—Nana, siempre he respetado todo lo que dices y he estado de acuerdo en todo, pero en esto no puedo obedecerte porque ella es como esa droga que vendo, pero no consumo —mis palabras salen en un hilo de voz—, no me mires así nana, te estoy siendo sincero, esa mujer me salvó la vida, pero creo que me ha robado algo, aunque no estoy seguro qué, siento la necesidad de que ella esté aquí, quiero que ella esté aquí. —Alexander, me asombra todo lo que me dices, pero ni creas que permitiré que le hagas algo malo a esa jovencita, te amo, pero sabes que pienso de las injusticias —está molesta, me ha sentenciado. —Nana, deja el drama, te prometo que ella solo estará el tiempo que mis heridas sanen. No sé si me estoy mintiendo a mí mismo o solo estoy tratando de tranquilizar a mi nana. —No compren

