(Punto de vista de Ashley - Actualidad) El elevador se abrió con un ding elegante, ese sonido que a otros les recordaría lujo, pero que a mí me sonó como un preludio del infierno. Crucé el pasillo alfombrado, el más caro de Manhattan, flanqueado por paredes con arte moderno y lámparas que parecían joyas colgantes. Ese corredor olía a poder enfermizo, a éxito. A todo lo que Edward quería aparentar… y a nada de lo que yo quería sentir. Detrás de mí, escuchaba sus pasos. Quería quitarme las zapatillas que me estaban mutilando los pies, pero sabía que si lo hacía Edward encontraría una manera de castigarme, pues una buena esposa no montaría numeritos en lugares publicos. La suite se abrió con la tarjeta de seguridad y se reveló el espectáculo habitual. El penthouse más lujoso del hotel. M

