—Alex… —digo en un hilo de voz, siento que se me ha ido el aire, ¡solo he corrido un par de metros! —, está fuera de la casa esperándonos a todos, pero no puede ir Isabel—me tiembla el labio—, sabes que ella no puede… —¡Mierda! —Imbécil, te está esperando y también a todos los que están en esta casa. El rizo no se queda ni un segundo conmigo cuando sale corriendo hacia la salida mientras que la vecina se queda con nosotras. Ella se acerca y yo retrocedo acercándome a mi abue. —¡Nina! —me reprende—, acabas de tener un desmayo, como se te ocurre correr y sin nada que cubra tus pies. —Ya, abue… Por favor. —¿Qué es lo que sucede? —y aparece Isabel—, lo siento, no había venido porque estaba esperando que la sopa estuviera. Paso mi mano derecha a mi vientre y la otra la llevo hacia el bra

