Capítulo 6

959 Palabras
—No te preocupes mi niña, verás que todo saldrá bien —las palabras de aliento de abuela no me ayudan mucho que se diga.  —Ay… —doy un pequeño grito al escuchar el timbre resonar—, abue, tengo miedo.  Mi abue me reprende, dado que mis nervios llaman la atención de cualquiera, guardo silencio y espero que mi abue abra la puerta, solo espero que no sean las personas que nos quieren matar, no. El hombre tatuado me ha dado su palabra.  —Buenos días, señora Smirnov —esa voz la reconozco—, ¿puedo hablar con su nieta? Oh, por Dios… ¡Es mi vecino! Nooo… Esto es mala suerte, no puede estar aquí y menos cuando he dicho que él es mi novio. ¡Maldito karma! Que hace Jasón aquí, no puede ser que el universo esté en mi contra. ¡Que te hice señor!, pero que le hice a los Dioses. Señor, sé que me diste la vida y me permitiste vivir en esta bella ciudad de San Petersburgo, ¡te lo agradezco!, pero no permitas que muera el chico de mis fantasías y menos mi abuela, ellos son todo lo que tengo en la vida.  No, sobre mi cadáver.  —Aquí estoy vecino, ¿en qué le puedo ayudar? —mi voz temblorosa traiciona la fachada de frialdad, pero me mantengo firme para que él no sospeche.  —Hola, Ekatenina, necesito hablar contigo, pero parece que tienes visita —ah, el vecino sospecha, ¿qué es lo que haré?  —Sí mi niño, es que tenemos pensado alquilar una habitación y uno de los señores está inspeccionando la casa, ya que es su hija la que vendrá a vivir con nosotras —dice con firmeza, volteo a ver a mi abue, me impresiona lo mentirosa que es—, pero no hay problema que tú hables con mi nieta.  —Oh, sí, es que al parecer la chica vive en Moscú, puedes pensar que ella puede tener dinero, pero es que sabes que yo soy de confianza —siempre alardeo, necesito que me crea, pero es que a veces se me sale el parloteo provocado del nerviosismo.  Puede que la mentira de mi abuela sea efectiva, pero todo se puede esfumar si el mafioso aparece detrás de mí.  —¡Enfermera! —una voz grave resuena por las cuatro paredes.  Madre mía, estoy muerta, ¡estamos muertos! ¡El mafioso está detrás de mí! Mis piernas me traicionan y empiezan a tambalear, este maldito nervio es notorio, parpadeo un par de veces al recordar que tengo a mi vecino frente a mis ojos y que el mafioso que tiene mi vida en sus manos está detrás de mí, y lo más grave es que he dicho que mi vecino es mi novio. No puede ser, esto no me tiene que suceder y menos en este instante… Estoy llena de desgracias. Tengo que ir al mar, quedarme ahí por una eternidad o decirle de una vez que le regalo toda la sal que tengo, que ya no la quiero… Aaaahhh. Respiro profundo tras tomar el valor para el enorme error que voy a cometer, primero que nada, no quiero quedar como mentirosa ante el mafioso, aunque eso implique que el vecino piense que soy una completa loca y que ya no me vuelva a dirigir la palabra. —Hola… —mierda, no me sé el nombre del mafioso—, antes que se vaya le quiero presentar a mi novio—me voy hacia Jasón, tomo de su brazo y solo espero que no contradiga mis palabras—, mi abue se quedará con usted, mientras yo me iré con mi novio—señalo la salida—, es que somos vecinos—esbozo una enorme sonrisa, pero el puto nervio derrumba todo. El sexi tatuado se queda sin palabras, hasta el nivel de ver a Jasón de arriba hacia abajo. Waooo me quedo perpleja al ver al mafioso frente de mí. Ese porte y esa mirada hace que trague grueso, mmm… ese hombre tiene lo suyo.  Soy una maldita pervertida y urgida.  —Mucho gusto, soy Jasón, el novio de mi chaparrita —dice tras pasar su brazo por mi cintura—, si nos disculpa, nos tenemos que ir preciosa—susurra cerca de mi oído. Mierda, toda mi piel se erizó, hasta me mojé mis bragas. Que tierno es el vecino, pero a la vez ofensivo porque me está diciendo chaparrita, odio ese término, detesto que me digan chaparra. No tendrán en la boca otra cosa. Para mi chaparra es una ofensa porque me hace recordar y recordar la estatura que mi papá Dios me ha regalado.  —No, la enfermera se queda conmigo —dice con brusquedad, su furia es notoria—, es que tengo que hablar un par de cosas que solo ella sabe, es mala educación dejarme con su abuelita—trago grueso al ver como la cara larga da un paso al frente.  Mierda, esto es una pesadilla total. El mafioso está furioso, pero no comprendo por qué de su actitud, yo quiero alejar al vecino, pero él lo está impidiendo. ¿Qué le sucede?  La tensión que se siente aquí es inevitable. Tengo que hacer algo para que esto no se convierta en una guerra de la que saldré perdiendo.  —Amor, es cierto, se me había olvidado, es que tengo que hablar un tema con el señor referente a la casa —me separo del vecino para posarme frente a frente—, en un momento llego a tu casa, te lo prometo amor. Soy una total hipócrita, manipuladora y mentirosa, pero todo es por el bien de la seguridad de él.
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