Keira. Por un momento pensé que fue mi imaginación, que el viaje de regreso y todo el proceso que tuve que pasar para estar en este lugar por fin me afectó, pero al ver con más claridad, sin que el sol interfiriera, me di cuenta que no estaba alucinando. Es él. Sus ojos no están enfocados en mí, sino en la pequeña que mueve sus pestañas con ternura y le hace un puchero con sus labios. Ella regresa su mirada a mí y me señala con su mano, y veo el vivo reflejo de su padre; entonces, sucede lo menos inesperado, alguien más ingresa por la puerta, tengo que bajar la mirada para poder verlo. Un pequeño camina, con la cabeza agachada y las manos entrelazadas, sin mirar a nadie. Intento no colapsar por la inesperada y sorpresiva noticia. Giro mi cabeza y miro a Sloane, mis ojos les piden a grit

