Keira. —Es Adria. Mi respiración se entrecorta y una presión aprieta mi pecho, pongo la palma de mi mano en ese lugar acariciándolo, me paralizo por largos y tortuosos segundos. Mis pensamientos son confusos, mi mente está bloqueada y todo es borroso; siento como mi corazón se encoge de dolor retorciéndose por la inesperada noticia. —Keira, ¿estás bien? —puedo escuchar a lo lejos la voz de Sloane. Cierro mis ojos, concentrándome en respirar, pero tengo tantas palabras atascadas en mi garganta, estorbando. Siento como me sacuden todo el cuerpo, emito un sonido de ahogamiento y empiezo a toser para que el aire pueda ingresar a mis pulmones. —Respira, no escuches nada más que mi voz. —me ordena Sloane, preocupada. Inhalo y exhalo. ¡Cielos! No esperé que me afectará. No sé cómo re

