5 de enero, 2028. Keira. Sostengo de la mano a mis dos niños que caminan comiendo su helado. Ambos me dan una enorme sonrisa porque les compré sus helados favoritos. —Gracias mami. —dice Keira, lamiendo su helado. —Gracias. —se limita a decir Damián, con una sonrisa tímida. —No es nada, les prometí comprarles un helado, así que estoy cumpliendo mi promesa, pero guardemos el secreto a papá porque no queremos que nos regañe, ¿verdad? —les pregunté, ambos asintieron. Nos acercamos a la casa y me detengo abruptamente al mirar una silueta que reconozco muy bien. Hundo mi entrecejo y avanzo con incertidumbre, pero no suelto las manos de los pequeños porque en estos momentos tengo que sujetarlos muy fuerte. Paso por su lado, ignorando su presencia y apego mas a mi cuerpo a los dos pequ

