—¿Saltaste la barda? —preguntó Kenneth, arqueando una ceja. Su voz ronca resonó en el pequeño espacio. Evelyn asintió, su sonrisa ampliándose. —Sí, pero me lastimé el tobillo. Aún así, valió la pena. Descubrí un bazar más grande. Muy transitado, pero enorme. Me gustan las cosas grandes. —exclamó con ligereza. No era su intención tergiversar tales cosas, pero definitivamente, su mente voló con esa afirmación. Kenneth tomó un sorbo de su café, sintiendo el amargor en su lengua. No era su bebida favorita, pero Evelyn había insistido en compartirlo. Dos tazas de café en toda su vida, y ambas preparadas por ella. —¿Alguna vez recuerdas que eras una novicia? —preguntó Kenneth, con una curiosidad genuina. Evelyn rió, una risa que llenó el espacio entre ellos. —Mi madre me recordó eso

