún no lograba explicar qué era. Rocco no podía negar que, además de hermosa, Antonella era extremadamente caliente, tenía un cuerpo escultural que le hacía la boca agua, lo que lo hacía desear de nuevo. - Tranquilo Rocco, ya te saciaste toda la noche. - ¿Qué dijiste? Antes de subirse a su auto, Antonella quiso saber. - Nada, solo pensé un poco en voz alta. Al llegar al hospital, Rocco ayuda a Antonella a sacar al tío Baris del auto, pero lo que él no sabía es que su vida se entrelazaría con la de ella, en el momento en que olió el aroma de su cabello y el perfume que emanaba de ella. cuerpo. . El perfume era algo que Rocco conocía muy bien y el olor de un maravilloso perfume que emanaba del cuerpo de Antonella, había agudizado todos sus sentidos animales y como buen depredador deseaba esa presa. - ¿Qué le pasó a este señor? Antonella mira a Rocco que la observaba paralizado, luego decide decirle al médico lo que le había pedido. - Fue casi un atropello y fuga. El tío Baris se cayó y por su edad lo trajimos para que le hicieran una radiografía y lo examinaran. - ¿Quieres denunciar a la persona que hizo esto? El tío Baris mira a Antonella, sacudiendo la cabeza. - No, no quiero denunciar a nadie. El chico no tenía la culpa. Fui yo quien cruzó el semáforo, que aún no estaba en rojo. - Pero tío Baris, el semáforo era amarillo. Se suponía que el conductor debía detenerse. - No mi querida Antonella, no viste bien. El semáforo se iba a poner amarillo y crucé antes de tiempo. El niño no tenía la culpa como ya he dicho. - OK entonces. Vamos a llevarlo a rayos X y tú espera aquí. Rocco tira de Antonella mirando sus labios. - Creíste que me ibas a joder, ¿verdad, jovencita? - Era lo que te merecías, por no prestar atención a los señores mayores, cuando están cruzando las calles. - Tienes una lengua muy afilada, ¿sabes? - ¿Mismo? No me digas. Antonella se suelta y Rocco sonríe sarcásticamente, porque si Antonella fuera una de sus empleadas y se atreviera a plantarle cara como lo está haciendo, seguramente la despediría. - ¿Antonella no es así? soy Rocco Realmente me gustaría quedarme aquí en el hospital contigo, esperando el resultado del tío Baris, pero no puedo tener una reunión. - No me importa tu reunión. No te irás de aquí hasta que estemos seguros de que todo está bien con el tío Baris. - Eres muy maltratada niña. - Lo que pienses de mí no me importa. Lo que me importa es que el tío Baris se mejore. Suena el teléfono de Rocco, esta vez es Angelo, quien lo pone en altavoz en la sala de estar. - Habla Ángel. - Te estamos esperando. El empresario interesado en nuestro perfume ya ha llegado. - Pídele a Stefano que dirija la reunión. Por cierto, déjame hablar con él. - Estoy escuchando. ¿Quieres hablar conmigo Rocco? - Quitarlo del altavoz. - Ya saqué a Rocco. - Escucha Stefano, estuve involucrado en el accidente y no podré llegar a la reunión. - ¿Qué pasó te lastimaste en el accidente? - ¿Accidente? ¿Qué accidente Stefano? Pregunta Ángelo preocupado. - Luego hablamos Angelo. Stefano sale de la habitación con el teléfono pegado a la oreja, para poder hablar mejor con su amigo. - No, Stefano no me hizo daño. El semáforo se estaba poniendo amarillo y un señor se puso delante de mí. - ¿Lo golpeaste? - No, Stefano. Frené a Sir, se cayó y lo llevé al hospital. - Menos mal. - Hablamos luego y te explico mejor, ¿de acuerdo? Todo lo que pido es que dirija la reunión por mí. - DE ACUERDO. Hare eso. - Listo dulce Antonella, ya puse a otra persona a cargo de mi reunión. - ¿Por qué me llamas dulce, si ni siquiera te conozco? - Porque vi al tío Baris llamarte así. Dulce Antonela. Rocco sonríe y decido jugar con esa chica, a quien aún no conoce, pero que se convertirá en el gran amor de su vida. - ¿Antonela? Antonella se vuelve y mira en dirección a Luca. Luca es moreno, alto, en forma, musculoso, tan guapo como Rocco, quien ha estado enamorado de Antonella desde la infancia. Esta pasión no es correspondida por Antonella, quien ve en Luca solo a un hermano seguido de un buen amigo. - Lucas. Antonella abraza a Luca y Rocco cierra su sonrisa, imaginando que es su novio. Un extraño sentimiento invade a Rocco, quien siente celos de Antonella, sin entender por qué. - ¿Qué pasó con el tío Baris? Antonella mira a Rocco y prefiere no acusarlo más. - El tío Baris cruzó por delante del coche de aquel chico, cuando aún tenía una mano cerrada. Luca y Rocco se miran y asienten. - ¿Está herido el tío Baris? - No sabemos. Está haciendo radiografías. Mira el médico que viene. - El tío Baris está bien, no se rompió nada, te lo puedo asegurar. Antonella abre una hermosa sonrisa, encantador Rocco. - Gracias a Dios, todo está bien. - Pero lo vamos a llevar ahora, para hacerle unas pruebas y te digo que van a tardar. - Pero ¿por qué doctor? ¿No dijiste que estaba bien? - Sí, señorita, pero debido a su edad tenemos que tener un poco más de cuidado. Probablemente el tío Baris ya tendrá que pasar la noche aquí. - Pero esto será muy caro, no tendremos dinero para pagar. En cuanto ve molesta a Antonella, Rocco vuelve a sentirse incómodo. - No te preocupes por el dinero, después de todo yo fui la causa de todo esto. Yo pagaré la cuenta, puedes dejarlo. Iré a la recepción y me ocuparé de ello. Una vez que Rocco se va, Luca se vuelve hacia Antonella. - ¿Este hombre realmente tiene dinero para cubrir los gastos de este hospital, Antonella? - Si tiene dinero, no lo sé Luca, pero su coche es el más moderno que he visto, eso seguro. En recepción Rocco llama a su secretaria. - EM. Silvana, te doy una factura y un contacto del hospital en el que estoy. - Sí, señor. Rocco. - Tan pronto como esa persona que te envié el nombre sea dada de alta, te enviarán la factura del hospital. Quiero que pagues inmediatamente. ¿Entendiste? - Sí señor. - Otra cosa, Sra. Silvana, no hagas comentarios sobre esto en la empresa. - Puedes confiar en el Sr. Rocco. Todos en la empresa respetaban a Rocco y nunca nadie se atrevió a contradecirlo, pero Silvana, al estar enamorada de Angelo, se convirtió en su espía dentro de la empresa, contándole todo lo que aprendió. Así que Rocco tenía un hombre astuto y peligroso trabajando en su Compañía, listo para atacar cuando llegara el momento. - Si Sra. Chiara, con él no fue nada, como te expliqué. - Gracias a Dios no le pasó nada a mi hijo. - Le pasó una vez más la reunión a Stefano para que la hiciera. - Stefano es un director competente y amigo de mi hijo. Está bien que sea él, Angelo. - Si tú lo dices, firmaré abajo. - Mantente al tanto de lo que pasa en la empresa y sigue contándome todo Angelo. No dejaré de recompensarte. - Por supuesto, señora, le paso todo, Sra. Chiara, no porque quiera una recompensa, sino como muestra de mi lealtad a la empresa fundada por el Sr. Mirko. No queriendo que el tema gire hacia su difunto esposo, Chiara vuelve a preguntar por Rocco. - ¿Sabes si Rocco iba acompañado de alguna mujer? - No, señora. Ayer salió acompañado del club, pero la dejó en el hotel del que me enteré. - Rocco es muy inteligente. No trajo a la mujer con la que pasó la noche a ese departamento como siempre lo hace. Rocco conocía muy bien a su madre y no podía esperar a que terminaran de pintar su apartamento para poder mudarse. Mientras tanto, no le lleves tus casos. Chiara era una madre cariñosa y celosa y no permitía que los cazadores de matrimonios se acercaran a su único y hermoso hijo. Después de un largo viaje por Inglaterra, regresó a Italia, donde compró un ático con su hijo, a quien amaba mucho.
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