1. El vestido

2702 Palabras
Ánikka: La tarde comenzaba a tornarse fría, suponiendo que mi día de graduación podría ser lluvioso, aunque el tiempo podía cambiar, y eso no podía intervenir en los planes del vestido que quería lucir, junto a Marge, decidimos ir a JenJen House por el vestido que había apartado con la mirada y con las ganas que tenia de usarlo el día de mi graduación, y es que era un día muy importante, lo es… soy uno de los mejores promedios en toda la facultad de ciencias jurídicas, mi esfuerzo a valido la pena, porque con apenas veintitrés años, estoy por convertirme en abogada, y en la mejor. —Estas flipando por la graduación, ¿eh? —Si, sabes que con todo lo que hemos vivido en mi casa, está será la recompensa a todos los males económicos a los que estuvimos expuestas con mi madre, aunque mi padre ya cambio, y cambio en medida, nos ha costado cubrir ese déficit, sabes que si no fuera por la beca que obtuve hace unos años, ni siquiera estuviera hablando contigo. Mi amiga sonríe y me abraza, ella también ha estado en el proceso para convertirme en abogada, ambas celebramos el triunfo, y bueno, las palabras de mi padre se quedaron retumbando en mi cabeza, aunque el único auto que nos quedó después de esos episodios en los que apostaba todo con tal de seguir jugando, estaba aún en perfecto estado, según él, no era digno de andar llevando a una abogada a todos lados. —Lo sé y estoy orgullosa de lo que has hecho este tiempo, bueno, ahora apresuremos el paso, estarán por cerrar la tienda si no nos damos prisa— exclama mi amiga, haciendo a que soltemos risitas cómplices y apresuremos el paso. Con mucho esfuerzo y debatiéndome con mi complexión física, por fin llegamos a la tienda de vestidos, las señoritas que nos atienden se quedan expectantes, juzgándonos de pies a cabeza, y aunque Marge tenga una posición económica bastante alta, solamente por el hecho de ir conmigo, la juzgan sin siquiera dar la oportunidad de que saquemos nuestras billeteras y mostremos que tenemos cantidades ajustables a los precios de los vestidos. —Buena tarde, sabemos que cerraran en unas dos horas, pero queremos ese vestido de allá— señalo con mi delgado dedo índice hacia el aparador de atrás, justamente en el vestido color cobre oscuro, el que será quien me dé el brillo el día de mañana. —¿Está segura de que quiere ese vestido? —inquiere la chica en tono despectivo. Sé que no luzco como una chica que puede pagarse ese vestido, y eso me está irritando. —¡Sí, ese es el que mi amiga quiere! ¿acaso esta sorda? —acota Marge, con la sangre ya elevada a la cabeza. La mujer nos ve a ambas, en cuanto sorprendentemente entra un hombre de tez canela, cabello claro y rizado, con tatuajes en el cuello, manos y dejando al descubierto su pecho, robándose los suspiros de Marge y de la dependienta de la tienda. —Ahora le traigo el vestido, señorita — me dice la mujer, sin querer quitarle la vista al hombre imponente que se adentró en la tienda. Yo no puedo concentrarme, me da miedo a que sea uno de esos chiflados que entra a morbosear a las mujeres. Tomo mi bolso y le indico a la otra mujer que estaré en uno de los probadores, cerca de donde esta Marge probándose el primer vestido. La mujer tarda, y trato de concentrar la vista en una de las revistas que está en la mesa ratona cerca del probador, cuando me doy cuenta de que el hombre se acerca a la dependienta que trae mi vestido, cuchichean y el hombre se da la vuelta, dirigiéndose al mostrador en donde se encuentra la cajera, y por fin la chica que viene con el vestido me lo pone en los brazos, haciendo a que mis ojos se posen en la fina tela del vestido. Marge sale del probador, en un vestido rosa empolvado, luciendo preciosa y sonríe, mientras que mis manos siguen sosteniendo el vestido. —Yo me llevare este, en tus ojos se ve que es el indicado, ahora vamos a probarte ese vestido, entra ya— dice, tomándome del brazo y sonriendo como tarada. Me quito la ropa que traigo, quedando solo en ropa interior, veo que es la adecuada para probarme el hermoso vestido, meto mis manos en las mangas y lo subo con cuidado, la tela es fresca y liviana, haciendo a que me imagine bailando en el salón de la facultad, en donde una pequeña recepción se llevara a cabo. Marge se cuela en el vestidor, ayudándome a cerrar el zipper de atrás, pide un par de sandalias de mi talla en color dorado suave, poniéndomelas y saliendo hacia el gran espejo que tienen y sorprendiéndome, me queda hermoso y mis lagrimas comienzan a rodar, esto es lo que había soñado por meses en cuanto vi el vestido en el maniquí, no pensé que fuese a quedarme tan bien. En cuanto salgo de mi momento emocional, la dependienta me hace varios cumplidos, su actitud cambio demasiado al ver a ese hombre, y me pregunto en donde esta, ya no le veo, pero me saco eso de la mente, lo que importa es que tengo mi vestido y estoy por confirmar el precio. —¿El precio sigue siendo el mismo? —inquiero, ya que solo tengo mil trescientos dólares para vestido y zapatos. —Ya está pagado señorita, no sé preocupe por nada. —¡¿Qué dice?! —pregunto sorprendida. —Sí, el vestido suyo y el de su amiga ya están pagados, junto con las sandalias que cada una se llevarán. —Esto debe de ser una equivocación, no hemos pagado nada. —Su amigo, el apuesto hombre que entró, dijo que las conocía y que este era un regalo muy especial para Ánikka Benson, supongo que es usted, ya que él insistió en que este vestido sería el que cobráramos primero, nos dejó una excelente propina— acota. Nos vemos las caras con Marge, esto es irreal, no está pasando, además, no podemos aceptar esto de parte de un loco que solamente nos vio por primera vez. —Muy bien, entonces empáquelos bien, nos los llevaremos. —¡No! Señorita, ¿me permite un momento a solas con mi amiga? —ella asiente, haciendo que me mueva lento con el vestido puesto, siento que no puedo respirar. Mi amiga esta emocionada, no me puedo permitir que se ilusione con algo así, no es bueno. —¿Qué pasa, Ani? —Pasa de todo, Marge. No podemos aceptar esto… solo imagínate que el tipo nos esté esperando afuera para cobrarse en especie, no lo conocemos, no lo habíamos visto jamás en la vida. ¿no te da miedo? —No, no me da miedo. Pueda que tengas razón, no le conocemos, pero pueda ser un admirador secreto… o en este caso, tal vez haya sido Daniel, ha estado enamorado de ti siempre. —Sea como sea, no pienso llevarme ese vestido a casa— le digo. Las dependientas carraspean al unísono, sacándonos de nuestra madura conversación. —Tenemos órdenes estrictas de que se lleven todo lo que pidan y necesiten, si no lo hacen, nos van a despedir. Necesitamos el trabajo— dice una de las mujeres, y ante esas palabras no puedo refutar. —¿ves? No tenemos elección… —Cállate, Marge. Niego con la cabeza, y bueno, los vestidos son empacados para llevarlos a casa, Marge pide un Uber para mi casa, agradecemos a las mujeres y nos subimos al auto, el chofer sonríe, atiende a las peticiones de mi amiga y nos lleva a casa, no digo ninguna palabra, tengo miedo, y no pienso usar el vestido, no era como yo me imaginaba mi graduación, no con algo que un loco que puede andar suelto por ahí me haya “regalado gracias a su bondad”, nadie anda regalando mil quinientos dólares solo porque sí. —Ya quita esa cara, tus padres estarán asustados si les cuentas, es mejor no decir nada, ya mañana será un buen día. Asentí a lo que Marge dice, la verdad lo que menos quiero es que mis padres se alteren, menos mi padre que ha pasado por mucho desde la vez que casi lo matan a golpes, nunca olvidare esa noche, casi le sacan el ojo, es un milagro que este vivo y, aunque solamente así aprendió a ya no seguir en esa vida perdida, fue algo muy fuerte para todos, hubo un tiempo en el que no dormía, vigilando la casa según el para que nadie entrara y nos hiciera daño… pobre papá. Por fin llegamos a la casa, bajamos las cosas del auto y entramos a casa, mis padres no están y aunque se me hace extraño, trato de no entrar en psicosis, Marge deja las bolsas en la sala, voy directo a la cocina y me asombro, mis padres están en el lado de la piscina, hablando con el mismo hombre que estaba en la tienda y pago los vestidos, entonces sí, caigo en cuenta de lo que Marge me dijo, mi padre está detrás de esto y no puedo fallarle o hacerle el desaire de no ponérmelo en el día especial. Salude a mis padres quienes me voltearon a ver, la única barrera que había entre nosotros era el vitral de las puertas corredizas que nos dividían de la cocina y la piscina, el hombre de la tienda me saludo amistoso, le devolví una sonrisa y dije “gracias” con una mueca de amabilidad, a la cual, el tipo sonrió y volvió a ver a mis padres, quienes se veían sonrientes, salí con dos vasos de soda, contándole a Marge y subimos con las bolsas a la habitación. —¿Ves? Te lo dije, tu padre es una caja de sorpresas, en fin, yo te dejo, mis padres me están buscando como locos, necesitan saber los detalles de la hora para mañana, ponte hermosa, quiero verte triunfar en medio de tanto estúpido que se burló de ti en ese tiempo turbio, ¿estarás bien sin mi ayuda en el cabello? —Si, estaremos bien, eso creo. Salúdame a tus padres, hablamos luego. Nos despedimos con Marge, dejándome en mi habitación, me acerque al balcón y vi que mi padre estaba fumándose un cigarrillo, mi madre no estaba ahí y menos el hombre de la sorpresa, me recosté un poco, hasta que mi madre me envió un texto para bajar a cenar, baje y la mesa estaba servida, pero papá no estaba. —¿y mi padre? — indague. —No está, decidió salir un momento… ¿puedo preguntarte algo? —Claro mamá, ¿Qué pasa? Ella suspiro y tomo mis manos, sonriendo como solía hacerlo antes de que todo se fuera a la mierda en aquel tiempo de crisis. —¿Me apoyarías con el divorcio? Ella estaba serena, tranquila y mi cabeza no lo quería asimilar, eran mis padres, no eran una pareja indiferente ante mí, y las preguntas comenzaron a martillarme la cabeza. —¿Por qué te quieres separar de papá? ¿acaso el no ha cambiado por amor a nosotras? —Claro, Ánikka… es solo que cuando el amor se acaba, es mejor dejar todo en paz. —No lo hare, mamá… mi padre te ama, ¿tienes a alguien más? —No, no tengo a nadie… es solo que hoy pasaron cosas extrañas y tengo miedo, podemos irnos tú y yo a otro lugar, nadie nos hará daño ahí. —¿Cómo que cosas extrañas, mama? —Creo que tu papá esta con gente de la… —mi madre se vio interrumpida por el rugido del auto, era mi padre quien había llegado de no sé dónde, y yo no podía quedarme con la cabeza hecha un lio, así que encare a mi madre antes de que papá entrara. —Má, dime que es lo que está pasando. —Ahora no Ánikka, vete a tu cuarto, llévate la comida y no salgas de ahí, mañana hablaremos más tranquilas. —Mañana es un día importante, mamá… ¿estarás con papá? Ella se quedó pensando, pero de inmediato papá entro y ella soltó un “Sí”, rimbombante a modo de que él escuchara y nos viera fijamente. —¿Verdad que estaremos mañana en el acto de graduación, Erick? Mi padre camino hacia nosotras, tambaleante, se recostó sobre el marco del comedor, y empezó a llorar. No sé qué era lo que realmente estaba pasando en mi casa, era una extraña viviendo con desconocidos en la misma casa. —Perdóname, Ánikka, te prometo que estaré ahí mañana, junto a tu madre, viendo como nos enorgulleces… ve a dormir, prometo estar al cien por ciento para ti mañana. Anda, descansa— tomé mi cena y mi refresco, no entendí lo que quiso decir, pero ya que importaba. Pueda que se haya arrepentido del regalo que me dio, o del hecho de no habérmelo dado personalmente, me encerré con llave y termine de comer, mañana sería un día cargado de muchas emociones, y no podía ir con ojeras. (***) Los rayos del sol se filtraron en mi ventana, la alarma estaba a punto de sonar, pero de inmediato me levanté y la apagué, me senté en mi cama y comencé a tararear la canción “We are the champions”, nadie ni nada me quitaría la sonrisa del rostro, era un logro, tesis aprobada por unanimidad, pasantías aprobadas y el mejor promedio, no lo creía, pero si, esta era una nueva oportunidad de vida para mí, me iba a permitir alejarme del drama familiar y seguir mi camino. El vestido me queda mejor que ayer, mangas perfectas, escote perfecto, las zapatillas son el éxito y así que me alise el cabello, me maquille como toda una profesional y salí de mi habitación, dispuesta conquistar el mundo y agradecerle a mi padre por el hermoso gesto, pero en cuanto baje y grite llamando a mis padres, ninguno respondió, camine hacia el garaje en donde estaba el auto, y una nota de mi madre diciéndome que se habían ido antes para tomar los mejores asientos hizo a que mi cara se iluminara con mi sonrisa, dejando al descubierto mi felicidad, pero ¿en qué se habrán ido, si el auto está aquí? Bueno, abro el portón eléctrico, sacando el auto y yéndome directo a la facultad, traté de comunicarme con Marge, pero no obtuve respuesta tampoco. Los minutos pasaron y sentía como si alguien me observara, vi un auto familiar por el retrovisor, siento que lo conozco, pero jamás lo he visto ¿o sí? Se me adelanta sin esperar que el semáforo cambie sus luces, es un grosero aparte de haberse ganado una multa de tránsito por violar la ley. En fin, sigo con un mal presagio, o serán los nervios de un día tan importante. —¡Al fin llegas! —espeta Marge, con un hermoso peinado de cabello recogido, su hermoso vestido realza su belleza. —Sí, aquí estoy. ¿Has visto a mis padres? —Si, están allá, en primera fila, ese vestido te queda precioso, más que ayer. Vamos a prepararnos, el acto está a punto de empezar y todos se mueren por verte. Sonrío y con un poco de tranquilidad, me voy con mi amiga, todos murmullan al verme, incluso Eliza, la chica que por más que su padre sea juez nunca aprendió nada. —¿Qué banco tuviste que asaltar para cargar el vestido que llevas puesto? —No tengo necesidad de eso, Eliza. Es como si preguntara… ¿Cuántos casos ilícitos y desvíos de fondos ha tenido que hacer tu padre para tener la casa y las comodidades que tienen? Es mejor que no me busques la lengua, Eliza. Ella estaba que echaba rayos, pero nadie me vendría a humillar, menos, a hacerme sentir mal. En este momento me siento inalcanzable, como un premio a mí misma, porque soy mía, solo de mí.
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