Ekatenina
Aush… Golpe bajo Ekatenina.
El infeliz se está burlando de mí, sí, él mismo al que le salvé la vida, “de milagro”, pero lo salvé. El maldito me acaba de dar un golpe bajo, pero no se lo permitiré, ya que es mi vida privada.
Yo no me meto en su vida y menos le criticó por ese sinnúmero de tatuajes, ¡aunque se ve sexi!, pero es que mi vida, es mi vida. Aaaahhh… Hmmm… Esos tatuajes me vuelven loca, ¡a cualquiera! Sino tuviese esa herida él ya fuese uno de mis fantasías. Me encantaría besar cada uno de sus tatuajes mientras me dice el significado de cada uno de ellos.
Nooo… Sacudo mi cabeza, y alejo todo pensamiento que intente desviar el camino que debo seguir, y es alejar a este hombre tatuado de mi vida y la de mi abue.
Tranquila… En unos minutos él se irá con la cara larga. No he dormido pensando que en cualquier momento moriré, ya que de ellos no me puedo confiar, será que me tengo que arrodillar para que el desgraciado me pueda perdonar la vida.
Este hombre me da miedo con solo ver esos ojos de esmeralda, aunque por otro lado me pierdo ante ese cuerpo sexi que tiene. El hombre es atractivo, pero demasiado frío, esa personalidad que tiene hace que los vellos de mi piel se ericen, pero para mal. Ay, no… Solo estupideces estoy diciendo.
El otro hombre que acompaña al herido, no me causa tanto temor, y eso que tiene un arma apuntándome todo el tiempo.
Mi abue dice que acabamos de salvar una vida, y que al ver todos esos tatuajes se da cuenta de quién es el hombre, me dijo una y mil veces que ese hombre no se toca, es mejor ser su aliado que su enemigo.
Mis instintos son ciertos y eso me dice que el hombre es más ni menos que un mafioso.
Mi conciencia me repite una y mil veces que de milagro salvamos a ese hombre, ya que no tengo la experiencia y menos el conocimiento que un médico tiene. Solo espero que el hombre no muera en un par de horas, ya que lo más seguro es que la cara larga venga a matarnos. Por eso le estoy insistiendo que debe irse y que un médico lo tiene que ver con mucha urgencia.
—Es mi habitación, pero no es lo que tú piensas, no es que esté urgida, ya que tengo novio —miento, me muerdo el labio inferior, ya que soy mala para las mentiras.
Es porque mi nerviosismo es demasiado notorio, ya que los hoyuelos que se hacen en mis mejillas se hacen cada vez más grandes, demasiado llamativos.
Es obvio que no quiero que se entere de que no tengo novio y que soy una solterona urgida, agregando que soy una virgen en apuros. ¡No se debe dar cuenta!
—¿Novio? Ja, ja, ja… No me hagas reír —después de examinar mi rostro se suelta a reír a carcajada tras quejarse del dolor que le provoca su risa a su herida—, pretendes que te crea o quieres evitar lo que es obvio.
¡Maldito!
—No es por presumir, pero mi novio es el vecino —recalco la última palabra—, dicen que los vecinos son más sabrosos y siempre mi vecino fue mi fantasía de la cual ya se me hizo realidad—mis palabras salen con un toque de diversión.
Ya deseaba que mi vecino fuese mi novio y el que me quitara todas las ganas que le tengo, ¡ni modo! Estoy mintiendo porque es por mi seguridad y porque no quiero que él se siga burlando de mí. Además, ya no lo veré más.
—Se nota que eres una mentirosa, pero es tu vida —aparta su mirada y su rostro se endurece, lo divertido que tenía en su rostro se esfuma en tan solo segundos.
Cuando pensaba contestarle es ahí cuando aparece el maldito del cara larga, como me cae mal ese hombre, no lo soporto. Me quedo quieta al sentirlo cerca y escuchar las palabras, “nos vamos jefe”.
Yujuuuu… Sí, ya se van, esto es una petición de la que se ha cumplido.
—Me retiro, espero que les vaya bien —puro sarcasmo, después de ver que ese delincuente entra con una bolsa negra me supuse al instante que es ropa, ya que el hombre está semidesnudo, el pantalón lo lleva puesto, ya que mi abue dijo que no era necesario quitárselo, pero mi lado de curiosidad me decía que lo quería conocer.
Doy media vuelta y salgo corriendo de mi propia habitación, es por mi vida.
Llegando a la sala le digo a mi abuela que ellos ya se irán, ella asiente y me señala la ventana, ¿qué hay? Corro hacia ella, ya que no me gusta el chisme. Me asomo por la ventana y veo varias camionetas parqueadas al frente de mi casa, no son cualquier vehículo.
Esto llama mucho la atención.
Volteo a ver a mi abue y le digo que eso llama la atención, ya que nadie en nuestra existencia había venido a visitarnos. ¡Santísimo Dios, este es nuestro fin! Los hombres del gran mafioso tienen pinta de delincuentes… Los vecinos dirán que aquí se distribuye la droga de ellos. No es que afirme que venden solo drogas, pero es lo que sus rostros y tatuajes representan.
Siento que estoy al borde del abismo.