Valentina Ruiz – Primera persona Volví a la oficina después de mis terapias, con las piernas aún resentidas, pero con el alma encendida por la sospecha. Desde que Sebastián regresó de sus vacaciones en España, noté su mirada más afilada, su tono más medido, como quien ha olido pólvora en el aire. Me citó en la terraza de mi propio edificio. Ahí supe que algo grave venía. —Valen, tenemos que hablar —dijo sin rodeos, con esa voz grave que parece dictar sentencias. Me ofreció una carpeta. Al abrirla, vi estados financieros adulterados, firmas que no eran mías, movimientos bancarios que nunca autoricé. —¿Esto qué es, Sebastián? —Tu empresa está siendo drenada, y no es una simple fuga. Esto es una estafa interna. Me temblaron las manos. Lo primero que pensé fue en Rodrigo. En su mirada, e

